“Jamás me había subido a un avión, fue duro cruzar el mundo solo, pero convertí esa angustia en buena energía para meterle para adelante”, cuenta, por momentos con emoción, David Thomas, un joven agrónomo de Tres Arroyos que hace dos años pateó el tablero (el suyo, el de su vida) y cruzó el mundo para conocer otros horizontes y vivir nuevas experiencias. “Se gana bien y podés hacer la diferencia, pero pagás el costo de la soledad”, advierte el protagonista de otro capítulo de la 7ma. Temporada de El podcast de tu vida quien días atrás se volvió para Argentina, un retorno al terruño que se le está haciendo difícil. La nota, de todos modos, transcurrió cuando él aún estaba en Australia y tiene que ver, con los aprendizajes que tuvo desde niño acá, los de allá y los desafíos que vendrán.
Recorrió miles de kilómetros, sumó anécdotas, buenas y no tanto, manejó cosechadoras y equipos gigantes, trabajó con uno de los contratistas más grandes de Australia, estuvo en el gran premio de Fórmula 1 de Melbourne y le arrancó una sonrisa a Colapinto. Relata y comparte sus aventuras con una nutrida comunidad en redes. Desde hace unas semanas en Argentina, confesó que le había pegado un pequeño bajón y que “no te voy a negar que la vuelta pega”, aunque no abandona los sueños de comprar maquinaria y ponerlas a laburar.
A continuación, la entrevista que tuvimos cuando David aún estaba en Australia y a poquito de regresar…
-Contame de tu infancia, ¿Dónde naciste? ¿Cómo estaba conformada tu familia?
-Mi papá es agrónomo y mi mamá profesora de inglés. Vivíamos en el campo que sigue teniendo mi papá. Pasé una muy linda infancia, recuerdo siempre jugar en la tierra con cosechadoras y tractorcitos, animalitos. También me subía a los árboles y hacía chozas. Un poco más grande, atendía los pollos y las gallinas.
-¿Qué producían o producen en ese campo?
-Es un campo chico, por eso mis viejos hacían otras cosas. También hacíamos quinta para comercializar zapallos, zapallitos y vegetales. Y extensivo hacía trigo, cebada, soja y maíz. Además de una decena de vacas para consumo propio que me tocaba atender a mí. Cada tanto venían mis abuelos, y también eran lindos momentos. Recuerdo que ya entrando en mi adolescencia mi abuelo compró un arenero con motor Gordini 4 cilindros, todo deteriorado, oxidado, que fuimos restaurando de a poco. Ese fue mi comienzo con la mecánica, algo que me gusta mucho.
-Llegó el momento de estudiar y elegiste agronomía. ¿Tenías un plan b? ¿Cómo fue esa elección?
-En ese momento a mí me gustaba, y me gusta aún hoy, la actuación. Estaba entre teatro, veterinaria, porque me gustan mucho los animales, y la agronomía, porque también me gustaban las plantas. Y ganó agronomía, que tiene ese mix de las dos cosas. Ojo, la actuación no lo descarto en algún momento (se ríe).
-¿Por qué decidiste irte a Australia? ¿En qué momento de tu vida fue?
-Fue una decisión que tomé por angustia y enojo porque había estudiado una carrera importante, durante varios años y sentía que no era compensada económicamente. Y para colmo me echaron de la empresa donde estaba. Rendí inglés, apliqué la visa, pasaporte al día y a buscar nuevos horizontes. Fue algo muy loco porque nunca me había subido a un avión. Saqué el pasaje sin saber mucho qué podía pasar. Lo único que tenía eran dos contactos en Australia, un amigo y uno de trabajo.
-¿Y te acordás de lo que sentías cuando llegaste? ¿Cómo fueron las primeras horas allá?
-Yo estaba en un grupo de argentinos en Sidney y una amiga justo estaba por ahí y me fue a buscar, tomamos unos mates en la Opera. Y cuando me volvía solo al hostel paso por una plaza y tenía tanta angustia contenida que me largué a llorar. Mi cabeza era un sube y baja. Me agarró una crisis. Tan lejos de todo. Tal es así que se me acercó un homeless, y me preguntó si estaba bien. Le dije que no, que no sabía que carajos hacía acá. Y me dijo: “tranquilo, después todo se acomoda”. ¡Imaginate! Un vagabundo, que no tiene nada, te apaña… en fin.
-¿Cómo conseguiste tu primer laburo?
-El primer laburo fue a través de un grupo de Facebook. Empecé a mandar currículums desde antes de viajar, pero me llamaban, no entendía el idioma, porque el inglés australiano es distinto al inglés que estudiamos. Hasta que me llamó una familia de Queensland, que había estado en Argentina en 2008/09, y me dijeron que vaya a trabajar para la cosecha.
-Contame alguna anécdota de estar laburando en medio del campo australiano.
-Tengo varias. Pero una de las más cómicas es que al principio no entendía nada lo que me pedían por la radio. Los primeros días me costó entender ese inglés raro, pero después ya te hacés el oído. También tuve una mala, mala, con un farmer que se peleaba mucho con el hijo, era bastante renegado, y no le gustó que yo conté en el grupo de facebook que estaba terminando la cosecha y necesitaba seguir trabajando en otro lado. El me quería para juntar piedras, pero yo no quería. “Entonces ándate de mi campo antes de que oscurezca o llamo a la policía”, me dijo. Me rajó de una. Fue un momento bastante feo.
-¿Qué valoran de los argentinos allá?
-Que somos voluntariosos, que lo que no lo sabemos lo resolvemos en el momento a diferencia del europeo que espera que venga alguien y lo resuelva.
-¿Cómo rinde la plata que ganás allá? ¿Más o menos comparado con argentina?
-Bien, muy bien. Acá en el campo te dan alojamiento y comida, todo lo que ganás te queda en limpio. Eso sí, pagás el costo de la soledad. Que mentalmente es importante. Te rinde mucho más que en Argentina, creo.
-Hoy estás en la ciudad, haciendo otro laburo. ¿Por qué dejaste de laburar en el campo?
-Venía trabajando mucho. Había terminado la cosecha con uno de los contratistas más grandes de la costa este de Australia, después me fui a sembrar tomates y se acercaba la siembra de trigo, cebada, lenteja, colza, garbanzo. Conseguí trabajo en la otra parte del país, me compré una camioneta con carpa arriba y le metí 3500 kilómetros. Quería conocer. Llegué a Australia occidental. Caí en Esperance, un pueblo con playa, agua cristalina, puerto y campos. Manejé un tractor articulado que era una bestia, con una sembradora de 18 metros, pero ya empezaba a pagar el costo de la soledad. Me empecé a sentir muy solo. Hacés plata pero te falta con quien compartir. Estás 10-12 horas arriba del tractor, te bañás, comés te dormís y así continuamente. Asique terminé la siembra, vendí el auto, estuve en Perth, y de ahí, 4 horas en avión para Sydney. Necesitaba hacer un cambio, tenía más ofertas de trabajo para seguir sembrando, pero no me daba más la cabeza. Por el momento quiero aprovechar lo que me queda de este segundo año de visa y conocer Sydney, que es muy linda.
-¿Y qué hacés ahora allá?
-Estoy trabajando en una distribuidora de materiales de construcción, cargando los pedidos, de 6 a 15.
-¿Cómo es la paga del trabajo en la ciudad comparado con el campo?
-Estamos hablando de una diferencia a favor del trabajo en el campo y no tenés gastos porque te dan comida y alojamiento. En la ciudad gastás más. Y serán, entre 5 y 7 dólares menos la hora de trabajo en la ciudad.
-Tuviste la posibilidad de ir a ver el gran premio de Fórmula 1, estuviste cerca de Colapinto… contame esa experiencia.
-A mí siempre me gustaron las carreras y esa fue de las mejores experiencias que tuve. Estaba cosechando tomates en un pueblo, y llovieron 50 milímetros. Y dije, ¿Qué hago? Estaba a tres horas de Albert Park, donde se corría la Fórmula 1. Y saqué entradas. Tener de cerca a los pilotos, que te firmen una remera, una bandera, no lo podía creer, estaba en un sueño. Y verlo a Franco, fue fantástico.
-¿Qué comida extrañas de Argentina?
-Principalmente el asado. Cuando vuelva me voy a empachar de asado. Ellos comen mucha pulpa, no con hueso como nosotros. Y los cortes de asado con caros. Y comen mucha salchicha parrillera y hamburguesa.
-¿Qué le recomendarías a alguien que como vos hace un par de años, esté pensando en irse para allá?
-Que se animen. Si lo tienen la cabeza, que lo hagan. Y te lo digo yo que me quería bajar del avión todo el tiempo. Después, que vengan con experiencia en el campo, con un buen currículum y ganas de trabajar y aprender. Y un inglés intermedio, no básico.
-¿Qué tal te va en la cocina?
-Me gusta mucho cocinar pastas porque cuando era chico mi abuela, mi familia, hacía muchas pastas y me quedó. También a la olla, verduras, carne, guisos. Estofados. Obviamente, también asado.
-Series, películas, ¿por dónde vas?
-En general, las históricas, de época, lo medieval. La última que me gustó mucho es “Outlander”. Me la miré en la cosecha de tomate. Re manija. De chico siempre miraba películas mi papá de ese tipo. También bélicas. Ojo, no de acción de ahora, sí los de antes, Chuck Norris, Mel Gibson, Sylvester Stallone, esos actores me marcaron mucho.
-Música, ¿Qué te gusta escuchar?
-En el campo escuchaba mucho country y chacarera. En la ciudad mucho rock. Y hay una banda que me gusta mucho de Argentina que es Turf. También Ataque 77, el Indio Solari. Rock en castellano y en inglés.
-Si pudieses ir a la imaginaria biblioteca de talentos y agarrar uno que no tengas, ¿Cuál sería?
-Uff… Manejar bien y ser corredor de autos.
-Si pudieses viajar en el tiempo. ¿Adonde irías y para qué?.
-Me gustaría volver a la época de la inmigración, cuando vinieron los inmigrantes de Europa, al puerto de Buenos Aires, mirar el lío que era eso de tantos que venían. Y seguir entendiendo la dinámica cultural y social argentina.
-Imaginate que el David que sos hoy, que ha transitado todo este camino, se cruza con aquel que estaba empezando el camino, esperando el avión en Ezeiza. ¿Qué le dirías al oído? Para allanarle el camino, para ayudarlo, prevenirlo, tranquilizarlo.
-Que le meta para adelante, que no afloje nunca (se emociona), porque fue duro encarar todo solo. Y le diría que más adelante se va a sentir muy orgulloso de lo que hizo, de la experiencia que hizo y jamás se la va a olvidar.
Agro & Campo
David Thomas, un agrónomo de Tres Arroyos que vivió la experiencia de viajar: “En Australia se gana bien y hacés la diferencia, pero pagás el costo de la soledad”
Fuente: Bichos de Campo