General
El tren fantasma
Sin recambio generacional a la vista ni en el corto plazo, sin propuestas superadoras y con un discurso tan obsoleto como desincronizado, la oferta electoral del peronismo se asemeja hoy a un tren fantasma transportando hacia los comicios del año próximo a los mismos oscuros personajes que ya han demostrado su enorme poder de inoperancia y destrucción cuando les ha tocado manejar los destinos del país.Cristina Kirchner, inhabilitada judicialmente en forma permanente para ejercer cargos públicos, pretende sostenerse en la escena política partidaria a fuerza de eslóganes capciosos y de mentiras flagrantes sobre su situación de condenada por corrupción. Hace trascender que será ella como presidenta del PJ nacional quien definirá las candidaturas con vistas a 2027. Es más que evidente que el departamento del barrio de Constitución donde cumple condena por el caso Vialidad sigue operando impunemente como una unidad básica.En los últimos días, trascendió que impulsaría a su hijo, Máximo Kirchner, como candidato a suceder a Axel Kicillof en la gobernación bonaerense, enfrentado este último con el sector de La Cámpora. La pobreza de pergaminos de ambos es harto conocida. El desempeño del diputado nacional es tan cuestionable como el escandaloso y mal habido patrimonio familiar, al que tanto la madre como el hijo se aferran con uñas y dientes. En cuando a Kicillof, que ya lleva casi siete años como gobernador, quienes más pueden hablar de él son los propios bonaerenses: está pronto a consumir dos mandatos consecutivos en los que la pobreza, la inseguridad, la baja calidad sanitaria y educativa se han consolidado como el sello de una provincia que ha estado por décadas en manos peronistas.Nada indica que el peronismo vaya a depurarse en el corto plazo Mientras Kicillof trata de acercar posiciones con intendentes ofreciéndoles su apoyo a nefastas reelecciones indefinidas, el kirchnerismo convoca a actos y reuniones desde cuyos púlpitos defenestra al gobernador ofreciendo a cambio las mismas promesas de cartón de su momentáneo contendiente interno.En los últimos días, solo coincidieron en unificar el discurso en torno a la figura del presidente brasileño, Inácio “Lula” da Silva, frente a las críticas que le profirió Javier Milei.El peronismo encontró en ese episodio una tan inesperada como inservible excusa para dar pistas respecto de que, al igual que en incontables instancias de su derrotero histórico, puede llegar unificado a las elecciones de 2027, a pesar de sus reyertas. La condena a los exabruptos del Presidente alineó al cristinismo con el kicillofismo y también con las huestes de Sergio Massa, otro de los viajantes en el tren fantasma partidario.El exministro de Economía, que dejó su cargo con una altísima inflación mensual en diciembre de 2023 y que fracasó en su posterior intento de ser presidente, hoy se muestra como un posible mediador entre Cristina Kirchner y Kicillof. Todos conforman un mismo grupo que ya gobernó, fracasó estrepitosamente y recibió el repudio de las urnas.En este río revuelto de caras y prontuarios más que conocidos, reapareció en los últimos días otro impresentable personaje: el gobernador peronista riojano, Ricardo Quintela, quien alguna vez manifestó su intención de ser candidato a presidente de la Nación. Su última filípica resultó tan amenazante como generadora de pánico entre muchísimos electores. Advirtió que los empresarios no debían entusiasmarse con invertir en el país porque, de volver el peronismo al poder el año próximo, nacionalizará lo privatizado y expropiará lo que le venga en gana. Ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro hubieran podido sintetizarlo mejor.Ni qué hablar de la reaparición pública de Aníbal Fernández instando a los peronistas a reconocer que el único candidato que tienen es Kicillof y a dejar de seguir reclamando la libertad de Cristina Kirchner con pancartas, a quien no obstante considera inocente. “La lapicera es de Cristina, su hijo es el que malversa”, afirmó Fernández en la puerta de la gobernación, en La Plata.Faltan unos cuantos meses para los próximos comicios. Nada indica que el peronismo vaya a depurarse de estas funestas caricaturas en el corto plazo. Por ahora, ni recambio ni moderación ni nuevas propuestas. Solo el mismo pasaje en el mismo tren que reiteradamente ha empujado al país al fondo del abismo.
Fuente: La Nación