Los disparos que se escuchan desde un campo de deportes situado en las inmediaciones del Tiro Federal Argentino, en Núñez, ya no se oyen de la misma manera. Después de que un proyectil hirió a un hombre de 74 años el 25 de julio en la cercana Sede Núñez del Centro Naval, cada detonación en la zona sumó una pregunta: qué riesgo corren quienes practican deportes o realizan actividades cotidianas allí.“Vienen chicos de todas las edades, nosotros escuchamos los tiros. ¿Y si ese tiro iba a la cabeza de un chico? Es un peligro. Creemos que puede pasar lo peor, pero hasta la tragedia no paran”, dijo a LA NACION uno de los trabajadores de seguridad del campo de deportes.El Tiro Federal y el Centro Naval se encuentran en predios vecinos. En ambos sectores circulan deportistas, familias y trabajadores. Las detonaciones forman parte de la rutina de quienes pasan buena parte del día en la zona, aunque el incidente del 25 de julio cambió la percepción sobre ese sonido.
El proyectil hirió a un hombre en la Sede Núñez del Centro Naval. La procedencia señalada por la institución, que apunta a un disparo realizado desde el Tiro Federal, continúa siendo una hipótesis y todavía no fue confirmada mediante una pericia definitiva. Tampoco se identificaron el arma ni al tirador.Durante las horas posteriores, LA NACION accedió a una constancia interna del Centro Naval fechada el 28 de julio. Allí quedó asentado que Ricardo Osvaldo González, intendente de Náutica de la institución, se presentó cerca de las 14 del 25 de julio ante las autoridades de la Seccional N° 13B de la Policía de la Ciudad “a efectos de exponer/denunciar lo sucedido”.Según el documento, González, identificado como suboficial principal de mar RE de la Armada Argentina, fue atendido por un oficial de apellido Taboada. Tras realizar una consulta dentro de la dependencia, el efectivo le habría comunicado que no recibiría el trámite.La constancia fue firmada por González y por el administrador Ricardo José Artigas. No consigna los motivos de esa decisión ni precisa contra quién pretendía realizarse la presentación. Tampoco es un acta policial, sino un documento elaborado por el Centro Naval tres días después para dejar asentada su versión de aquella gestión.Una fuente vinculada al Tiro Federal sostuvo ante LA NACION que la presentación no habría sido recibida porque, en ese momento, no estaba acreditado ante la dependencia que la lesión hubiera sido provocada por un disparo.La Policía de la Ciudad intervino más tarde, según informó el Centro Naval. Personal policial ingresó al predio a las 22.40 del día del episodio, realizó las actuaciones y recibió el proyectil encontrado cerca del lugar donde resultó herido el hombre.Dos semanas de incertidumbreDespués del episodio, el Centro Naval comenzó a modificar su funcionamiento. Dos días más tarde, la Comisión Directiva decidió cerrar de manera preventiva la Sede Núñez. En el primer comunicado sostuvo que la lesión había sido provocada por un proyectil de alto calibre “presumiblemente originado en un disparo del Tiro Federal”.La institución informó además que el hombre estaba fuera de peligro y que había presentado una denuncia ante las autoridades policiales y la fiscalía correspondiente.Días después, durante los trabajos realizados en el lugar, fueron encontrados otros dos proyectiles dentro de las instalaciones del Centro Naval. Según la propia institución, el hallazgo también fue comunicado al Tiro Federal.La Comisión Directiva aseguró que había intentado comunicarse con las autoridades de la entidad vecina mediante llamadas telefónicas y correos electrónicos. También envió una carta documento para solicitar medidas de seguridad. Según informó, hasta entonces no había recibido respuesta.La situación coincidió con un fin de semana en el que estaban previstas competencias de tiro multicalibre. La incertidumbre comenzó a modificar la rutina del Centro Naval: la sede permaneció cerrada el sábado 1° y el domingo 2 de agosto. El lunes 3 y el martes 4 retomó sus actividades deportivas y recreativas, debido a que, según la información manejada por sus autoridades, el Tiro Federal no tendría actividad esos días.El 4 de agosto, la Comisión Directiva formalizó esa dinámica. Los lunes y martes se mantendría la actividad normal, mientras que entre miércoles y domingo regirían restricciones horarias. Las consecuencias alcanzaron a disciplinas completamente ajenas al tiro: los partidos oficiales de rugby y hockey que debían disputarse como local durante los fines de semana tendrían que trasladarse a otras canchas.Para los propietarios de embarcaciones surgió otro problema. Los barcos permanecían allí, aunque sus dueños tuvieran restringido el ingreso. El 5 de agosto, Carlos María Garat, comodoro del Yacht Club Centro Naval, firmó una disposición específica para regular el acceso. El documento estableció distintas franjas horarias, creó la posibilidad de designar un “responsable en ausencia” cuando los propietarios no pudieran concurrir y contempló el eventual ingreso de técnicos ante una emergencia que comprometiera la flotabilidad de una embarcación.En ese escrito apareció una expresión que condensó el clima de aquellos días: quienes necesitaran ingresar bajo determinadas circunstancias debían tomar conocimiento del “peligro actual” que había motivado las restricciones.Del otro lado del límiteMientras el Centro Naval modificaba su rutina, la investigación comenzó a producir consecuencias dentro del Tiro Federal. La primera medida no paralizó toda la actividad: el Registro Nacional de Armas (Renar) dispuso, con carácter preventivo y provisorio, la clausura de las líneas de tiro N° 1, 2, 3, 18, 19 y 20. Otras 14 permanecieron habilitadas.Después, funcionarios del organismo realizaron una inspección en el sector de pólvora negra. Según informó posteriormente la Mesa Directiva del Tiro Federal a sus socios, durante el procedimiento se presentó la documentación requerida y se recorrieron las instalaciones. De acuerdo con esa versión, el sector inspeccionado cumplía con las condiciones edilicias previstas por la normativa y no recibió observaciones en ese momento.Pero aún faltaba una decisión.Cerca de las 17.30, personal policial se presentó en el Tiro Federal para notificar una resolución judicial que extendía la suspensión a todos los sectores destinados a las actividades de tiro. La medida no implicó el cierre completo de la institución: las restantes actividades sociales continuaron funcionando.La conducción del Tiro Federal informó a sus socios que consideraba la decisión “sorpresiva y manifiestamente desproporcionada”. Cuestionó especialmente que hubiera sido tomada el mismo día en que el Renar había realizado una inspección que, según sostuvo la institución, no había formulado observaciones sobre el sector revisado. Al mismo tiempo, comunicó que acataría la resolución y recurriría a los mecanismos de defensa correspondientes.Antes de que se conociera públicamente el alcance de la medida, desde el Centro Naval habían señalado que recibieron información según la cual “parece que un juez procedió a cesar las actividades en el Tiro Federal”. Era un cambio respecto de lo ocurrido durante los días anteriores: primero había sido el Centro Naval el que cerraba sus puertas y adaptaba sus horarios a las prácticas de la institución vecina; ahora, por disposición judicial, era la actividad de tiro la que debía detenerse.LA NACION intentó conocer directamente la posición del Tiro Federal sobre el episodio, los proyectiles encontrados y los cuestionamientos formulados por el Centro Naval. La institución no respondió las comunicaciones realizadas. Además, desde el acceso a sus instalaciones se negaron a brindar declaraciones.
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El proyectil que cambió la rutina en Núñez: un disparo hirió a un hombre y desencadenó un conflicto entre dos clubes tradicionales
Fuente: La Nación