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Claudio Ñancufil, “el Messi de las nieves”: se probó en Real Madrid y pasó por tres clubes de Primera, pero hoy juega en el equipo de su barrio en Bariloche
“Esta es la historia de un futuro crack, alguien que dentro de unos años llenará estadios en todo el mundo…”El informe de El Chiringuito, el programa futbolero más influyente de la televisión española, todavía puede verse en YouTube, registra cada uno de sus movimientos en Valdebebas, el predio de Real Madrid. Lleva la camiseta número 9 y un pantalón que le cae por debajo de las rodillas. La baja con el pecho, la pisa, cambia de perfil. Sus rivales le sacan una o dos cabezas, pero es imposible perderlo de vista. Es enero de 2014 y en España hay dos temas que ocupan las primeras planas: el Balón de Oro que Cristiano Ronaldo acaba de ganar y la llegada a la Casa Blanca de Claudio Ñancufil, apodado “el Messi de las nieves”, un chico de apenas ocho años nacido en Bariloche que había cautivado al mundo con sus gambetas en una cancha de tierra, viralizadas en Facebook a partir de un video publicado por su abuelo.Doce años después, aquel chico que estuvo en boca de todos, que también se entrenó en Atlético de Madrid, fue seguido por Barcelona y hasta realizó un tratamiento similar al de Messi para favorecer su crecimiento, cuenta por primera vez su historia en charla con LA NACION. Tras pasar por las inferiores de tres equipos de Primera División del fútbol argentino, la pandemia terminó alejándolo del fútbol grande y lo devolvió a Bariloche. En ese recorrido, prestó sus piernas para recrear a Diego Maradona en una serie y cumplió el sueño de jugar en el club de sus amores. Hoy juega en el equipo de su barrio y hasta hace poco trabajaba en la tirolesa del Cerro Otto.“Me han llamado de muchos medios, pero no es un tema que me guste tocar. Cuando me escribieron, estaba con mi pareja, Rocío, y ella me recomendó que hablara para darle un cierre a todo lo que pasó”, dice Ñancufil, con una mezcla de emoción por el camino recorrido y nostalgia por una historia que, durante un tiempo, parecía tener otro destino.Hasta la aparición de aquel video que lo hizo famoso y lo llevó a ser comparado con Lionel Messi, Claudio era un chico más de Villa Esperanza, su barrio, en la periferia de San Carlos de Bariloche. Iba a la escuela y jugaba a la pelota en la calle junto a su hermano Brian, dos años mayor, desde la tarde y, a veces, hasta la una de la mañana. Después empezó a jugar en el club Güemes, muy cerca de su casa; una cancha de tierra sin demarcaciones ni tribunas, en medio del viento de la estepa patagónica, con los cerros Otto y Catedral recortados en el horizonte.-¿Cómo fue el cambio entre jugar ahí y aparecer en Europa?-La verdad es que fue todo muy rápido. Mi abuelo es camarógrafo y en ese momento trabajaba acá, en un canal de noticias. Un día fue a verme y grabó un partido mío. Justo captó una jugada en la que tiré una bicicleta, pasé a varios e hice el gol. Después armó un compilado y lo subió a Facebook. Se viralizó, lo vieron en España y empezaron a llamarme “el Messi de las nieves”. A partir de la explosión de aquel video, un representante español lo observó jugar, se comunicó con la comisaría del barrio y pidió el teléfono de su familia. Así habló con Viviana, su mamá. “Ella pensó que era una broma, pero era todo verdad. Desde que llamaron a mi casa hasta que viajé pasaron unos meses. Yo pensaba: ‘Voy a ir a jugar a la pelota’, y nada más, porque era lo que hacía todos los días. No tenía noción de lo que vivía. Ahora que soy más grande, miro hacia atrás y digo: ‘¡Guau!’”, explica Ñancufil.En Madrid, Claudio se probó primero en Atlético y después en el Real: dos días en cada club. “Armaron partidos con chicos dos años mayores que yo para ver cómo rendía”, recuerda Ñancufil, que viajó a Europa junto a su mamá y su abuelo. Todo fue costeado por el empresario Manuel “Lolo” Otero, responsable de Sueños Comunicaciones, una agencia de artistas que luego sumó una división destinada a jóvenes promesas del fútbol.-¿Qué sentías cuando se referían a vos como “el Messi de las nieves”?-En su momento no me gustaba, porque para mí siempre fui Claudio. La gente que me conocía bien sabía que no quería que me dijeran así. Y pasa lo mismo ahora, cuando muchos me lo recuerdan. Yo soy Claudio, Claudito, Ñancu o Ñancufil.-¿Qué recordás de aquella experiencia?-Muy poco. No tengo presente haberme cruzado con jugadores famosos, por ejemplo. Eso sí: fueron días muy movidos. Lo que más me sorprendió fue la infraestructura de los clubes, muy distinta de la que conocía en Bariloche: el césped, los vestuarios, la ropa. Era una verdadera locura. -¿Cómo te fue en la prueba?-En las prácticas anduve muy bien. La diferencia física era grande y el nivel de los chicos, muy alto, pero creo que estuve a la altura.-¿Y por qué se frustró aquella posibilidad?-La verdad es que no sé bien lo que pasó. Quienes saben bien son mi abuelo y mi mamá, pero tampoco suelen hablar mucho de eso. Yo solo sé que tenía que volver a Bariloche porque, por mi edad, no podía quedarme allá: en ese momento había una ley que lo consideraba trabajo infantil. Además, surgió un problema con el representante. Al parecer, las cosas no eran exactamente como nos las había contado.Por entonces, el artículo 19 del reglamento de la FIFA prohibía los traspasos internacionales y la inscripción de jugadores menores de 18 años, salvo en casos muy puntuales: cuando los padres se mudaban por motivos ajenos al fútbol, en transferencias dentro de la Unión Europea para futbolistas de entre 16 y 18 años, o cuando el jugador y el club estaban a menos de 50 kilómetros de una frontera común. -¿Cuánto te recuerdan aquella historia?-Mucho. Acá en Bariloche mi caso fue muy conocido porque salí por todos lados. Y los rivales también me sacan el tema seguido, ja. -¿Qué te dicen?-De todo. En los partidos me buscan con eso. La mayoría sabe que me apodaban “Messi”, que salí en la tele, e intentan joderme. Pero entiendo que es parte del juego. Yo me dedico a jugar.Durante aquellos días, dos versiones circularon con fuerza en los medios nacionales. Una tenía que ver con su supuesta ascendencia mapuche, algo que nunca pudo confirmarse del todo y que, cuenta Ñancufil, nunca fue un tema de conversación en su casa. “Tal vez haya algún antepasado muy lejano, pero creo que no”, dice. La otra hablaba de un supuesto interés de Barcelona no solo por incorporarlo, sino también por costear un tratamiento similar al que el club le había pagado a Messi para favorecer su crecimiento. En realidad, el club catalán fue uno de los equipos que lo tuvo en la mira, pero Claudio no llegó a probarse allí. El tratamiento sí lo realizó, aunque no en España, sino en la Argentina.“Después de volver de España hice una prueba en River y el club me ayudó a realizar la terapia con hormona de crecimiento, que mantuve hasta los 18 años”. En el Millonario estuvo un tiempo, aunque sin formar parte estable del plantel de su categoría. Viajaba desde Bariloche cada varias semanas, se entrenaba durante unos días y después regresaba a su casa, porque el club no podía garantizarle alojamiento a su familia y, por su edad, tampoco podía quedarse en la pensión.Pero Claudio siguió su corazón. Ante el llamado de Racing, el club de sus amores, decidió mudarse a Avellaneda para perseguir su sueño de hincha. La Academia ya lo conocía: antes de su viaje a Madrid, el presidente, Víctor Blanco, y los jugadores del plantel lo habían recibido en una práctica. En Avellaneda no solo continuó con el tratamiento: el club también le dio trabajo a su mamá como empleada de limpieza, puesto que todavía conserva, y consiguió una casa para que ellos vivieran. Mientras tanto, también jugaba al baby fútbol en Defensores de Arenas, de Lanús. Sin embargo, antes de pasar a la novena división, y después de batallar durante un año con una fractura en el quinto metatarsiano, no pudo dar el salto a las inferiores y debió buscar nuevos rumbos. Recaló en el Granate, donde jugó un año, pero la pandemia interrumpió su camino y decidió regresar a su ciudad.Pero Ñancu nunca dejó de jugar a la pelota: desde entonces defiende los colores de Cruz del Sur en la Liga de Fútbol de Bariloche (LIFUBA) y de 12 de Octubre en la Asociación de Deportes y Fútbol Libre (ADEFUL). Esta última, que este año cumple 40 años, reúne a clubes de barrio y organiza competencias desde las categorías menores hasta Super Máster, destinada a mayores de 65 años. Solo en su torneo de futsal participan unos 6000 jugadores, desde Sub 16 hasta Super Máster. Durante los meses más fríos, el fútbol de campo se interrumpe y la actividad pasa al futsal, ya que el clima impide utilizar las canchas de césped. Ambas ligas se disputan en simultáneo, por lo que Claudio suele jugar más de un partido por fin de semana. De todos modos, en Cruz del Sur prefieren que no arriesgue el físico y se concentre únicamente en ese equipo, del que es la principal figura.-¿Se puede vivir del fútbol jugando en Bariloche?-No. Acá hay muy pocos jugadores que pueden hacerlo, creo que casi ninguno. Podés recibir alguna ayuda, sobre todo cuando disputás el Regional Federal Amateur. Pero para llegar a ese torneo tenés que ganar la liga o clasificar entre los primeros. Fuera de eso, no hay demasiado. -¿Y vos?-Hasta hace poco trabajaba en el Cerro Otto, en la tirolesa. Iban muchos turistas o chicos de viajes de egresados. Pero ahora dejé.Aquel video no solo lo llevó a probarse en España. También le abrió la puerta a una experiencia inesperada: participar en la serie sobre la vida de Maradona. En “Sueño bendito”, la producción protagonizada por Nazareno Casero y Juan Palomino sobre la vida del astro, Claudio, que entonces jugaba en Racing, interpretó a Goyo Carrizo, el amigo con el que Diego disputó los Juegos Evita de 1973 y al que aparece consolándolo en una recordada foto tomada después de un partido. Además, fue elegido para recrear los movimientos del Diez en los primeros planos. “Recorrieron todos los clubes de Buenos Aires y buscaban a un chico para filmarlo de la cintura para abajo. Es otra de las cosas que de chico disfruté, pero a las que hoy les d
Fuente: La Nación Deportes