La joya arquitectónica que pasa desapercibida en Almagro y cuenta la historia de una comunidad fundante de la Argentina

Un hospital de Buenos Aires recibe ambulancias todos los días. Por sus pasillos se cruzan médicos, pacientes, camillas y familias. En sus salas se discuten casos en ateneos. Todo eso sucede en un edificio construido hace 125 años. Quienes anden sin apuro por la ajetreada calle Gascón, en el barrio de Almagro, si levantan la vista podrán apreciar una peculiar escultura en lo alto, como coronando la fachada de un edificio de principios de siglo. Detrás de esa entrada, actualmente en desuso, se conserva una de las historias más sorprendentes de la arquitectura, el arte y la inmigración en Buenos Aires.Un edificio pensado para sanarEs el edificio histórico del Hospital Italiano de Buenos Aires. Proyectado por Juan Antonio Buschiazzo e inaugurado en 1901, conserva su fachada original, jardines, esculturas y un conjunto arquitectónico que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires catalogó como patrimonio histórico. Desde hace más de un siglo, ese mismo edificio acompaña la evolución de la medicina: sigue recibiendo pacientes todos los días mientras enfrenta el desafío permanente de preservar su valor patrimonial y adaptarse a las necesidades de un hospital del siglo XXI.Ese equilibrio entre preservar y transformar acompaña a la institución desde su origen. A fines del siglo XIX, el proyecto del nuevo hospital italiano se inspiraba en los principios de la arquitectura higienista, un modelo que buscaba mejorar la atención médica a través del propio diseño edilicio.El plano que Buschiazzo firmó en primera personaEl edificio se ordenaba en pabellones separados, cada uno con su propia orientación al sol y su ventilación. Un pasillo central dividía el conjunto en dos alas, una para hombres y otra para mujeres. En cada cabecera, lejos de las salas de internación, quedaban la enfermería y los sanitarios. Entre los pabellones había jardines proyectados para que los pacientes puedan tomar sol.Ese diseño está bien documentado, según cuenta a LA NACION el arquitecto José Luis Cotos, gerente de Planta del Hospital Italiano. “En 1896 Juan Antonio Buschiazzo publicó los planos del Nuevo Hospital Italiano en la revista Anales de la Comunidad Científica, tomo cuarenta y uno, páginas treinta y seis a cuarenta. Todavía no existía la Sociedad Central de Arquitectos, y los arquitectos daban a conocer sus obras en revistas de asociaciones y comunidades científicas”, explica Cotos. El arquitecto Cotos evoca que el proyecto de Buschiazzo incluye los planos y sus memorias redactadas en primera persona. “Allí se vuelcan los conceptos de la Arquitectura Higienista de finales de siglo XIX que se empleaba en diseños de Hospitales Europeos”, destaca. De Barracas a AlmagroCiento cincuenta camas ya no alcanzaban. La colectividad italiana crecía y el viejo hospital de la esquina de Bolívar y Caseros quedaba chico. La nueva sede de Almagro albergó trescientas seis camas, más del doble. Pero la demanda de atención no fue la única razón de la mudanza.En 1886 el intendente Torcuato de Alvear ordenó relocalizar hospitales, cementerios, mataderos y mercados fuera del área conocida como Cuadrado Higiénico, delimitada por las avenidas Caseros, Santa Fe y Entre Ríos y el Río de la Plata. Los brotes de cólera de 1868 y de fiebre amarilla de 1871 habían dejado su marca en esa zona de la ciudad. Buschiazzo, entonces jefe del Departamento de Ingenieros Municipales, llevó adelante las obras de saneamiento y pidió el traslado de la primera sede del hospital por el mismo motivo: evitar los focos de contagio. El terreno elegido también está ligado a la historia nacional: pertenecía a una antigua quinta de Dalmacio Vélez Sarsfield, el jurista que redactó el Código Civil argentino.El dato surge de 150 años de vida. Hospital Italiano de Buenos Aires, un libro institucional conmemorativo publicado en 2003, para el aniversario de la institución. La obra reconstruye la historia del Hospital y de sus edificios, y reproduce documentación histórica, entre ella el plano de la quinta de la familia Vélez Sarsfield que figura en la escritura de venta del predio de 1889.Según esa documentación, el 28 de agosto de 1889 Eduardo Carranza Vélez, en nombre propio y de su hermana María Carranza, vendió el predio principal a José Solari, Antonio Devoto y Juan Mondelli. Los compradores dejaron asentado que lo adquirían para la Sociedad Italiana de Beneficencia, con dinero de la institución y para construir allí el nuevo edificio. Para completar las dimensiones necesarias del terreno también compraron la franja que daba hacia la calle Gascón, a la viuda de Anchorena.Se trasladaron las obras artísticasEn los jardines del hospital, como parte del paisaje cotidiano, pueden verse las estatuas de médicos y científicos que cambiaron con sus enseñanzas la historia de la sanidad en el mundo: Mateo Orfila, padre de la toxicología; Jean Cruveilhier, investigador y patólogo; Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía, y Armand Trousseau, clínico internista.Sobre la calle Gascón, un grupo escultórico y una serie de bajorrelieves cubren el frontis del edificio.Adentro, en el edificio Policlínico, una réplica de “Carità Educatrice”, de Lorenzo Bartolini, que estaba en el patio del viejo hospital de Barracas, fue trasladada y puesta en valor en la sede de Almagro.En 1955 el hospital trasladó su capilla, hasta entonces ubicada al final del pasillo central, a un terreno cruzando la calle Rawson. Serafines, hornacinas y las estaciones del vía crucis decoran hoy la Capilla Virgen Niña, con murales del artista italiano Elio Eros Vitali. El Hospital tiene un vasto acervo cultural entre esculturas, bustos, relieves, placas conmemorativas y obituarios en diversa materialidad y escala, de mármol y de bronce. Muchas de estas piezas de altísima calidad fueron donadas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX por familias de la élite de inmigrantes o compradas para ornamentar los pabellones históricos del complejo sanitario.Entre las destacadas, llama la atención una réplica de “Carita Educatrice “ (la Caridad Educadora) de Lorenzo Bartolini que estaba situada en el patio del viejo Hospital de Barracas y fue trasladada y puesta en valor a la sede de Almagro, edificio Policlìnico del año 1914. Patrimonio históricoA lo largo de sus más de 150 años el edificio tuvo varias obras de remodelación, que Cotos se apura en distinguir: “Diferenciamos las intervenciones significativas de carácter patrimonial con las que han debido llevarse a cabo por temas normativos o de accesibilidad para la innovación y mejoras del funcionamiento sanitario”.En 1998 se restauró y puso en valor la Capilla Virgen Niña, para 2002 se recuperaba el estado del grupo escultórico de la entrada de Gascón y en 2008, tres de los edificios del complejo hospitalario fueron declarados como patrimonio histórico de la ciudad: la fachada de Gascón 450 junto con su pasillo principal, la Capilla y el edificio policlínico. En 2010 el hospital cierra su acceso al publico por el edificio histórico e inaugura el acceso institucional, más amplio y tecnologizado, por Perón 4190.La última remodelación, en 2022, puso en valor el edificio Policlínico de Perón 4216.Todas las renovaciones contaban con el apoyo de la filantropía de familias italianas como Devoto, Raggio, y Cerini. Esta tradición benefactora fue mermando hacia finales del siglo pasado y actualmente solo unas pocas empresas continuaron con la tradición filantrópica. “Todas las tareas de conservación, mantenimiento y obsolescencia se atienden por ejercicio anual, con fondos propios. No hay donaciones u organismos que financien convenios para el Mantenimiento Patrimonial. ”, explica Cotos.Otro apellido ligado al hospital es el de la familia Macri. Antonio “Tonino” Macri -hermano menor de Franco y padre del actual jefe de gobierno de la Ciudad, Jorge Macri- fue un prestigioso médico y se desempeñó como director y vicepresidente primero del Hospital Italiano durante veinticinco años.La tensión entre conservar y modernizarUn mismo apellido atraviesa casi seis décadas de la historia del hospital. Buschiazzo se formó en el estudio de Nicolás Canale y su hijo José Canale, que construyeron la primera sede de Barracas sobre un proyecto de Pietro Fossati de 1854. En 1894 proyectó el Nuevo Hospital Italiano de Almagro y dirigió las obras hasta 1901. En 1910, como miembro de la Comisión Técnica del hospital, participó del estudio para el edificio Ambulatorio, proyectado por Luis Broggi y terminado en 1914.Los pabellones angostos de aquella época conviven hoy con un hospital en expansión. Adaptar los medios de escape y la red contra incendios en esas construcciones requirió, según Cotos, “un estudio minucioso para implementarlo”. Los edificios antiguos no siempre responden a las dimensiones de la tecnología médica actual ni a los radios de giro necesarios para los traslados. Esa limitación obliga al hospital a decidir, caso por caso, entre demoler y conservar.Cotos resume la relación entre la institución y su arquitectura de esta manera: “la importancia de una institución que busca la excelencia desde sus estatutos a través de la formación de profesionales, incorporación de tecnología de avanzada y adaptando sus edificios en cada década para lograr altos estándares de atención médica”.Cómo conocer la CapillaLa Capilla Santísima Virgen Niña, ubicada dentro de la sede de Almagro del Hospital Italiano está destinada principalmente al acompañamiento y asistencia espiritual de pacientes y sus familiares. Pero también está abierta a visitantes de 8 a 20 horas y se celebra misa a las 11 todos los días, excepto los viernes.Está ubicada en el centro de la manzana y para llegar hay que descender por ascensor o escaleras al nivel “-1”, donde un ancho pasillo transversal conecta con otro transversal –que une las salidas hacia Perón y Potosí; allí se ve un cartel que indica el rumbo hacia la Capilla cercana.Es accesible para toda persona sin excepción de movilidad, para aquellos pacientes del hospital que tuvieran aval médico

Fuente: La Nación