Víctor Benigno Apaza conoce bien la diferencia entre trabajar una tierra ajena y hacerlo sobre la propia. Durante unos 15 años fue arrendatario en la gran finca que ocupaba casi toda la extensión de Cachi Adentro, en Salta, hasta que a comienzos de este siglo el establecimiento se dividió y salió a la venta. Recién entonces él pudo comprar un pequeño pedazo de 2,5 hectáreas, y cambiar para siempre su relación con la tierra.
“Cambia. No mucho, pero sí, porque trabaja para usted”, resumió Apaza cuando Bichos de Campo lo visitó en su pequeños reino en medio de los Valles Calchaquíes. La agricultura, aclaró enseguida, siguió siendo igual de incierta: “Va bien, va mal y bueno, seguimos adelante”.
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En esas pocas hectáreas Víctor hizo de todo. Como arrendatario o propietario, hace aproximadamente 30 años comenzó a producir tomate y recuerda haber estado entre quienes introdujeron algunas nuevas formas de trabajar el cultivo en la zona.
Junto con un amigo llamado Sergio, contó, comenzaron a producir plantines de tomate en bandejas, cuando todavía predominaban otros sistemas. La experiencia funcionó y después fue adoptada por otros productores. “Nosotros hemos empezado y después empezó a hacer la gente”, recordó.
Pero aquella horticultura que durante años tuvo mucho movimiento ya no es la misma. Otro de los cultivos importantes de la zona era el pimentón para secado y la elaboración de especias. Según Apaza, la superficie destinada a esa producción cayó fuertemente.
¿Las razones? El pequeño productor mencionó los problemas de precio, la competencia con mercadería proveniente de otros lugares y también las dificultades para conseguir gente que quiera trabajar.
“Ya no es rentable para el productor, de eso no hacen mucho”, explicó. Y comparó el presente con aquellos años en los que incluso producían plantines de pimiento: “Ha caído mucho, mucho. Nada que ver. Antes hacíamos todos los plantines para vender. Ahora no hacemos. No se hace nada”.
Para Apaza, no se trata solamente de la desaparición de un cultivo. El pimentón era parte de una economía que movilizaba al pueblo y daba trabajo alrededor de la actividad.
Frente a ese escenario, la estrategia en sus 2,5 hectáreas es sencilla: diversificar y producir también para el autoconsumo. “Un poquito de todo para sobrevivir”, definió.
Rubén Guitián todavía cultiva en Cachi el pimiento que hizo famoso al pimentón salteño, aunque las cuentas ya no le cierren: “Lo hago por tradición”, aclara
Todavía hace algo de tomate, además de maíz y otros cultivos destinados principalmente a la alimentación de la familia. Lo que queda disponible para comercializar se vende con el riesgo habitual de cualquier pequeño productor: algunas veces permite ganar dinero y otras, no. “Ponemos para vender, para salir, para sobrevivir, porque aquí no hay otro trabajo”, explicó.
La finca, sin embargo, cumple otra función que trasciende cualquier cuenta económica. Es el lugar donde Víctor construyó su vida después de muchos años de trabajar como arrendatario y donde la tierra garantiza al menos una parte de lo necesario para vivir. “La comida nunca falta”, le señaló este medio. Y Apaza asintió.
Sus hijos conocen ese trabajo porque crecieron acompañando a sus padres desde pequeños, aunque después estudiaron y construyeron su vida fuera de la finca. Ahora también hay nietos y Víctor no sabe qué ocurrirá con esas hectáreas cuando él ya no pueda trabajarlas. “Dependerá de los nietos y los hijos”, respondió.
Agro & Campo
Víctor Apaza trabajó 15 años como arrendatario hasta que pudo comprar su pequeña finca en Cachi: Allí hace “un poquito de todo para sobrevivir”
Fuente: Bichos de Campo