Otra invalorable colaboración del ingeniero agrónomo Roberto R. Casas para Bichos de Campo, esta vez para contar los orígenes históricos en la Argentina del día del Ingeniero Agrónomo y el Médico veterinario, cada 6 de agosto.
Casas es director del Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua, PROSA – FECIC; académico de número da la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, y docente universitario. Este es el texto histórico que envió:
El 6 de agosto de cada año se celebra el día del Ingeniero Agrónomo y del Médico Veterinario en conmemoración del comienzo del dictado de las clases en 1883, en la primera institución de educación superior en ciencias agrarias del país: el Instituto Agronómico Veterinario “Santa Catalina”, situado en Lavallol, Provincia de Buenos Aires. Este instituto fue creado mediante ley 1424 del año 1881, durante el gobierno provincial del Dr. Dardo Rocha.
Es un día destinado a destacar el trabajo de Ingenieros Agrónomos y Médicos Veterinarios que desde la investigación, la extensión, la docencia y el asesoramiento técnico, aportan sus conocimientos para fortalecimiento del sector agropecuario y el desarrollo del país.
En este día, recordamos nombres insignes, personalidades forjadoras de la agronomía y veterinaria de nuestro país tales como Lorenzo Parodi, Joaquín Zabala, Alberto Soriano, Ezequiel Tagle, Walter Kugler, Osvaldo Eckell, Jorge Molina, Scholein Rivenson, Antonio Prego, José María Agote, Angel Marzocca y Alfredo Manzullo, entre otros.
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Santa Catalina: allí nació todo. El nombre “Santa Catalina” aparece por primera vez documentado en una escritura del año 1819, en carácter de “Estanzuela de Santa Catalina”, en referencia a Santa Catalina de Siena. Las fértiles tierras eran utilizadas para el pastaje de las caballadas militares y los rodeos de vacunos, a través de la cría extensiva. Parte de la estancia Santa Catalina fue vendida a los hermanos Juan y Guillermo Parish Robertson, dos escoceses dedicados al comercio exterior, para promover el establecimiento de compatriotas europeos en la campaña de Buenos Aires.
Según relatan De Magistris, A. A. y Fiedczuk, A. S. por su iniciativa, y bajo el gobierno de Bernardino Rivadavia, en 1825 se radicó en Santa Catalina y otras dos estancias contiguas, un contingente de 220 escoceses con el fin de establecer una colonia que contaría con la garantía de la libertad de culto.
La forestación fue un aspecto muy atendido por los colonos, quienes se dedicaron básicamente a tareas agrícolas y de granja, especialmente a elaboración de alimentos lácteos como quesos y manteca, y la de frutas y hortalizas en forma de dulces y conservas. La manteca “Santa Catalina” se vendía en panes de una libra y era la predilecta en la ciudad de Buenos Aires, en aquellos primeros años posteriores a la independencia.
Al sobrevenir varias sequías intensas en la región y debido a la inestabilidad política de la época, los colonos se vieron obligados a dispersarse hacia el año 1830. Durante la etapa siguiente, la estancia Santa Catalina se destinó principalmente a la cría de ovinos de raza, bajo la propiedad de Guillermo Taylleur y luego Patricio Bookey, hasta la venta de las tierras al gobierno provincial.
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Los comienzos de la enseñanza agropecuaria. A partir de 1860 el gobierno de la Provincia de Buenos Aires entiende la necesidad de implementar un plan para la enseñanza en temas agropecuarios por lo que en 1868, decide comprarle Santa Catalina al estanciero irlandés Patricio Bookey quien tenía la mayoría de los terrenos de la colonia escocesa.
Por Ley del 30 de septiembre de 1868, dispuso la creación de un Instituto Agrícola, encomendando a la Sociedad Rural Argentina la elección de un lugar apropiado para tal fin. Eduardo Olivera, primer agrónomo argentino egresado de la Escuela de Agricultura de Grignon (Francia), fue nombrado presidente de aquella institución agraria. Pero ese proyecto no llegó a ejecutarse, pues a causa de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, se destinaron las instalaciones de Santa Catalina para dar refugio a los huérfanos del Colegio de la Merced y los asilados de la Casa Cuna.
Escuela Agronómica y Veterinaria de Santa Catalina. En el año 1881, durante el gobierno provincial del Dr. Dardo Rocha, se promulgó la Ley 1424, que diera origen al Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina, designándose una Comisión Directiva del Haras y Escuela Agronómica y Veterinaria de Santa Catalina, presidida por el Dr. Mariano Demaría, para que se ocupara de su organización y dirección. Tenía como objetivo “aplicar los descubrimientos de la ciencia a las diversas ramas de la producción animal y vegetal, formar hombres expertos y observadores capaces de mejorar los procedimientos de la explotación del suelo”.
Plano general de Santa Catalina, 1883
En su informe al Ministro en 1883, el Dr. Mariano Demaría, consigna que la Escuela y Haras dispone de la siguiente infraestructura: a) el edificio destinado a las Facultades de Agronomía y Veterinaria; b) un edificio destinado al alojamiento de los animales finos que se trajeron de Europa; c) la casa de la administración del Haras y cuatro compartimentos destinados a enfermería de los animales que llegaran a padecer enfermedades contagiosas; d) la construcción destinada a máquinas y depósito de forrajes; e) el baño para los animales; f) los potreros para mantener con la conveniente separación a los animales, y g) los jardines.
El edificio destinado a las Facultades de Agronomía y Veterinaria tenía capacidad para contener cómodamente 200 alumnos internos. Diseñado por el arquitecto Juan Martín Burgos, el establecimiento fue pensado como una institución educativa, que tuviera en cuenta las posibilidades de que alumnos y docentes se instalaran de modo permanente.
Fotografía del edificio de 1883
La comisión directiva, aprovechando el viaje a Europa de uno de sus miembros, el señor Wilson Jacob, le dio encargo de comprar el mobiliario para las clases, comedor, dormitorios, oficinas, ropas de vestir y de cama para los alumnos, utensilios de cocina, etcétera. Los instrumentos para el laboratorio de química y gabinete de física fueron comprados en Europa por el profesor de esas materias señor Julio Frommel, acompañado del rector de la Universidad de Lovaina, Bélgica.
El ingeniero Gustav Joseph André, quien asumió la responsabilidad de ejercer la Dirección General de la Escuela, nació en Bélgica el 8 de octubre de 1850, graduándose en la Universidad Católica de Lovaina, con el título de ingeniero agrónomo. Fue el creador de la agronomía científica en Argentina. Arribó al país en el año 1881 integrando el primer grupo fundacional de ingenieros agrónomos y médicos veterinarios contratado por el general Julio A. Roca para fundar en el año 1882 la Escuela de Agronomía y Veterinaria “Santa Catalina”, primer instituto de enseñanza agraria del país.
El cuerpo de profesores fue contratado en Bélgica y estaba compuesto por los siguientes profesionales: Gustavo André, Director General del establecimiento y profesor de Agronomía; Carlos Tombeur, Director Veterinario y profesor de Veterinaria; Carlos Lambert, Director del Haras y profesor de Veterinaria; Camilo Gillet, profesor de Agronomía; Desiderio Bernier profesor de Veterinaria. Julio Frommel, de nacionalidad francesa fue contratado como profesor de Química y Física.
Fotografía del año 1882 en la que se observan a los fundadores de la Escuela de Agronomía y Veterinaria Santa Catalina, siendo ellos, Artemio Gramajo, Gustavo André, Ricardo Newton, Julio A. Roca, Antonino Cambaceres, Alberto Larroque, Martín Campos, Carlos Tombeur, Daniel Donovan, Mariano Demaría y Luis Guillón.
Manifiesta el Dr. Demaría en su informe al Ministro de Agricultura “La Escuela de Agricultura concurrirá mayormente si cabe, a la riqueza y adelanto de esta provincia, esencialmente agrícola. Si escasos son los conocimientos que poseen los hacendados respecto al refinamiento de ganados, la manera de cuidarlos y las enfermedades a que están sujetos, muchas de las cuales se desenvuelven con carácter epidémico y producen pérdidas incalculables, menores son los de los agricultores con relación al cultivo y explotación de la tierra, incompetencia que se explica teniendo presente que hasta hace poco todos nuestros campos han estado entregados a la ganadería y que la agricultura propiamente dicha ha comenzado recién a desenvolverse con la inmigración de los últimos 15 años, inmigración que si bien nos ha traído hábitos de trabajo, carece de los conocimientos más elementales en la industria que practica y se limita a pedir a una tierra naturalmente fecunda. Y sin embargo nadie ignora que de todas las industrias que concurren a la formación de la riqueza de un pueblo, la agricultura es sin contradicción alguna, la que ocupa el primer puesto, como tampoco se ignora que la explotación y cultivo de la tierra están sujetos a leyes cuya aplicación inteligente disminuye si no evita por completo, las contingencias a que primitivamente estaba expuesta. La importancia del establecimiento de Santa Catalina es indiscutible. Hoy día por medio del haras y por un precio relativamente exiguo se pone el refinamiento al alcance de todos los ganaderos y sí como debe creerse, continúa el gobierno dotando al haras de mayor cantidad de animales finos, pocos años bastarán para modificar provechosamente las condiciones del ganado argentino”.
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El comienzo de las clases. El 6 de agosto de 1883 se inauguró el Instituto Agronómico –
Agro & Campo
Hoy 6 de agosto se celebra el día del Ingeniero Agrónomo y del Médico Veterinario: Roberto Casas reconstruye la rica historia detrás de esta conmemoración y el origen local de ambas profesiones
Fuente: Bichos de Campo