Al rescate del tabaco criollo salteño: Un programa capacita a pequeños productores para cultivar esa variedad de modo agroecológico y a partir de allí darle valor con la elaboración de puros

Si el proyecto es lindo, personas que podrían considerarse “competidoras” entre ellas terminan siendo socias y amigas. Así se definen Silvana Laguna y Alejandra Diarte, a quienes encontramos en el pabellón de Salta en la Exposición Rural de Palermo. Ambas están ligadas a un cultivo muy tradicional en esa provincia, el tabaco. Pero el proyecto que las unió implica darle una vuelta de tuerca a la producción tradicional,  que en general apunta al tabaco Virginia destinado a la exportación y fabricación industrial de cigarrillos. Ellas en cambio elaboran puros o habanos con una variedad especial, la criolla salteña.
“No somos competencia, hacemos lo mismo. Tratamos de especializarnos, de acompañarnos, porque esto es lo que nosotros elegimos hacer. Es algo muy pequeño, muy chico, y estamos remándola para que se conozca el tabaco criollo salteño”, explica una de las amigas que comparte un pequeño espacio en el stand institucional, donde se expone el fruto de ese programa de revalorización de un cultivo para que además sea útil a los pequeños productores. Incluso las dos amigas representan a una empresita más, que no pudo viajar.
Lo que hacen son puros a partir de una variedad “criolla” de tabaco cultivada en tiempos ancestrales en el Valle de Lerma, la zona tabacalera en Salta, y producido con prácticas agroecológicas (es decir, sin uso de ingredientes químicos) en pequeñas fincas cuidadosamente seleccionadas.
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Silvana Laguna proviene de Chicoana, una localidad donde el tabaco es palabras mayores: tanto que es sede obligada de la tradicional Fiesta Provincial del Tabaco todos los años. Alejandra Diarte está a unos 50 kilómetros de distancia de allí, hacia la serranía camino a Cafayate por la Quebrada de las Conchas, uno de los lugares más bellos de la república.
Diarte cuenta que el programa en la que ambas se involucraron intenta el rescate de la variedad Criolla Salteña, para producirla de modo agroecológico y tradicional, porque incluso las hojas se secan naturalmente sin usar las estufas a gas o leña de los productores más comerciales. “Lo que nosotros buscamos es instalar un tabaco más sano”, dice Alejandra, sin detenerse en la contradicción.
Quienes motorizaron este proyecto fueron el INTA y la Secretaría de Agricultura Provincial (cuando existía a nivel nacional), además del propio gobierno salteño y la propia Cámara del Tabaco de Salta. A grandes trazos, la producción de tabaco ocupa gran cantidad de mano de obra en las provincias del norte, y para hacerlo de modo agroecológico se necesita trabajar muchísimo más, porque todo el proceso es artesanal.
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Pero la vuelta de tuerca aquí es que se buscó incorporar además una salida comercial a la producción de esos pequeños productores en la elaboración de puros, que apuntan a un segmento de consumo de mayor valor y que permiten generar todavía más puestos de trabajo.
-¿Y cuántos pequeños productores están trabajando en este proyecto?- preguntamos.
–Seguro que más de 20. O sea, hay mucha gente que se capacitó porque esto fue una capacitación que se hizo con un profesional cubano. Él nos enseñó el tema de la armada, del tratado de las hojas y todo.
Silvana y Alejandra hablan de “puros” y no de “habanos” porque aquel producto tan tradicional de Cuba tiene una denominación de origen que protege su nombre ligado a la capital de la isla. Aprendimos algo: por eso se usa el genérico para denominar localmente el producto salteño.

Ellas están convencidas de que lo que hacen, y que cada una vende con su propia marca, es un muy buen producto para quienes disfrutan de los habanos. Refieren: “Este bueno de sentir. Es un tabaco que no es ni rubio ni oscuro, es un tabaco intermedio, es un tabaco suave. Es rico además por el sentido, es algo ecológico, no lleva agroquímicos, es un cultivo más natural”.
El proceso de armado de los puros lleva su tiempo. Por caso, las hojas que se utilizan (unas cinco por pieza) deben permanecer estacionadas durante al menos dos o tres años, en condiciones controladas, para que vayan perdiendo la humedad sin secarse por completo, lo que haría imposible el armado del cigarro.
“Nosotros tenemos la planta, la cosechamos, la colgamos, demora de 30 a 45 días en secarse y llegar a este estado. Una vez que se secó lo guardamos en cajas y ahí va estacionado. Lo mínimo es un año que tiene que estar para recién poder elaborar el puro”, nos explican las mujeres. Así se estabiliza el aroma, sabor y color del producto final, “porque cuando ves la cosecha fresca no tiene olor y sabor a nada. Al estar estacionada ahí se concentra todo”.

Relata Silvana: “Una vez que tenemos ahí las hojas en la mano, calculamos la cantidad de tabaco para elaborar en determinado puro. Empezamos a enrollarla sobre una hoja húmeda llamada capote para formar la tripa, que las colocamos en un molde. Tenemos molde para diferentes medidas. Lo colocamos allí, lo tapamos, lo prensamos y después que tenemos la tripa armada la envolvemos nuevamente con otra hoja que se la denomina capa”.
Uno de los padres de este programa es Ramón Saavedra, que es ingeniero zootecnista y salteño hasta la médula.
-¿Por qué se pusieron a rescatar el tabaco criollo salteño?
–Todo esto nace con una demanda del gobierno de la provincia de Salta de tener un souvenir de la tierra tabacalera. La gente que la visita no se lleva una planta. El tema es que en en Salta, en el Valle de Lerma, dejaron de producir tabaco criollo porque no había demanda. El tabaco que se produce es generalmente el tabaco rubio, pero los tabaco para puro son negros y son los criollos, pero en Salta se dejo de ser criollo cerca de 2010 y luego el mercado internacional no nos compraron más y quedaron muchos pequeños productores sin actividad, sin trabajo.
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El proceso de recuperación de estas variedades lleva ya unos quince años: primero se comenzaron a buscar las variedades del banco de germoplasma que tiene -cuando no- el INTA en esa provincia. Y después, mediante un “fumo” o cata de esos tabacos, se fueron seleccionado las más adecuadas para transferir las semillas a los productores.
Allí apareció el especialista cubano que comenzó a seleccionar las variedades de acuerdo con el objetivo final, que ya era la elaboración de los puros. El especialista contratado por Salta venía de trabajar nada menos que en Cohiba, una de las más reputadas marcas de habanos del mundo.
“Allá tiene una sola variedad. Lo que cambia mucho son los lugares, como el vino. Es distinto en cada lugar. Acá es lo mismo, tenemos mucha variedad de tabaco negro. Entonces se hizo una selección en estas catas y quedaron tres variedades que son el criollo salteño, el burley, que lo usamos únicamente para la capa, y el criollo correntino, que forma el blend para la tripa”, enumeró Saavedra.

Las capacitaciones para el armado de los puros continúan todavía. Según el coordinador del programa, ya unos 70 u 80 pequeños productores recibieron instrucciones para armar sus propios puros, aunque por ahora unos 30 pusieron manos a la obra. Ahora hay muchas pequeñas empresitas que producen ese souvenir para vender a los turistas y a los curiosos, para que lo puedan degustar junto a un buen vino de Cafayate o luego de un cabrito de los valles calchaquíes.
Ahora Ramón quiere ir por más: “Estamos trabajando en la denominación de origen porque hay otras provincias que hacen puros, como Corrientes, Misiones, Tucumán, Catamarca”, dice. Pero con tabaco criollo salteño solo ellos trabajan. Es eso lo que quieren destacar.

Fuente: Bichos de Campo