Poco confiables: La Argentina necesita más estadistas y menos “patoteros” para recuperar la institucionalidad

En el año 2013 la Argentina se quedó sin trigo porque, gracias a la intervención instrumentada por el gobierno kirchnerista, se evaporaron los incentivos para producir el cereal.
La semana pasada el gobierno libertario decidió intervenir la actividad de practicaje y provocó la paralización del comercio exterior. Por fortuna, reaccionaron a tiempo y suspendieron la medida para terminar con un conflicto que ellos mismos generaron.
Más allá de los matices históricos y las divergentes naturalezas de las intervenciones, no podemos dejar de advertir que ambas comparten un mismo linaje genealógico: se tomaron desde un escritorio, de manera imprevista, sin consultar a los afectados y con escasa información sobre la dinámica de la actividad intervenida.
La columna vertebral de la economía argentina es la agroindustria. Por lo tanto, todo cambio de reglas de juego en ese sector esencial debería ser estudiado, conversado, debatido y consensuado antes de ser aplicado.
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En definitiva, se trata de propiciar la institucionalidad en desmedro de la discrecionalidad. La iniciativa emprendida por el presidente del Inase, Martín Famulari, en lo que respecta a la búsqueda de consensos para actualizar el marco normativo en semillas es un buen ejemplo en ese sentido (aunque aún tiene aspectos de mejora en materia de comunicación).
Así como la intervención liderada en su momento por Guillermo Moreno terminó mostrando la importancia de los productores agrícolas, lo mismo demostró Federico Sturzenegger con los prácticos. Sin trigo, no hay pan. Sin el servicio de conducción de buques en terminales portuarias, el país queda desconectado del mundo.
El momento de aplicar tal intervención, lamentablemente, resultó muy poco propicio, porque la Argentina se ha transformado, gracias al “apagón logístico” del Mar Negro, en un proveedor de productos agroindustriales libre de riesgos bélicos. Se trata de una ventaja competitiva enorme en la actual coyuntura.
Pero los argentinos, con diferentes discursos y narrativas, seguimos aplicando las mismas recetas “patoteras” que nos impiden ser categorizados en el exterior como gente confiable.
La función de Sturzenegger es desregular mercados. No paralizar actividades (mucho menos si son esenciales). A los gerentes se los juzga por los resultados. No por las intenciones.
Bonus track. La agroindustria sigue sin ser considerada una actividad estratégica por el gobierno de Javier Milei, ya que no puede acceder al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Si se trata de mejorar las condiciones de competitividad de la economía, podrían empezar por no discriminar al sector más importante en lo que respecta a la generación genuina de divisas.

Fuente: Bichos de Campo