Toto no quiere turbulencias: vuelven las tres anclas

No es tiempo de valientes. Si el Gobierno tiene en claro algo es que, con la conversación electoral de fondo, a partir de ahora el conservadurismo será la norma. Esto rige en todos los órdenes de la economía. Las señales son claras, y ya no solo en lo fiscal, donde las cuentas se mantienen a raya con celo desde el día uno de la gestión libertaria. El objetivo ahora es que el dólar se mueva solo en cámara lenta y que las tasas de interés, en lo posible, se mantengan estables. Nada de olas, nada de ruido, no importa qué. La semana pasada, una primera señal vino por el mercado cambiario. Con una participación del Tesoro poco habitual de US$145 millones -porque si bien viene interviniendo a diario, en el neto pocas veces termina con un saldo negativo de dólares-, el Gobierno dio un mensaje al mundo inversor: la barrera (por ahora) estará en los $1500 por dólar. Si bien el tipo de cambio cotiza muy lejos del techo de la banda que se fijó a comienzos de año -hoy de $1845-, y apenas acumula un aumento del 2,9% en lo que va de 2026, en Economía enviaron el mensaje de que no quieren que el dólar mayorista, el que luego marca la tendencia para el resto de las cotizaciones, se vaya más allá de los $1500.La segunda señal, la monetaria, llegó unos días más tarde. El jueves de la semana pasada, el Tesoro debía renovar vencimientos de deuda por $8,45 billones. Pero encendió la aspiradora a una potencia muy superior: se llevó del mercado $12,21 billones, $3,76 billones más de lo que necesitaba. Al son de los dictados libertarios, resultó agresivo por demás. Las tasas de interés en pesos empezaron a escalar el mismo viernes con fuerza, porque muchos de los bancos e inversores que habían comprado bonos debieron salir al mercado a tomar pesos para pagarlos. A modo de referencia, la tasa por préstamos entre bancos privados pasó de 21% al 24% anual. Economía puso rápidamente en marcha un plan de contención. A primera hora del viernes, hizo dos colocaciones en el Banco Nación: un depósito a plazo fijo por $2,5 billones y un depósito a la vista por $1,5 billones. Básicamente, todos los pesos que había tomado de más los puso en custodia del principal banco estatal del sistema, y no en una cuenta en el Banco Central, como suele hacer cada vez que emite bonos. Con esta billonada de pesos, el Nación salió a hacer de prestamista de última instancia y a proveerle de liquidez al mercado e intentar calmar las tasas. Las alarmas sonaron, y fuerte. No parece un momento propicio para habilitar una suba en el costo del dinero. La actividad está sufriendo la falta de combustible del crédito bancario y todavía hay muchas familias y empresas pequeñas pedaleando para regularizar sus deudas. Recién el martes de esta semana, con las aguas algo más calmas, el Tesoro sacó pesos del BNA para ponerlos en el BCRA, como dictaban los usos y costumbres. Aunque, a las pocas horas, revirtió la operación. Idas y venidas, que denotan el humor de un mercado que empieza a sensibilizarse.La administración de la liquidez del sistema vía el Nación y no el BCRA, que de gozar ya de una independencia real debiera ser quien administra la política monetaria, pareciera tener el objetivo de no alterar el mercado inversor. Al igual que sucede en el circuito cambiario, hay una búsqueda deliberada del equipo económico de no dejar huellas. Si hay que intervenir, que no se note. Son cuando menos conductas ambivalentes en un momento en el que -con razón- el propio presidente de la Nación, Javier Milei, encabeza una cruzada para conseguir por ley blindar el funcionamiento del BCRA del accionar de la política. Pero el pragmatismo primó por sobre la ideología en más de una ocasión en la gestión libertaria. Nada indica que vaya a cambiar ahora.Se empieza a calentar el debate electoral y hay cada vez menos margen para ruidos en la economía. Dólar quieto y tasas estables son fundamentales. El equipo económico está encorsetado; no es mucho más lo que puede hacer para dar buenas nuevas en materia económica. Las encuestas recientes muestran que al Gobierno le está costando sostener el ánimo del electorado. La última, la que realiza Atlas Intel junto con Bloomberg, mostró en julio una caída de la aprobación del presidente Javier Milei del 40% al 37,1%, mientras que el nivel de desaprobación subió del 58% al 62,4% el mismo mes. Se entiende la crispación reciente de muchos funcionarios económicos. Más allá de que muchas veces Caputo optó por leer por encima los postulados de los manuales libertarios, tampoco hay intenciones de tirarlos por la borda. Hay ansiedad porque los sectores económicos pujantes -minería, petróleo y gas, y agro- empiecen a derramar. También porque el sistema financiero retome su rol como motor de la economía. Las iniciativas en marcha para avanzar con alguna inyección adicional de fondos por parte de la Anses, sin embargo, todavía siguen en terreno de debate. La administración libertaria, admiten desde adentro, tiene un problema de gestión. En gran medida, porque es poca la gente que tiene formada para ocupar puestos claves. Tanto es así que, en las últimas semanas, el Ministerio de Capital Humano, que conduce Sandra Pettovello, buscó el auxilio del extitular de la Anses, Osvaldo Giordano, para que asesore -aunque más no sea sin ocupar cargo formal- en el día a día de la administración del organismo que se encarga de pagar las jubilaciones y pensiones. Giordano, que había sido echado sin mucho protocolo de la Anses en febrero de 2024, luego de que su mujer, la legisladora cordobesa Alejandra Torres no votara en línea con el Gobierno la Ley Bases, hoy participa activamente en reuniones en el Ministerio de Economía y en Capital Humano por diversos temas relacionados con la Anses y con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS). Su injerencia en uno de los organismos más relevantes del Estado nacional sigue siendo clave, aseveran diversas fuentes que participan de la gestión. Así como en lo monetario y lo cambiario el Gobierno se esfuerza por mantener la estabilidad, también en los próximos días el Tesoro nacional informará que en lo fiscal, después de un desliz en junio, una vez más logró reencauzar sus cuentas. Julio cerró con un pequeño superávit fiscal y financiero. Todo marcha acorde al plan (aunque para agosto, los números vienen finitos, con el pago este viernes al FMI de intereses en DEG, la moneda del FMI, por 589 millones o US$ 800 millones).“No tendremos turbulencia electoral”, insistió esta semana Caputo en un evento en la Cámara de Agentes de Bolsa. Pero, por las dudas, también el BCRA sigue haciendo los deberes para sumar poder de fuego. Lleva comprados en el mercado de cambios unos US$13.400 millones en lo que va del año, renovó el swap -préstamo contra garantía de bonos- de US$5000 millones con el Banco de China por cinco años y, en sigilo, sigue limpiando su balance. El Tesoro le canjeó al Central en estos días casi US$800 millones de Letras Intransferibles -eufemismo para papeles de poco valor que le había entregado en el pasado- por bonos Bopreales en dólares, que recibió como parte del pago de impuestos. No son meses fáciles. Pese a la caída en las encuestas, para la política Milei sigue siendo la figura más fuerte de cara a la contienda electoral. Así lo consideró ante inversores de Wall Street la semana pasada el gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, que estaba en pleno road show para emitir deuda. Sin eufemismos, dijo que para él Milei será reelecto. Entre los inversores, la mayoría de las preguntas giraron en torno a la política. Aunque también llamó la atención que le preguntaran al gobernador por la mora bancaria en la provincia. Más allá de que “la mora es un problema entre privados”, como afirmó el presidente Milei en una entrevista con Luis Majul, para los inversores ya es una variable que habla de la salud de la macro.En Wall Street, no obstante, afirmaron que hasta noviembre el mercado está dispuesto a acompañar. Fue la conclusión que quedó de las reuniones que tuvo San Juan en Estados Unidos y en Londres. Con esto en mente, después de colocar US$500 millones en mayo, la Ciudad de Buenos Aires tiene previsto volver a emitir deuda, aunque en el mercado local, por otros US$150 millones. Como la Nación, ante la duda, mejor ser conservadores y garantizarse este año los fondos. Nadie sabe qué depara 2027.

Fuente: La Nación