Cambio de mando en Misiones: la silenciosa puja que en tres meses selló el ocaso de Rovira y el ascenso de Passalacqua

POSADAS.− En medio de una interna sorprendente en el oficialismo de Misiones, se presentó en sociedad el nuevo bloque mayoritario en la Legislatura. A partir del jueves, el Movimiento por lo que Viene contará con 17 diputados, sobre un cuerpo unicameral de 40. “Vamos a darle gobernabilidad a Hugo Passalacqua”, dijo Juan José Szychowski, al frente del nuevo espacio, que con algunas alianzas podrá alcanzar mayorías para sancionar leyes como el Presupuesto 2027, que comenzará a debatirse en dos semanas.Con este gesto político, el gobernador Passalacqua formaliza el final de una era que arrancó en los albores de este siglo, y moldeó a Misiones en la forma de hacer política, gestionar los tres poderes del Estado y hacer negocios. Passalacqua, un exdocente universitario de 68 años, puso así fin al largo mandato de Carlos Rovira como hombre todopoderoso de Misiones.Este ingeniero químico, callado y calculador, de poco más de 1,60 de estatura, llegó a ser comparado por algunos opositores −como el expolicía Ramón Amarilla−, como un dictador y por otros, como un verdadero rey sin corona.Rovira asumió las riendas de la provincia como gobernador en 1999, cargo que ocupó ocho años y que consolidó un poder nunca antes visto, y solo es comparable al que sigue ostentando en Formosa, Gildo Insfrán, en el poder desde 1995.Reaparición públicaEl próximo jueves, Rovira deberá volver a ocupar su banca de diputado raso en la reanudación de las sesiones en la Legislatura, y todo el mundo se pregunta cómo actuará al estar rodeado de personajes que le deben su cargo exclusivamente a su dedo, pero que ya no le responden.Hay que tener en cuenta que la pelea entre Rovira y el gobernador Passalacqua duró menos de tres meses. Arrancó unas semanas antes del Mundial, cuando todavía a Rovira le respondía casi todo el mundo, y ninguno de los que hoy formaron el bloque “passalacquista” se hubieran animado a llevarle la contra.“Rovira es apenas un diputado más”, sentenció Syzchowski, pronunciando unas palabras impensadas cuando arrancó el Mundial EE.UU-México-Canadá 2026. En Misiones −donde buena parte de la sociedad sigue sin creer que la pelea sea real−, los pocos leales que le quedan a Rovira se preguntan cómo se produjo semejante sangría acelerada de poder.El responsable fue un hombre que hizo una lectura correcta de los tiempos políticos. Licenciado en Comunicación Social (estudió media carrera en la UBA y terminó en El Salvador), exdocente de la Facultad de Arte de la UNaM, de 68 años, Passalacqua es el único misionero en ser dos veces gobernador en períodos no consecutivos (2015 y 2023) por obra y gracia de la voluntad de Rovira.Sin embargo, a diferencia de Oscar Herrera Ahuad (2019-2023) que hizo lo imposible por no hacer ningún movimiento que irritara a su jefe político, Passalacqua empezó a marcar la cancha con gestos de autonomía apenas iniciado su segundo mandato. Dicen desde ambas filas que desde que regresó a la Rosadita (como se conoce a la Casa de Gobierno de Misiones) el 10 de diciembre de 2023, Pasaslacqua y Rovira no volvieron a hablar y solamente se comunicaban por emisarios.En diciembre de 2024, un hecho le cambió a Passalacqua la manera de ver el futuro: fue operado operado del colon y tras pasar por una convalecencia que lo tuvo largos meses sin aparecer públicamente, volvió distinto: un Passalacqua más delgado, más serio y, sobre todo, más decidido a jugar fuerte políticamente. Antes de la operación, la imagen del mandatario parecía más cercana a la de un hombre que deambulaba por la gobernación sin terminar de encontrarle un sentido a ocupar la silla más importante de Misiones. En esa transición, Passalacqua contó con el apoyo incondicional de su esposa, Viviana Rovira, nada menos que la prima hermana del jefe de la Renovación. Activa militante, dicen que la titular del Instituto Misionero de la Biodiversidad es hoy su principal consejera. Fue una de las primeras figuras en hablar de la ruptura públicamente, cuando el 2 de julio pasado, dijo: “Nosotros estamos donde siempre estuvimos, no nos movimos de ningún lado, el que se movió y formó otro partido y se llevó todas nuestras cosas es nuestro exconductor”.El quiebre finalRovira se quedó solo por una combinación de factores: el enorme desgaste de su figura y la del espacio político, la decisión política de Passalacqua y, fundamentalmente, un paso en falso que lamentará el resto de su vida política. Justo él, que llegó a ser considerado por sus seguidores como infalible en sus grandes decisiones políticas.El 1° de mayo pasado, en la inauguración del período ordinario de sesiones, Passalacqua fue a dar su discurso ante la Legislatura. Rovira lo escuchaba sentado a tres hileras de distancia, con gesto siempre adusto. Ante cada anuncio, Passalacqua buscó la mirada cómplice el aplauso o algún gesto de distensión que permitiera abrir un acercamiento, pero se encontró una y otra vez con la mirada fría de Rovira. Luego de cada apertura, Rovira siempre salía a saludar a la militancia renovadora en la explanada del espléndido edificio ubicado en el Parque Paraguayo, junto al gobernador. Esta vez, dejó solo y desairado a Passalacqua. “Ese día se dio cuenta que no había vuelta atrás, que iba a empezar a ejercer el poder de su cargo y a marcar su propio camino”, explicó a LA NACION un funcionario que estuvo cerca de ambas figuras.Dos semanas antes, Rovira había lanzado en esa Legislatura, de la cual dispone como si fuera de su propiedad (cuando es un diputado raso) su nuevo sello “Encuentro Misionero”, excluyendo de la invitación a Passalacqua, al que incluso criticó abiertamente en los primeros dos encuentros.Tras la “declaración de guerra”, ese 1° de mayo, acaso Rovira haya creído que Passalacqua se iba a resignar a transitar lo que le quedaba de su mandato entendiendo que ya no tenía aspiraciones políticas. Pero el obereño tenía otros planes.Casi tres semanas después reunió en la localidad de Ruiz de Montoya a 67 de los 78 intendentes de Misiones, que firmaron una carta abierta avalando a Passalacqua como el “máximo jefe político” en Misiones. Ese 19 de mayo empezó una guerra abierta que iba a ser corta y fulminante.Passalacqua blanqueó −aunque no lo dijo públicamente− sus aspiraciones a ser reelegido en 2027 (la Constitución lo habilita) y a convertirse en el primer misionero de la historia en ser gobernador tres veces, una idea que Rovira no soporta. El gobernador empezó su armado político basado en el respaldo territorial de los intendentes, y en el interior de Misiones, donde considera que está el verdadero capital político de la ahora ex-Renovación, mientras que en Posadas están los dirigentes desgastados, acostumbrados a jugar el juego del poder y la obsecuencia con Rovira.La “scaloneta” de Passalacqua Antes, Passalacqua había incorporado a su gabinete a Carlos “Kako” Sartori, jefe comunal de Campo Grande y titular de la Codeim (Comisión de Desarrollo Estratégico e Integral de Municipios), que nuclea a los intendentes de todo Misiones. De los 78, apenas uno no es oficialista: Carlos “Cali” Goering, de Colonia Aurora.Hace dos semanas cerró el fichaje de Julio “Chun” Barreto, intendente de Montecarlo, que pidió licencia y se hizo cargo de Energía de Misiones SA, una de las principales cajas del Estado provincial. También llevó a esa empresa a José Luis Garay, exintendente de 2 de Mayo y a Matías Vilchez, el intendente de San Javier, de increíble parecido con Lionel Scaloni.A partir de entonces, Passalacqua viaja al interior casi a diario, para estar cerca de los intendentes de los pueblos más chicos, pero también de las localidades grandes, como Eldorado, Alem, Oberá o Iguazú. “Los intendentes son la base de su equipo, son su Scaloneta”, bromeó un funcionario cercano al gobernador en diálogo con LA NACION, y jugando con la notable similitud de Vilchez con el DT argentino.Las cajasEn la misma medida que Passalacqua se fue fortaleciendo y empezó a utilizar la lapicera para sacarle ministerios y cajas al manejo de Rovira, el mundillo político empezó a olfatear la sangría y la falta de respuestas del hasta entonces jefe político de Misiones.Kako Sartori fue el primero que repudió públicamente a “Encuentro Misionero” y denunció que sus fichas partidarias fueron utilizadas sin haber sido consultados. Casi marcó el camino para los que se quisieran pasar, que desde entonces, cada día fueron anunciando su renuncia a “Encuentro Misionero” y su pase al passalacquismo.Rovira se fue quedando solo y primero suspendió las “Previas” −las reuniones políticas semanales antes de cada sesión legislativa− porque ya no tenía nada para anunciar que fuera creíble y también se fue quedando sin figuras de peso a su lado. Tras suspender esos encuentros, un síntoma de debilidad, envió al intendente de Posadas, Lalo Stelatto, a fumar la pipa de la paz con Passalacqua.Pero el fiel de la balanza se había dado vuelta y Passalacqua no aceptó ningún acuerdo: simplemente aceleró y logró que casi todos se pasaran a sus filas. Una vez que para todos estuvo claro quién mandaba, casi no tuvo que hacer ningún esfuerzo. En Misiones, empezaron a aparecer funcionarios que se animaron a criticar a Rovira abiertamente, por no tomar decisiones consensuadas o incluso por estar alejado de la realidad.Hoy todos le achacan el haber pretendido perpetuarse en el poder a través de su hijo Ramiro, de apenas 30 años, a quien rodeó de un grupo de dirigentes jóvenes, sin experiencia ni pergaminos, que parecen más producto del capricho de una sola persona. Como el joven vicegobernador Lucas Romero Spinelli (34) o su novia, la diputada provincial Paula Franco.Esa jugada, a la que Rovira llamó “NEO”, jamás convenció a nadie y hoy genera el rechazo hacia un dirigente que durante muchos años estuvo acostumbrado a hacer y deshacer sin consultarle nada a nadie: poner y sacar ministros, jueces, funcionarios municipales y jubilar masivamente a militantes que lo apoyaron incondicionalmente (aunque buscando también su propio beneficio).Casi si

Fuente: La Nación