“Estamos durmiendo con el enemigo”: El experto Marcelo Carmona advierte que han crecido resistencias a fungicidas y pide no perder de vista la sanidad en medio de la discusión por los costos

En un debate prácticamente dominado por los costos y los precios internacionales, el ingeniero agrónomo Marcelo Carmona, del equipo de fitopatología de la FAUBA, se permite abrir un nuevo frente de alerta: que las próximas campañas serán de “alto riesgo sanitario”.
No pretende ser aguafiestas este especialista, y menos aún en el lanzamiento de la “fina”, donde ya hay dolores de cabeza suficientes. Todo lo contrario: pregona el prevenir antes que curar, y por eso dialogó con Bichos de Campo sobre las prioridades que no deben perderse de vista ni siquiera cuando el bolsillo aprieta.
“Propongo redefinir el concepto de fungicida”, dice Marcelo Carmona, muy preocupado por la creciente resistencia de los hongos a los tratamientos

Prácticamente no quedan dudas de que este año será muy lluvioso, a tal punto que, en vez de Niño, los meteorólogos proyectan un “Súper Niño”. Para el cultivo, eso es positivo, pero no lo es para su sanidad.
“Lo que pasa es que venimos de un 2025 donde hubo enfermedades importantes en cebada y trigo, y quedaron muchos patógenos, especialmente las manchas, presentes en las semillas y los rastrojos. Todo eso está esperando antes de sembrar”, detalló Carmona.
En verdad, lo que sucede es que el hongo puede permanecer dentro de la semilla y “coevolucionar” con ella. Por lo que, cuando una entra en etapa de “dormición”, el otro también; y cuando una despierta con el agua, el otro también. “Es estar durmiendo con el enemigo en la bolsa”, ilustró el especialista.
La principal preocupación es la de los hongos resistentes, un tema sobre el que insiste el agrónomo desde hace ya tiempo, que se va complejizando campaña tras campaña y está favorecido además por una cuestión estructural, la mayor susceptibilidad en las variedades.
“En todos los cultivos estamos encontrando cepas resistentes a fungicidas. Y esto hace que el insumo empiece a fracasar, y que se siga aplicando innecesariamente, a dosis que quizás uno ni conoce”, explicó Carmona. Es el mismo comportamiento que con las malezas resistentes.

Antes de pensar en nuevos insumos, hay que reforzar a los existentes, opina el agrónomo, que insiste para ello en el análisis previo de semillas, una práctica no muy difundida pero básica cuando se trata de sanidad.
“El 95% de los especialistas hace tratamiento químico de semillas con fungicidas, pero sólo un 20% hace antes un análisis. Es como darte un medicamento sin tener antes un diagnóstico”, explicó Carmona, quien advierte que eso es lo que a la larga genera mayor resistencia, mayor contaminación y, por supuesto, mayores gastos.
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El productor está ahora ante una campaña de márgenes acotados, y eso le quita lugar a estas propuestas. Es desconocimiento, admite el especialista, que asegura que el costo de llevar hoy un análisis es “ínfimo respecto al valor que da ese dato”.
“Uno ve una semilla que está súper colorida y brillante y cree que ya está la tarea cumplida, pero distinto es mandarla al laboratorio y que te digan con precisión cómo está. Eso es estar comprometido con las prácticas anti resistencia”, agregó.
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Una vez detectado el patógeno, y la problemática de la resistencia, Carmona señala que lo mejor es trabajar con bioestimulantes, una alternativa viable para, precisamente, aprovechar el fungicida existente y, en caso de que ya haya fracasado, intentar rescatarlo.
“Los bioestimulantes, como la palabra lo dice, estimulan la vida. La planta sufre estrés ante una amenaza, su metabolismo empieza a quebrarse y tiene que destinar energía para cubrir esos daños, sean fisiológicos como de enfermedades. Lo que hace el bioestimulante es compensar esa pérdida de energía, y en algunos casos también sumar otra función”, graficó el experimentado investigador, que estuvo presente en el congreso A Todo Trigo presentando avances al respecto.
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