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Vale Laco, coach financiera: “Muchas mujeres quieren ganar más dinero, pero inconscientemente siguen creyendo que lo importante es dar”
Hablar de dinero sigue siendo incómodo para muchas mujeres. Aunque trabajan, generan ingresos, emprenden y toman decisiones económicas todos los días, pocas han recibido educación financiera y muchas crecieron con la idea de que hablar de plata era de mal gusto, egoísta o incluso incompatible con ciertos valores. Un tema tabú.Valeria Laconich, Vale Laco, lleva años trabajando sobre esa tensión. Después de atravesar una profunda transformación personal, esta psicopedagoga que trabajó una década como consultora en el sistema educativo inglés, y se formó luego en neurociencias, finanzas y coaching, creó ya, hace tiempo, un método llamado Inteligencia Emocional Financiera, que integra educación financiera y desarrollo personal para ayudar a mujeres profesionales y emprendedoras a ordenar sus finanzas, reprogramar su vínculo con el dinero, escalar sus ingresos y construir una vida con libertad y propósito, alineada con aquello que realmente valoran. Un programa holístico, “capaz de integrar todos nuestros seres”, donde la riqueza se asocia con algo mucho mayor que contar con una cuenta abultada en el banco. Es cultivar la salud financiera, física, emocional y vincular. Todas a la vez.Acompañante de camino de cientos de latinoamericanas (“Mi misión está con las argentinas”, afirma), Vale propone una mentoría de seis meses donde las participantes trabajan a conciencia, de manera individual y grupal, patrones de comportamiento, identidad y personalidad financiera para detectar desde lo emocional los nudos que pueden estar obstaculizando el crecimiento. El programa propone también un plan de acción concreto para convertir los servicios de cada cual en un negocio rentable y escalable. Con todo lo que ello implica: profesionalizar el trabajo, definir objetivos, una ruta de acción, una gestión eficiente, con el fin de lograr una propuesta comercial clara y sostenible. Nada de parches o pensamiento mágico. “No quiero desilusionar a nadie. La persona tiene que elegirme y yo a ella para garantizar resultados. Me comprometo al cien por cien y necesito lo mismo del otro lado”, afirma convencida de lo que hace.José Antonio Marina. El filósofo español revela cuál es el mayor error en la educación de los jóvenesEn esta conversación con LA NACION, esta mentora de 50 años autora del libro Mujeres, dinero y libertad (ediciones Lea), analiza, con una bella mezcla de profesionalismo, rigurosidad, autenticidad y calidez humana, los pensamientos heredados que limitan nuestro potencial, el miedo al éxito, la dificultad para cobrar y muchos temas más.—Se nota mucha pasión en lo que haces. ¿Cómo nació este interés?−Nació de mi propia experiencia. Yo sufrí lo que hoy llamo analfabetismo emocional financiero. Mi formación inicial fue la psicopedagogía y, como a la gran mayoría, en mi juventud, no recibí formación en educación financiera ni cómo relacionarme sanamente con el dinero.Además, crecí en una cultura donde hablar de plata estaba prohibido. En 2011, viviendo en Chile, atravesé con mi familia una crisis importante: mi marido perdió su trabajo, y yo me encontré con algo que me sorprendió: teníamos ahorros, estábamos económicamente estables y, sin embargo, vivía con una enorme preocupación.Ahí empecé a preguntarme por qué el dinero tenía tanto peso emocional en mi vida. Trabajando sobre mí transformé por completo mi identidad financiera. Descubrí que era posible vivir bien haciendo lo que me apasionaba y sentí la necesidad de compartir ese aprendizaje con otras mujeres.−Creaste un método llamado Inteligencia Emocional Financiera. ¿En qué consiste?−Consiste en integrar lo emocional con lo financiero. En la actualidad, existen múltiples cursos de educación financiera y muchas propuestas vinculadas a la manifestación y la abundancia. Yo creo que ninguna de las dos dimensiones funciona por separado. El método se apoya en cuatro pilares. El primero es la claridad sobre la vida que valoramos, pues el dinero debe estar al servicio de esos valores. El segundo es la identidad financiera: comprender nuestras creencias, emociones, patrones asociados al dinero. El tercero es la inteligencia financiera propiamente dicha: aprender a gestionar las finanzas personales y las del negocio, desarrollar una propuesta rentable y profesionalizar el servicio. Y el cuarto es el acompañamiento. Ver a otras mujeres crecer genera inspiración. Muchas veces necesitamos ejemplos concretos para animarnos a cambiar.−¿Por qué las mujeres en pleno siglo XXI seguimos teniendo trabas? Culpa por cobrar o dificultad para aumentar el precio de lo que ofrecemos.−Porque durante siglos fuimos entrenadas para cuidar y servir. Y ubicarnos en segundo lugar. La identidad femenina estuvo asociada al acompañamiento, al sostén y a ser útil. Aprendimos a priorizar las necesidades ajenas antes que las propias. Por eso nos cuesta tanto poner límites, negociar, cobrar con naturalidad. No es nuestro lenguaje primario como sí lo es para los hombres. Heredamos un inconsciente femenino colectivo y milenario (sobre todo las hispanas) que rechaza el dinero y lo vive como amenaza. Y lo seguimos reproduciendo automáticamente, alimentando círculos de pobreza y escasez. Te doy un ejemplo: cuando una mujer tiene un negocio suele poner por delante el servicio, el impacto o la ayuda que brinda. Quiere ganar dinero, pero inconscientemente sigue creyendo que lo más importante es dar. Ahí aparecen la culpa y el miedo. El Foro Económico Mundial afirma que faltan 130 años para que desaparezca la brecha en oportunidades y participación económica entre el hombre y la mujer. Es un montón.—Sin embargo, muchas sí tienen claro que quieren ganar más y mejor, pero no lo logran. ¿Qué ocurre?−Existe una diferencia entre lo que creemos que creemos y lo que realmente creemos. Una mujer puede repetir todos los días que quiere ganar más. Sin embargo, si sus acciones muestran otra cosa, el resultado lo dice todo. Probablemente una creencia más profunda esté operando para frenar esa expansión. Lo que se manifiesta en el afuera habla de lo que nos opera por dentro. Si seguimos postergando decisiones importantes, seguramente haya algo en nuestro interior que todavía asocia el dinero con culpa, vergüenza o peligro. Y por eso preferimos seguir jugando chiquitito.—¿Cuáles son las creencias limitantes más frecuentes?—Una muy común es pensar que para ser una empresaria exitosa hay que sacrificar aquello que más valoramos. Muchas sienten que si crecen económicamente van a descuidar a sus hijos o a su pareja. Entonces aparece una contradicción interna: una parte quiere avanzar y otra intenta frenar. Otra habitual es no reconocernos como dueñas de negocio. Hay profesionales que ofrecen excelentes servicios pero que siguen viéndose como autoempleadas. Si trabajan, ganan. Si no, no. Les cuesta delegar, ordenar procesos o asumir una visión estratégica. Hasta que no se apropian de la idea de que tienen un negocio, es muy difícil construir riqueza de manera sostenible.—En tu libro aparece constantemente el concepto de “vivir la vida que valorás”. ¿Por qué elegiste esa expresión?−Porque me di cuenta de que no siempre queremos lo mismo que valoramos. Podemos desear muchas cosas: un viaje exótico, una cartera o determinada experiencia. Pero cuando profundizamos, descubrimos que lo verdaderamente importante suele ser otra cosa. No el viaje en sí a un sitio remoto, sino la posibilidad de generar encuentro e intimidad con los que más amamos, fuera de la rutina. Al tener clara nuestra motivación intrínseca, podremos organizar una escapada posible alineada a nuestro presupuesto.El especialista Sebastián La Rosa revela cinco hábitos para vivir más y mejorLa vida que valoramos está relacionada con nuestra salud física, emocional, vincular y financiera. Con comprometernos a evolucionar en cada uno de estos espacios. Cuando identificamos eso, el dinero deja de ser un fin y se convierte en una herramienta para sostener aquello que realmente nos importa.—También describís distintas personalidades financieras. ¿Cuáles son y por qué es importante identificarlas?−Son una manera de comprender cómo cada persona significa y utiliza el dinero. Identifiqué cinco grandes perfiles: la altruista, la ahorradora, la analítica, la servicial y la impulsiva. No hay una personalidad mejor que otra. Todas tienen fortalezas y desafíos. La ahorradora, por ejemplo, asocia el dinero con seguridad y control. Tiene temor de perderlo y su vida está a salvo si sabe guardarlo. La servicial lo relaciona con el amor y la generosidad. La impulsiva lo vincula con la libertad y el disfrute. Lo interesante es reconocer cuál predomina en nosotras para entender mejor nuestras decisiones financieras.−Otro concepto novedoso es el de los patrones financieros. ¿Qué son?−Estos identifican las conductas que repetimos respecto de nuestros ingresos. Uno de ellos es la alergia al dinero: cuando el inconsciente percibe al dinero como algo peligroso, genera mecanismos inconscientes para mantenerlo lejos. Otro es la intolerancia al dinero: la persona logra generarlo, pero no consigue conservarlo. También está la intermitencia económica, se da cuando uno llega justo a fin de mes, pero nunca le sobra nada. No hay grandes crisis, pero sí estancamiento y frustración. Y finalmente está el patrón de abundancia, donde la persona logra construir una relación más sana con la plata y deja de vivir desde la escasez. Esto ya no es un tema, uno se sabe capaz de generarla de manera constante y segura y, por lo tanto, sabe que estará siempre disponible. Para su identidad financiera tener de sobra está muy bien. Desaparece la culpa y el miedo.—Decís que muchas personas no tienen miedo al fracaso, sino al éxito. ¿Cómo se explica?—A veces asociamos la plata con corrupción, egoísmo o pérdida de valores. Entonces, aunque conscientemente queramos prosperar, inconscientemente tememos convertirse en alguien reprochable. Vivimos en un error. En cambio, me gusta asociar el dinero con la amplificación de nuestro ser. Este
Fuente: La Nación