Economía
Histórico: el pueblo donde todo dejó de florecer por el volcán Hudson hará una inédita exportación de cerezas
EL CALAFATE, Santa Cruz.- Los productores de cerezas de Los Antiguos, en esta provincia, se encaminan a ser protagonistas de un hito histórico en la próxima zafra: exportarán más de 600 toneladas de fruta bajo el sello denominación de origen [DO] “Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia” y se convertirán así en la primera fruta del país en exportar con DO. Esto permitirá seguir posicionando el producto en el exterior por su calidad premium y por ser la cosecha más austral del mundo. Llegar hasta aquí implicó varios años de trabajo que esta temporada finalmente verá su fruto cuando partan desde la localidad ubicada sobre el Lago Buenos Aires, junto al límite fronterizo con Chile, las primeras cajas que llevarán la DO, una carta de presentación de calidad y prestigio mundial. Con un mes de demora: aceleran la cosecha de maíz antes de que vuelvan las lluviasEl año pasado se publicó la resolución de la Secretaría de Agricultura del Ministerio de Economía que reconoció oficialmente la denominación de origen (DO) tras un arduo trabajo de productores tanto de la Cooperativa El Oasis como de la firma Río Alara, que conformaron la Asociación Civil Consejo de la Denominación de Origen Cereza del Valle de Los Antiguos – Patagonia. Pero aún faltaban algunos pasos.“Con los fondos que gestionamos a través de la provincia en el CFI (Consejo Federal de Inversiones) hicimos el manual de gestión de las cerezas de Denominación de Origen. ¿Qué significa el manual de gestión? Determina cómo manejar la fruta desde la cosecha hasta la comercialización, para mantener la trazabilidad y que no se mezcle con fruta que no es de la DO”, explicó a LA NACION el ingeniero Federico Guerendiain, uno de los impulsores del sello y secretario de la Asociación Civil Consejo de la Denominación de Origen. Al financiamiento se llegó a través del Ministerio de la Producción, Comercio e Industria de la provincia, que lo gestionó a través del CFI y permitió desarrollar tanto el Manual de Gestión como acceder al equipamiento de empaque que garantizará la calidad de la fruta bajo la DO.La fruta debe tener cuatro parámetros básicos ya definidos: dulzura, firmeza, color y acidez determinados. Si no cumple con esas condiciones, no entra en el manual. “El manual define cómo se maneja esa fruta hasta que se empaca, para que no se mezcle con otra fruta que no corresponde. Así se asegura la trazabilidad: garantizarle al cliente que la caja que tiene el sello de la Denominación es lo que corresponde, y no otra cosa. Es para cuidar la marca”, especifica Guerendiain.Con el financiamiento obtenido también se compraron dos equipos —de marca Firm Pro con software americano — que miden firmeza, color y calibre. Señaló: “Es un dato objetivo, porque lo mide una máquina, y es lo último que hay en tecnología para este tipo de control para instalar en cada empaque habilitado este año para empacar esa fruta y definir los parámetros de manera objetiva”.En la cosecha de la presente zafra, los productores estarán en condiciones de empacar esta fruta e identificar las cajas que van a llevar un sello, un logo, un código QR, un código de barras y etiquetas numeradas, para mantener control estricto de la trazabilidad. “El mercado al que más le interesan las denominaciones de origen es España, porque tienen la ley y una fuerte tradición de productos agrícolas con denominación de origen. Entonces este año vamos a probar en España, y también vamos a mandar a Medio Oriente. A Estados Unidos también mandamos, pero ahí no es un mercado que valore especialmente la denominación de origen”, detalló el ingeniero agrónomo.Para que la cereza tenga la denominación de origen, el productor tiene que asociarse a la Asociación Civil creada a tal fin. “Es lógico, porque tiene que estar controlado y dejarse controlar. No alcanza con que la fruta sea de Los Antiguos: tiene que cumplir determinada firmeza, determinada dulzura, determinado color y determinada acidez. Aquella fruta cosechada muy verde, o aquella que esté blanda por mal manejo, tampoco entra”, especificó el productor. Cuando se definió cuál era la característica distintiva de la cereza de Los Antiguos, quienes participaron de los diferentes estudios, pruebas y degustaciones coincidieron en que es una cereza crocante y dulce, fundamentalmente. Esa es la característica que la diferencia de las demás cerezas del país, y es la que los productores quieren mantener.Para alcanzar todo el proceso del DO, participaron diez familias productoras, dos plantas de empaque y diez técnicos de distintas entidades, el Consejo Regulador de la DO, el Consejo Asesor, la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (Capci), el INTA, el Ministerio de la Producción, Comercio e Industria de Santa Cruz y el Consejo Agrario Provincial. Se aplicaron listas de chequeo en los establecimientos productivos y en las plantas de empaque, y se realizaron capacitaciones para personal de chacra, empaque y productores, además de una prueba piloto que simuló todo el proceso, desde la chacra hasta los trámites de exportación.A la historia de estos productores de cereza tardía –se la conoce así porque la zafra recién es en enero– es imposible de separarla del estallido del volcán Hudson en agosto de 1991.Muchos de quienes hoy podrán exportar con DO para su producto estaban en la localidad la mañana del 13 de agosto de aquel año, cuando el pueblo no tuvo amanecer. Una tormenta de cenizas lo tapó todo y durante varios días reinó la noche. Familias enteras se fueron; otras resistieron. En 1991 los restos volcánicos del Hudson alcanzaron los 18.000 metros de altura y, por efecto del viento, sepultaron 10 millones de hectáreas patagónicas; cerca de 600.000 ovejas de la región murieron por la falta de pasturas y agua, y un tendal de chacras y estancias quedaron arruinadas. Nada volvió a florecer durante años y pocos apostaban a la recuperación del lugar.Sin embargo, el clima frío, los suelos arenosos, la abundancia de agua y, en especial, el trabajo sin parar de quienes se quedaron o se animaron a apostar por el valle al pie del Lago Buenos Aires, le dieron al lugar un microclima para sembrar cerezas tardías, cultivo que empezó a experimentarse a principios de los años 80. Pero después del Hudson parecía imposible que volviera a florecer. Sin embargo, con cenizas y todo hubo quienes se animaron a migrar a Los Antiguos. Y ahora, a más de tres décadas de esos meses catastróficos, exportan fruta fina, lograron el sello de DO, explotan el turismo rural y se han convertido en un valle fértil en medio de la estepa patagónica.
Fuente: La Nación