La yaguareté que terminó en un árbol rodeado de pecaríes: la historia detrás de su regreso a Iberá

Parecería que el lunes pasado la realidad superó a la ficción en Rincón del Socorro, dentro de los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes. Un video viralizado mostró una situación impensada y caricaturesca. En la copa de un árbol se encontraba un yaguareté gigantesco, aferrado a una rama como si su vida dependiera de ello. En el suelo, acechante, lo esperaba una manada de pecaríes. “Iberá ruge nuevamente”, declararon en la publicación en redes sociales de aquel registro.En realidad, esta escena, por insólita que parezca, se reproduce cada vez más en esa región argentina en la que, de forma vertiginosa, aumenta el nacimiento de yaguaretés. El fenómeno es tan artificial como necesario, ya que la especie es una de las siete catalogadas en peligro crítico de extinción en el país y, por eso, varias iniciativas unieron esfuerzos para recuperar la población.La yaguareté del video se llama Jasy’i. Es una hembra que nació en semicautiverio y es completamente salvaje. Nació en la zona de reintroducción, que es la Isla de San Alonso. La trasladaron a Rincón del Socorro porque este año se buscaba propiciar la reproducción con un macho y, de acuerdo con los biólogos que trabajan en el área protegida, podría estar embarazada.La yaguareté que terminó en un árbol rodeado de pecaríesDe acuerdo con Emiliano Donadío, director científico de Fundación Rewilding Argentina, los pecaríes en manada pueden ser una amenaza. “Son muy bravos. Tienen unos colmillos terribles. Los yaguaretés cazan pecaríes, pero por sorpresa. La unión hace la fuerza y en grupo son de temer”, describió el experto.El trabajo de Rewilding, que se da tanto en Iberá como en otras partes del país, implica donar tierras para la creación de reservas naturales e impulsar la reintroducción de las especies extintas o amenazadas que son endémicas de cada zona.El yaguareté es el último eslabón de un arduo programa de restauración no solo en la región de Corrientes, sino también del monte chaqueño y, recientemente, de las yungas salteñas. Su supervivencia es señal de que el ecosistema está sano en todos sus eslabones, desde los pecaríes que caza el felino hasta los frutos de los que se alimentan sus presas. También es una condición para lograr esa biodiversidad y, en Iberá, son cada vez más los casos que muestran una incesante presencia de estos felinos majestuosos. Sin embargo, su extensión territorial sigue estando lejos de lo que fue antes de la intervención humana.A pesar del trabajo científico, educativo y de conservación, la población de este felino sigue siendo baja. Hoy en día quedan menos de 300 ejemplares en todo el país y su distribución silvestre se limita a las yungas, el Gran Chaco y la selva misionera. Siglos atrás la especie se extendía hasta las provincias de Río Negro, Neuquén, e incluso Buenos Aires. La ciudad de Tigre, al norte de la provincia, fue nombrada así inspirada en este animal, que merodeaba los humedales bonaerenses hasta hace poco más de 100 años y que todos conocían como “tigre”.Las principales amenazas para el yaguareté son dos: la destrucción del hábitat y la cacería furtiva. De acuerdo con MapBiomas, entre 1985 y 2024 se perdieron 386.456 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a poco menos del 14% del país. Los expertos señalaron que la reducción de estas áreas está fragmentando cada vez más el hábitat de la especie. A medida que disminuye el espacio disponible, aumentan las posibilidades de que estos animales entren en contacto con los seres humanos, y es precisamente en esas situaciones donde se produce la caza furtiva.El miedo suele ocupar un lugar central en las historias vinculadas con la caza de yaguaretés. Según los científicos, estas situaciones alimentan una percepción equivocada: la idea de que el yaguareté representa una amenaza para la sociedad.La caza de yaguaretés está prohibida en todo el país. El artículo 25 de la Ley de Conservación de Fauna establece penas de entre cuatro meses y tres años de prisión por la cacería de animales cuya captura está prohibida, además de la inhabilitación para utilizar armas durante un período de cinco a diez años. La pena varía según se determine si el hecho fue cometido de manera organizada y premeditada. Sin embargo, al menos desde 2005, ninguna de las causas abiertas por este tipo de hechos terminó en una condena.“En Iberá el yaguareté existía y el último se cazó hace 70 u 80 años y desde entonces habían desaparecido, hasta hace diez años”, describió Donadío. “El proyecto de reintroducción empezó en 2021. En los últimos cinco años se registraron 50 ejemplares, varios de ellos se fueron. Hoy se estima que hay como mínimo 25 individuos”, agregó.Efectos en el ecosistemaComo lo explicó el biólogo, el regreso del yaguareté puede tener muchos efectos en el ecosistema. “El primer efecto que estamos detectando es que, en el área donde introdujimos los primeros, hay una disminución en la población de carpinchos, porque es su principal presa”, señaló Donadío.A la vez, la disminución de carpinchos derivó en una liberación de pastizales y hoy hay sectores que se están recuperando en altura y en masa vegetal. “También vemos que, en la zona donde hay más yaguaretés, las aves que nidifican en el pastizal están siendo más efectivas. Sobreviven más pollitos. No tenemos claro por qué, pero suponemos que los yaguaretés también impactan sobre los zorros, que comen esos huevos”, comentó.Pero no son solo los efectos ecológicos los beneficios de la reintroducción del yaguareté a Corrientes. Donadío afirmó que son cada vez más los interesados en hacer turismo en Iberá debido a esta especie bandera. “La gente está contenta de que haya tantos yaguaretés. El correntino está orgulloso de haber traído de vuelta a los yaguaretés”, señaló.De acuerdo con el director científico de Rewilding Argentina, la cacería no desapareció, aunque sí es marginal. El mayor conflicto es con algunos ganaderos; sin embargo, “hay apertura de diálogo. Siempre que ven un yaguareté avisan a las autoridades o a nosotros”, resaltó.

Fuente: La Nación