Unilever confirmó esta tarde el cierre del proceso de deshidratación de vegetales en su planta de Guaymallén, Mendoza, un establecimiento que durante más de sesenta años convirtió a esa zona del Gran Mendoza en la única base productiva de este tipo que la multinacional tenía en todo el mundo, y que además funcionó durante tres décadas como socio tecnológico del INTA para el desarrollo de variedades de zapallo, cebolla y zanahoria pensadas específicamente para la industria.
La empresa desvinculó al personal de la planta y explicó en un comunicado que la medida forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente de su modelo operativo, aunque aclaró que la decisión no afecta la continuidad de sus operaciones en el país ni de la marca Knorr, que seguirá comercializando sus productos en Argentina.
Lo que no se sabe por estas horas es qué pasará con la red de productores que durante años fue construyendo alrededor de esa planta, muchos de los cuales venían de sumarse a un programa de agricultura regenerativa impulsado junto al propio INTA y que hoy, según pudo saber Bichos de Campo por fuentes del sector, quedaron con parte de su producción sin comprador. Hasta el cierre de la planta, entregaban producción a Unilever productores de Mendoza y San Juan, que habían virado a la agricultura regenerativa como parte de la estrategia que había adoptado la compañía. Si bien no entregan exclusivamente a Unilever, este es el pricipal comprador de la mercadería.
La fábrica de Corralitos, en Rodeo de la Cruz, se inauguró en 1964 bajo el ala de Refinerías de Maíz S.A.C.I.F., la compañía que luego terminaría integrando el paraguas de Unilever. Fue esa empresa la que en la década del 70 tocó la puerta del INTA Mendoza-San Juan buscando asesoramiento para abastecer su fábrica, en un vínculo que se formalizó como convenio en 1993 y que se sostuvo, con Unilever ya al mando de la planta desde 2005, hasta el anuncio de hoy lunes.
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“Unilever ha tomado la decisión de discontinuar el proceso de deshidratación de vegetales en su planta de Guaymallén, Mendoza. Esta medida forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria de alimentos a nivel global”. expresaron desde la compañía en un comunicado de prensa.
A su vez, esgrimieron: “Es una prioridad acompañar con responsabilidad y respeto a las personas alcanzadas por esta decisión. La compañía cumplirá con todas las obligaciones previstas en el marco legal vigente.
Esta decisión no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en Argentina ni de la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el país. Unilever mantiene su compromiso con Argentina, donde opera desde hace 100 años, y continuará evolucionando para construir un negocio cada vez más ágil, competitivo y preparado para crecer de manera sostenible”.
Claudio Galmarini, especialista en mejoramiento genético de hortalizas y director regional de esa experimental, le había explicado a este medio en 2022 la lógica detrás de esa alianza: las variedades que se usan para deshidratar no son las mismas que se consumen en fresco, porque necesitan mucho mayor contenido de sólidos para que el proceso sea eficiente, y esas variedades “normalmente no las podés comprar porque son parte de la ventaja tecnológica” que manejan las propias deshidratadoras.
Por eso el trabajo con el INTA fue clave: primero llegó la cebolla RefINTA, con un 20% de sólidos, luego la Alfredo INTA, que permitía una cosecha más precoz, y más tarde los zapallos Zapuco INTA y Aconcagua INTA, este último con un salto de productividad industrial del 120% que convirtió a la Argentina en uno de los principales exportadores mundiales de zapallo deshidratado.
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El proceso productivo en sí mismo tenía una escala considerable. La planta procesaba doce variedades de hortalizas —zanahoria, zapallo, cebolla, ajo, tomate, pimiento, espinaca, albahaca, repollo, puerro, papa y batata, según la estacionalidad— y llegaba a recibir 15.000 toneladas de vegetales frescos por año, que tras pasar por siete hornos de secado semicontinuos se transformaban en unas 3.200 toneladas de producto deshidratado entre escamas, granulado y polvo.
En un solo día de trabajo se podían procesar hasta 60.000 kilos de zapallo fresco. El 90% de esa producción quedaba en el mercado argentino, mientras que el resto viajaba a otras plantas de Unilever en Brasil, Alemania y México, lo que significa que durante años buena parte de las sopas y caldos Knorr que se consumieron en esos países llevaban adentro una genética desarrollada en Mendoza. La planta trabajaba seis días a la semana y estaba conectada con fincas de Mendoza, San Juan y, en menor medida, Córdoba, hasta que por cuestiones logísticas la empresa terminó concentrando el abastecimiento en la región cuyana.
El capítulo más reciente de esa relación con el territorio fue la incorporación de la agricultura regenerativa, un esquema que Unilever y el INTA empezaron a desplegar junto a los productores que abastecían la planta a partir de 2022, mediante un convenio pensado para tres años. En su arranque, el programa involucraba a ocho productores sobre un total de 800 hectáreas, que recibían capacitación y asistencia técnica de un equipo interdisciplinario del INTA distribuido en tres estaciones experimentales de Cuyo, con foco en el cuidado del suelo, el uso eficiente del agua de riego y la conservación de la biodiversidad.
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Para fines de 2024 ya se hablaba de 1.300 hectáreas regeneradas entre Mendoza y San Juan, y la propia Unilever había difundido que siete productores locales se habían integrado de forma directa al nuevo modelo. Fue, durante un tiempo, uno de los casos que más se citaba a nivel nacional como ejemplo de articulación entre una multinacional, un organismo público y productores de economías regionales.
Ese es justamente el nudo que hoy queda en el aire. Según pudo reconstruir Bichos de Campo con fuentes del sector productivo mendocino, un grupo de productores que había reconvertido parte de su producción hacia ese esquema de agricultura regenerativa —con las variedades específicas que exigía la planta y bajo el convenio con Unilever e INTA— se encuentra hoy sin un comprador claro para esa producción, en momentos en que la propia planta que la absorbía deja de operar.
Se trata de una situación que hasta el momento no tuvo canal de expresión pública, pero que circula puertas adentro del sector como una de las consecuencias más concretas del cierre, más allá del impacto directo sobre los puestos de trabajo en la fábrica.
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La pregunta que queda pendiente es si Unilever sostendrá algún esquema de compra a esos productores mientras dure la transición hacia la nueva estructura que surgirá de la fusión con McCormick, o si directamente los deja fuera de la cadena.
La compañía remarcó en su comunicado que mantiene su compromiso con la Argentina, donde opera desde hace cien años, y que la marca Knorr seguirá presente en el país, aunque no precisó desde dónde se abastecerá de aquí en adelante ni qué va a pasar con el edificio de Corralitos.
Agro & Campo
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Fuente: Bichos de Campo