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A los 83 años, murió el estadounidense John Crowley, “inclasificable” escritor de literatura fantástica
A los 83 años, murió el sábado el escritor estadounidense John Crowley, informaron allegados al celebrado autor de novelas como Pequeño, grande, Bestias y Traduciendo el cielo. Había nacido el 1° de diciembre en Presque Isle. Hijo de un médico y oficial del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos, creció en una familia de mujeres. Estudió en la Universidad de Indiana y, tras graduarse, se mudó a Nueva York para dedicarse al cine y la producción de documentales. Con su pareja, Laurie Block, tuvo dos hijos.“Su era ha terminado hoy –posteó en su cuenta de Facebook la escritora estadounidense Ellen Kushner–. Él nos mostró el camino. Fue un hombre excelente, un colega generoso, abierto y entrañable. Compartimos muchas conversaciones magníficas en la cuarta Convención de Fantasía, allá por los años 80, y más tarde en la Readercon. Yale lo contrató para impartir clases, así que gozó de reconocimiento y honor”.Publicó su primera novela, The Deep, en 1975; en la segunda, Bestias, los animales son modificados genéticamente con propiedades humanas. En 1981, publicó su obra maestra, Pequeño, grande, elogiada por el crítico Harold Bloom (que aseguró haberla leído una docena de veces y la comparó con Alicia en el país de las maravillas) y con la que ganó el Premio Mundial de Fantasía a la Mejor Novela y el Premio Mythopoeic.“Nunca pretendí demostrar o siquiera comunicar algo a manera de afirmación, como si se tratara de conocimiento –dijo en una entrevista a Letras Libres–. Muchos autores de ficción lo hacen, y mis ficciones a veces han confundido a lectores que creen que yo intento demostrar o afirmar las cosas como si se tratara de hechos. Mi propósito es totalmente otro: es suponer que las cosas podrían ser de cierta manera, diferente de como son en realidad, y explorar las consecuencias que de ahí resultan”. En esa entrevista afirmó: “Borges fue un asombro para mí”. En 1987, inició la tetralogía Ægypt [La verdadera historia del mundo] que concluyó en 2007. Por este ciclo de novelas y Pequeño, grande, se le concedió el Premio de Literatura de la Academia Estadounidense de Artes y Letras. Al español se tradujeron también Traduciendo el cielo (cuya lectura recomendó Ursula K. Le Guin), donde narra el romance entre una joven y un poeta ruso exiliado en Estados Unidos, en el trasfondo de la Guerra Fría, y La leyenda de lord Byron, en la que una investigadora feminista halla un manuscrito codificado de una novela de Byron. Escribió relatos cortos (algunos se pueden leer en Antigüedades) y ensayos. Con su novela Ka: Dar Oakley in the Ruin of Ymr, de 2017, volvió a ganar el Premio Mythopoeic. View this post on Instagram “Para Crowley el género fantástico es el camino por el que se hace presente una tradición secreta –sostiene el escritor Pablo De Santis–. Así ocurre en su obra fundamental, la tetralogía La verdadera historia del mundo, que consta de las novelas Aegipto (1987), Amor y sueño (1994), Daemonomania (2000) y Endless Things (2007). En estos libros, esa tradición secreta es la existencia de Aegipto, que no es el país real sino aquel lugar mágico que han forjado los tratados herméticos, las creencias y los adivinos, a lo largo de los siglos. En Pequeño, grande (1981), otra de sus voluminosas obras, esa tradición es el mundo de las hadas, que ha sobrevivido, escondido y sutil, en el presente”.“Crowley no es fácilmente identificable bajo una única etiqueta, que era una de las cosas que más le agradaban a su editor en castellano, Paco Porrúa, el fundador de Minotauro, pero podríamos decir que era un escritor de fantasía, más allá de que sus relatos ocurrieran en mundos del pasado o del futuro distante -puntualiza el escritor Martín Felipe Castagnet-. Ahora pululan opciones que intentan englobar los mil géneros del fantástico, como el dudoso ‘literatura de la imaginación’, aunque viejos términos como fantasía pueden perder su brillo pero no su filo. Crowley nos recuerda que los cuentos de hadas pueden ser complejos y deben ser peligrosos, y que por eso son eternos. Lo leí tarde, que en boca de un escritor quiere decir: me habría orientado mejor haberlo leído antes, pero ahora advierto que su sombra nutre muchos otros autores que admiro, como Susanna Clarke, autora de las dos novelas fantásticas que más me gustaron de los últimos tiempos, y puedo recorrer con la yema de los dedos el sendero de migas que lleva a Pequeño, grande de Crowley, su inmensidad de miras, la riqueza al servicio del lenguaje, los personajes transfigurados por el recorrido tanto como el lector”.El editor Maximiliano Papandrea tiene a Crowley en el panteón de sus escritores más amados. “Lo empecé a leer hace muchos años gracias a las publicaciones de Minotauro que dirigía Paco Porrúa, en las extraordinarias traducciones de Matilde Horne [Matilde Zagalsky] -recuerda-. Crowley era un raro, un escritor difícil de clasificar; demasiado literario para la literatura de género, que se mueve por convenciones, demasiado fantástico para ser tomado en serio por el mainstream estadounidense, que es más bien realista. Quizás por eso siempre lo acompañó un aura de escritor de culto, reverenciado por escritores y lectores del fantástico de todo el mundo. Era un escritor de una imaginación refinada y sorprendente y una prosa ligera, clara y precisa, de enorme expresividad y calidez. Nadie como él podía recrear en la página la sensación de maravilla, esa que abunda en la niñez y que de adultos nos visita muy de vez en cuando. De sus libros, todos recomendables, mis favoritos son Pequeño, grande, una saga familiar de varias generaciones en cuyo centro está el reino de las hadas, y la tetralogía Aegypto, que se mueve entre el Renacimiento y fines del siglo XX para reconstruir una historia alternativa del mundo apoyada en la tradición hermética. La releí hace muy poco y quedé impresionado por su belleza tanto como por su erudición histórica”.
Fuente: La Nación