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Historia inspiradora: el ingeniero que dejó Buenos Aires para misionar en el Chaco profundo
En su último año de secundario en el colegio Champagnat, Juan Chalbaud descubrió una realidad que cambió su vida. Una invitación escolar para misionar en la provincia de Chaco le abrió de repente un mundo hasta entonces desconocido para él. Luego, a lo largo de casi diez años, mientras completaba la carrera de ingeniería industrial, continuó regresando periódicamente al norte argentino junto a un grupo de amigos misioneros, hasta establecerse allí definitivamente.En 2015 se trasladó primero a Monte Quemado, Santiago del Estero, para colaborar con la organización Haciendo Camino, y en 2016 se radicó en Chaco, dando origen a la fundación Monte Adentro, un proyecto destinado a revertir la emigración forzosa de los habitantes de esta región, generando nuevas oportunidades locales.José Antonio Marina. El filósofo español revela cuál es el mayor error en la educación de las nuevas generaciones“El vínculo con las comunidades desde aquel primer año hasta hoy fue de más y más confianza”, explica Chalbaud. “Es una relación de mucha transparencia, donde nos podemos compartir lo que sentimos, lo que nos duele, lo que necesitamos. Las comunidades vieron casi todo de mi vida. Y yo vi crecer a niños y adolescentes que hoy son profesionales o padres y madres. Es casi una vida compartida a la par”, recuerda.El relato de Juan da cuenta de la realidad que enfrentan estas comunidades del monte chaqueño, marcadas por el aislamiento geográfico y la ausencia de políticas públicas planificadas. Los grupos de familias están alejados de los centros urbanos o de las rutas asfaltadas más cercanas. Los parajes carecen de una infraestructura básica. No existen redes de agua potable. La falta de acceso a la energía eléctrica afecta a numerosas familias, sometidas a temperaturas extremas tanto en las jornadas de calor intenso como en los crudos inviernos. El esquema de salud es crítico y faltan servicios de transporte público que unan los parajes con los pueblos.El sustento diario proviene fundamentalmente del trabajo de la tierra, la crianza de animales domésticos, la utilización de la madera nativa y el empleo informal en propiedades vecinas. Ante la carencia material, Chalbaud destaca la fortaleza y la capacidad de autogestión de los pobladores para resolver sus dificultades cotidianas. No obstante, advierte, el problema central radica en el vaciamiento demográfico provocado por el avance del desmonte y el uso de maquinaria pesada.“Las comunidades del monte van desapareciendo y el bosque chaqueño está siendo destruido día tras día, con los desmontes, con las topadoras, a una velocidad que estremece”, advierte el ingeniero. “En promedio, los últimos diez años venimos perdiendo ocho millones de árboles por año, como mínimo, solo en Chaco. Esto destruye su hábitat y su modo de producir, dejando el monte en muy pocas manos concentradas y con mucha más pobreza a su alrededor”. Así, cuando estas personas se ven forzadas a migrar por la falta de oportunidades, pierden su tejido social: “Las habilidades que desarrollaron en el monte no son reconocidas en contextos urbanos, y tienen que empezar de menos cien para poder rehacerse, yendo muchas veces a espacios ya saturados, como el conurbano bonaerense”, sigue Chalbaud.De parrilla a pastas. Mendiolaza, el destino serrano donde la gastronomía se disfruta sin relojFrente a este escenario, Monte Adentro expandió con los años su radio de acción inicial: la fundación opera actualmente en 40 comunidades del monte chaqueño. La estructura de trabajo se enfoca en educación, deporte, salud, oficios y fortalecimiento comunitario, diseñados para generar espacios de encuentro y arraigo. A la fecha, la organización ha implementado 60 espacios de apoyo escolar semanales que reciben a 500 niños y adolescentes, 20 grupos deportivos y 40 instancias de capacitación profesional en oficios, donde participan 200 jóvenes y adultos.La fundación no percibe subsidios estatales; se sustenta mediante los aportes mensuales o anuales de padrinos individuales. Estas contribuciones económicas están destinadas de forma directa al sostenimiento de los talleres de alfabetización, las atenciones nutricionales materno-infantiles, las escuelas de deportes y los talleres de formación en carpintería y apicultura.El trabajo de esta gestión comunitaria se ve reflejado en la alfabetización y la finalización del nivel secundario de numerosos jóvenes, controles de salud desde la primera infancia, la instalación de paneles solares para dotar de luz eléctrica a las viviendas y la construcción de cisternas familiares para el almacenamiento de agua limpia. En el plano deportivo, también se destaca la articulación colectiva: “Las escuelas de fútbol se potencian porque los papás y mamás de cada comunidad se organizan todos los meses para ver cómo llegar a donde se tenga que jugar, y lo hacen en grupo”, relata Juan.Otra de las comunidades logró organizarse para edificar un salón comunitario, establecer conexión inalámbrica de internet y asegurar la presencia de personal sanitario. “Es un ejemplo de una comunidad que logra ser más grande que el conjunto de individuos. Una comunidad así fortalecida puede pensar a largo plazo en crecer, porque su fuerza no va a depender de unos pocos, sino de un conjunto que va aprendiendo día tras día cómo construir dialogando, planificando, ejecutando”, subraya Chalbaud.
Fuente: La Nación