“Cuidar y no juzgar”: el debate que generó la decisión de Ariana Grande en la intimidad de las familias

Si hay algo que Rosario aprendió en estos años de convivir con su hija adolescente, hoy de 17 años, es que no hablar del cuerpo de los otros es un mandato inquebrantable. Fue por eso que, cuando vio la noticia de la crisis personal por la que estaba atravesando la cantante Ariana Grande, que anunció su decisión de terminar su gira actual y retirarse por un tiempo, preventivamente de la vida pública, tuvo que morderse los labios para no hacer alguno de esos comentarios que Ana, su hija fuera a considerar desubicados. “No voy a decir esta chica está mal. No voy a decir que algo le pasa. Pero es que algo le pasa”, pensó. Más tarde, leyó en redes y en distintos medios publicaciones sobre cómo la extrema delgadez con la que se la vio a la cantante había desatado en todo el mundo un debate en clave de corrección política, sobre lo que se puede decir y lo que no sobre la apariencia incluso de una figura pública, pero que a ella como madre la dejaba con gusto a poco. “¿De qué lado del debate deberíamos posicionarnos? ¿Por qué esas imágenes que nos interpelan tanto, no pueden traducirse en palabras, al menos en palabras que no lastimen a nadie, sino todo lo contrario?”, apunta Rosario, de 46 años.“Cada vez que una celebridad parece bajar de peso, se inicia el mismo debate. Algunos dicen que no deberíamos opinar sobre el cuerpo de los demás. Otros argumentan que guardar silencio ignora la posibilidad de que alguien esté pasando por un mal momento. ¿Cuándo deja de ser una preocupación genuina para convertirse en un escrutinio perjudicial? Es una pregunta que mucha gente se ha estado haciendo tras el reciente debate público sobre la apariencia de la cantante Ariana Grande”, escribió la psicóloga norteamericana Vivianne Lewis, que desde hace más de 20 años se dedica a investigar y trabajar con personas que padecen trastornos alimentarios.Su artículo fue publicado en The Conversation, un sitio web académico, que publica artículos de científicos e investigadores editados por periodistas. Y concluye: “la próxima vez que te preocupes por la salud de alguien, no te preguntes qué ves al mirar su cuerpo. Pregúntate qué necesita como persona. Ese simple cambio, de la mirada crítica a la compasión, puede marcar la diferencia”.“Frente a los cambios físicos de una figura pública, es frecuente que se busquen explicaciones inmediatas. Sin embargo, desde la psiquiatría y la medicina de los trastornos alimentarios, el aspecto físico por sí solo no permite diagnosticar nada”, apunta Juana Poulisis, psiquiatra infantojuvenil especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).“Un cuerpo delgado no equivale a anorexia nerviosa, y muchas personas con trastornos alimentarios no lucen como la gente imagina. La pérdida de peso o cambios corporales pueden tener múltiples causas, médicas, psiquiátricas, farmacológicas, situaciones de estrés, duelos, entre otras. En ese contexto, hablar de salud mental con responsabilidad implica no reducir a la persona a su cuerpo, y recordar que nadie elige enfermar. Como profesionales de la salud, nuestra tarea es promover información basada en evidencia y una cultura de cuidado, no de juicio. No se trata de adivinar diagnósticos, sino de fomentar empatía, acceso a la atención adecuada y respeto por la dignidad de cada persona”, explica.“Hablemos desde la empatía”El foco de la conversación social no debería estar, dice la especialista, en los trastornos alimentarios, sino de los prejuicios de la salud mental cuando uno ve a una persona que por alguna razón está muy delgada o por encima de su peso. “Nos da para pensar cómo el entorno y en este caso la opinión pública reacciona ante estos cambios de peso. Estos cambios no nos dicen nada y nos dice mucho. Nos hablan de no estabilidad. Un descenso de peso abrupto puede darse por muchas razones físicas, de medicación, por desregulación hormonal, ansiedad, miles de opciones. Me pregunto qué pasa con la sociedad que lo que mira es el cuerpo y no puede ver más allá del sufrimiento del otro. ¿Por qué (la cantante) se tiene que retirar? Esto lo podemos traspolar a nuestra mirada sobre quienes tenemos cerca. Quizás no sabemos por qué está como está. Hablemos más desde la empatía. Dejemos de jugar a las adivinanzas con el cuerpo y el supuesto diagnóstico del otro”, agrega Poulisis.“Comentar sobre la apariencia de los demás, lo que creen que sucede tras bambalinas, su salud o cómo se presentan, desde la ropa que usan hasta su cuerpo, su rostro, todo se hace desde una comodidad que me parece realmente peligrosa”, dijo Ariana Grande en una entrevista en diciembre de 2024 cuando la consultaron sobre este mismo tema.“Como cualquier otra persona, Grande merece privacidad al cuidar su salud y estar libre de comentarios crueles. Sin embargo, debido a su nivel de fama, también tiene mucha influencia; intencionalmente o no, su apariencia inevitablemente contribuye a los estándares de belleza actuales. Entonces, ¿deberíamos hablar de cuerpos como este? Los expertos en salud mental dicen que la respuesta corta es no, pero hay maneras de tener conversaciones apropiadas sobre preocupaciones sociales más amplias; simplemente se requiere un enfoque más matizado”, publicó en estos días el USA Today.Frente a los cambios físicos de una figura pública, es frecuente que se busquen explicaciones inmediatas sobre las causas. Pero esto, también puede resultar un discurso que bajo argumentos de salud, enmascara otros, advierten los especialistas. “En un mundo en el que el primer requisito de la feminidad es la belleza, en el que la belleza exige cada vez más delgadez, en el que la iconografía de mujeres visibles, especialmente de artistas que se dirigen a un público adolescente, es de figuras cada vez más delgadas, necesitamos seguir hablando de esto, básicamente porque no cambió nada”, dice la escritora y abogada Lala Pasquinelli, autora del libro La estafa de la feminidad, y fundadora del movimiento “Mujeres que no fueron tapa”. “Que hablemos no quiere decir que lo hagamos en los términos misóginos y patriarcales en los que en general se critica el cuerpo de las mujeres, personalizando los comentarios, siendo hirientes, tratándolas como objetos. Pero necesitamos seguir hablando y señalando a los responsables, a quienes toman las decisiones sobre lo que se muestra y lo que no. Tenemos que insistir en cuestionar que la industria de la música, de lo audiovisual, de la moda, solo les propone a las niñas, adolescentes y jóvenes artistas, actrices, modelos que cada vez son más delgadas”, agrega Pasquinelli.“¿No hay mujeres con talento cuyos cuerpos no sean hiper delgados? Ariana Grande, su cuerpo cada vez más pequeño no es una excepción en la representación de la feminidad ideal, es la regla. Y eso más allá de las causas de esa delgadez debería ser abordado con más responsabilidad. ¿Qué efectos tiene esta representación de lo femenino en la psiquis y la autoestima de niñas, adolescentes y jóvenes? La misma que ha tenido siempre, el arrasamiento, conducirlas a un vínculo violento con sus cuerpos y con ellas mismas. Allí aprendemos lamentablemente que la gestualidad de abstenernos de alimentarnos es la adecuada a la feminidad, que cuanto más delgadas más reconocidas, exitosas y queridas”, apunta Pasquinelli. Y agrega: “No hablar de los cuerpos no puede ser un dispositivo que nos censura e imposibilita tener una mirada crítica sobre lo que está arrasando a nuestras niñas y adolescentes y cada vez más, aunque no al mismo nivel a los varones. Es importante mirar también lo que sucede con los varones, ¿se les exige la misma delgadez? ¿Reciben los mismos comentarios sobre sus cuerpos? ¿Importa tanto cuánto pesan o no para ser visibles? Tenemos que ser capaces de dar estas conversaciones con las infancias y las adolescencias, pero también de tomar las decisiones correspondientes, entendiendo el daño que les provoca exponerse a esas representaciones, entendiendo que es nuestra responsabilidad su cuidado”, dice.No diagnosticar por la apariencia“No podemos diagnosticar trastornos alimentarios por la apariencia; debemos dejar de juzgar y convertir el cuerpo de las mujeres en un espectáculo público”, apunta Julieta Direnzo, nutricionista especializada en TCA, miembro del equipo de la organización Anybody Argentina.“En estos días se habló mucho del cuerpo de Ariana Grande y entiendo que muchas personas digan que les preocupa verla tan delgada. La preocupación, seguramente por el sufrimiento del otro, nos puede resultar genuina, pero también creo que hay algo que necesitamos revisar. Ninguna persona puede ser diagnosticada por el tamaño de su cuerpo. Ni mirando una foto. Estos se evalúan escuchando la historia de esa persona, su relación con la comida, con su cuerpo, con el ejercicio, con el miedo, con el sufrimiento y con muchos otros aspectos que no se ven. Entonces, ¿qué hacemos cuando una persona o una imagen de una persona nos preocupa? Podemos reconocer esa preocupación sin transformarla en un diagnóstico ni en una conversación pública sobre el cuerpo de alguien”, dice.Y agrega: “No es casual que, una vez más, el cuerpo de una mujer se convierta en un tema de debate colectivo. Históricamente, los cuerpos de las mujeres han sido tratados como objeto sobre lo que cualquiera puede opinar, evaluar y juzgar. Cambian los motivos, es decir, si engordó, se adelgazó, si se ve bien, si se ve mal, pero la lógica sigue siendo la misma. Su cuerpo parece estar disponible para el consumo y la opinión pública. La pregunta más importante no es si Ariana Grande tiene o no un TCA. Probablemente no nos corresponda saberlo. La pregunta que sí vale la pena hacernos es, ¿por qué seguimos sintiendo que tenemos derecho a opinar sobre el cuerpo de una mujer como si fuera un asunto público?”“¿Por qué es un tema de tanto interés hablar sobre el cuerpo de las personas? A veces, el error es plantearlo desde lo individual. Así como la raza y el género son posibles desjerarquizadores de las personas, también lo es el cuerpo. Hoy so

Fuente: La Nación