Le mostraron la foto de un hombre, aceptó casarse sin conocerlo y hoy su historia inspira: “Quien lo prueba, no lo olvida”

La primera vez que Tina y Michele se vieron fue por foto, un hecho insólito, teniendo en cuenta de que por años habían vivido a la vuelta de la esquina uno del otro. `Fue un auténtico amor a primera vista, o, más bien, a primera foto´, suelen decir.En realidad, el día en que Tina vio la fotografía de Michele por primera vez, él se hallaba bastante más lejos que a la vuelta de la esquina. Por aquellos tiempos, Michele -también Miguel en la Argentina- vivía en Buenos Aires, a miles de kilómetros de distancia de la joven, pero estaba movido por un deseo peculiar que llevó a mitigar tanta distancia. Él, a pesar de vivir en Argentina, se quería casar con una italiana de su pueblo, de Ricadi, en la región de Capo Vaticano. Fue así que para lograrlo les envió una foto suya a sus padres y ellos eligieron a la muchacha que vivía a la vuelta, sobre la calle Via Roma 11.Sin rodeos, y con foto en mano, los padres de Michele les hicieron la propuesta a los padres de Tina, quienes le entregaron a su hija la imagen de un hombre desconocido y que se encontraba al otro lado del océano. Ella, con 18 años, vio en la foto a un hombre de 25 años, elegante, de mirada profunda y sonrisa seductora: `Suspiró, y los latidos de su corazón la delataron. Dijo que sí, que quería casarse con él´, cuenta la historia.Un casamiento en el pueblo natal: “La mamá de Franca, les regaló una gallina”Durante los siguientes meses se escribieron cartas y fue a través de sus plumas que develaron sus primeros pensamientos y emociones compartidas. Y tiempo después llegó el día inolvidable en que sus miradas se cruzaron por primera vez para casarse. Uno frente al otro, en la iglesia del pueblo donde nacieron, Ippolitina lució un vestido blanco hecho a medida por una modista de San Nicoló, un pueblo vecino. Su abuelo, Francesco, que era organista del pueblo, tenor y tocaba en las dos iglesias, les cantó el Ave María y tocó el órgano: “Su voz retumbaba en la plaza. La mamá de Franca, una prima de Michele, les regaló una gallina”, dice también la historia. Para disfrutar los primeros meses como matrimonio, alquilaron un departamento en la otra cuadra de la casa familiar, arriba de la joyería. Y así, en el idilio del amor que acababa de comenzar, a los pocos días, Tina quedó embarazada. Sin embargo, la distancia que parecía estar destinada como parte de su historia, regresó a sus vidas: Michele tenía un permiso por un año para quedarse en Italia. Su deseo era que su mujer la acompañe en su regreso a la Argentina, pero a Tina no la dejaron subir al barco: le dijeron que no iba a aguantar quince días de jaleo en el mar. Fue un momento amargo. Michele se volvió a Buenos Aires y Tina a la casa de sus padres. Conocer a un hijo, y una familia unida por el amor y el esfuerzoRaimondo Salvador Juan nació el día de San Juan. Hacía calor y hubo fiesta y procesión en el pueblo. Tina eligió el nombre Salvador en una promesa a su mamá.La mujer, con un niño recién llegado al mundo y un corazón que extrañaba, no pudo esperar mucho más. Su padre vendió la tierra que había heredado en Tropea y con el dinero costeó el viaje de su hija a Buenos Aires. Tina recién pudo viajar cuando el bebé tuvo tres meses. En el puerto estaba su esposo esperándola, ahí conoció a su hijo: “Tenía puesta la ropita que él les había mandado a Italia, y también el hermoso ajuar”, suele contar Tina. Al fin unidos, se fueron a vivir al barrio de Palermo, en la calle Humboldt, junto a su cuñado, Antonio, y su mujer, Linda. Cada uno tenía su habitación. Era una casa grande, con jardín al frente y patio. Allí, en Buenos Aires, Michele trabajaba como sastre. A fuerza de ingenio, tiempo y sudor nació Schiariti hermanos en el año 50, la sastrería de Michele y su hermano, Antonio. Los dos cosían, entre hilos y agujas fueron hilvanando el prestigio de la familia. Luego continuaron los hijos de Michele: Raimundo, Franco y Alberto: `En el 2014, ganaron el primer Premio de Falabella al mejor proveedor de todos los rubros. Y en el mismo año obtuvieron otro trofeo como mejores proveedores de indumentaria´, se escribió sobre ellos.Un matrimonio que despierta la curiosidad de extraños: “Conocer el amor de otra época, otro modo de amar”En la casa compartida, Michele, Tina y la familia que formaron, vivieron diez años hasta que pudieron hacerse su propia casa, que es donde viven hoy, en el barrio de Chacarita. Tina y Michele nunca dudaron en contar cómo se conocieron en Italia, el viaje a Argentina, la búsqueda por hacerse un lugar en el nuevo mundo, la educación de los hijos. Los relatos se entremezclan con anécdotas de su niñez y juventud durante la Segunda Guerra Mundial, las tradiciones y la adaptación a la cultura porteña. Un retrato de época que se transformó en un libro (Amore del Capo- Colihue) que cuenta la llegada en barco a `la América´, de lo que significaba ser italiano y no saber el idioma, del esfuerzo y crecimiento entre hilos y agujas. Y el recuerdo eterno, como una foto grabada en la memoria, de la vida del pueblo, del campo, del mar en la Costa degli Dei. “En esta historia no faltan las recetas típicas, poemas y canciones”, cuenta la autora de la obra, Jéssica Fainsod. “Tina cuenta las entrevistas que le hicieron para la radio, la televisión y los medios gráficos, que la hicieron famosa. Tal es así, que viajan de diferentes lugares del país y del mundo a conocerla, a conocerlos”. “Tienen, de pronto, muchas orejas interesadas en su historia, en su vida, en su superación. Hablan de ellos, muestran su intimidad en sus redes sociales. Ellos, que no tienen ni celular, pero tienen más de cien mil seguidores en las redes. Hay quienes les escriben desde Santa Cruz, en el sur de la Argentina, para preguntar por la salud de Miguel, o les mandan besos y abrazos desde Estocolmo. Pasaron a ser una atracción turística: ellos, sus detalles, su sonrisa, su amor. ¿En qué época estamos que el amor es una atracción tan poderosa como para tomarse un colectivo e ir a conocer el amor de otra época, de otro modo de amar?”.“La de Tina y Michele es la historia de un auténtico licor de amor calabrés que ya lleva setenta años. Quien lo prueba, no lo olvida. Un amor de película, un amor para siempre”. Hace tres días, Tina nos informó del fallecimiento de su querido marido, Michele. Su recuerdo y su maravillosa travesía de vida y amor vivirá por siempre en muchos corazones. Y como ella dijo al despedirlo: “Este es el último barco que se tomó Miguel”.*Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar

Fuente: La Nación