Ley de “extranjerización de tierras”: un traspié para el modelo libertario

“El primer país de experimento de los proyectos tecnofeudales es la Argentina; me preocupa que se creen Estados sin impuestos dentro del Estado”, aseguró la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Y fue más allá: “si se aprueba esto en el Congreso si quieren, te pueden entregar Neuquén... ¿Para qué reivindicar Malvinas si las compañías inglesas te pueden tomar el territorio marítimo?”, concluyó. Es interesante lo que plantea Carrió, porque pone el acento en algo más que una reivindicación territorial nacionalista, porque la mal llamada “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada”, traducida por la sociedad como “Ley de extranjerización de tierras”, no buscaba la posibilidad de vender solo territorios, sino también ceder el control sobre los recursos naturales que se encuentran en ellos. Finalmente, y ante la presión de la oposición, incluso de los aliados, el Gobierno retiró el polémico capítulo de extranjerización de tierras. Una derrota también para los magnates tecnológicos, como Peter Thiel, afincado en el país esperando que se cumplan las promesas de apertura que tiene de manos del presidente Milei. El fracaso del gobierno, por ahora, le cerró las puertas a este tipo de inversiones tecnológicas que hubiese sido un antes y después en el proyecto libertario, que puso todas sus energías en su sanción para mostrar al mundo su sesgo ideológico, precisamente para ser observados por los Estados Unidos de Donald Trump, una especie de “faro” para el gobierno. La presión sobre los legisladores que cambiaron de opinión en los últimos días comenzó a nacer luego del partido Argentina-Inglaterra en el reciente Mundial de Fútbol, donde asomó en un sector de la sociedad un “espíritu patriótico” simbolizado en la famosa pancarta con la leyenda “las Malvinas son argentinas” expuesta por los jugadores de la Selección Argentina en el estadio de la Ciudad de Atlanta. Algo pasó luego de ese hecho, porque que en los últimos días se visualizó un sentido de pertenencia arraigado en las pasiones de muchos jóvenes argentinos, que solían callar y no involucrarse. Apareció un sentimiento que estaba latente, que el fútbol despertó y comenzó a manifestarse. Este traspié es riesgoso para el gobierno, porque apareció un nuevo escenario político que podría ser aprovechado por la oposición para encontrar un punto de acuerdo para tener una referencia que los identifique juntos en la vereda antagónica, que abarcaría no solo al peronismo sino también a los radicales, socialistas, la Coalición Cívica y otros espacios provinciales. No solo Elisa Carrió salió a militar en contra de este proyecto, sino que también, sin estridencias y con mucha reserva, el joven presidente de la UCR, Leonel Chiarella, trajinó en forma incansable los teléfonos de todos los senadores radicales para que no voten la ley, al mismo tiempo que logró una declaración en contra de todas las organizaciones que componen el centenario partido, que no es poco teniendo en cuenta su presente. Era tan trascendental este proyecto para el futuro del modelo libertario que, así como su sanción pudo fortalecer las aspiraciones reeleccionistas de Javier Milei, ahora se encontró frente a un obstáculo inesperado, que hasta ahora le daba vida, que es terminar con la atomización y fortalecer el diálogo entre las fuerzas opositoras. Que no significa quizás culminar en un acuerdo electoral, pero sí en coincidencias sobre una estrategia política común de aquí en adelante. Y confirmó, por si hacía falta, el despegue total de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que pateó el tablero y aceptó el pedido de la senadora camporista Anabel Fernández Sagasti para que se la autorice a participar de manera remota en la sesión prevista para hoy, debido a que atraviesa un embarazo de riesgo que le impide viajar para asistir al debate. En el oficialismo estaban contando voto por voto y el de la senadora mendocina pudo ser fundamental para trabar la media sanción de la ley. El “permiso” de Villarruel define su oposición al proyecto. La presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, calificó de “mamarracho jurídico” la decisión de la vicepresidenta de otorgar ese permiso. En el Senado le recordaron a la senadora libertaria que, en 2021, el senador Esteban Bullrich, con un decoro que no suele abundar en la política local, renunciaba a su banca por problemas de salud, afectado por ELA. En ese momento, la entonces vicepresidenta, Cristina Kirchner y el presidente del Bloque del PJ, José Mayans, le pidieron que no renuncie y que sesionara virtualmente, como habían hecho durante la pandemia, ponderando su salud por sobre las necesidades mezquinas de la política. Otro gran perdedor fue Peter Thiel, un empresario y millonario inversor germano-estadounidense, conocido por ser el cofundador de PayPal y Palantir Technologie, mencionado como el potencial inversor detrás de este proyecto. Apenas arribó al país, se supo de sus intenciones de invertir en la Patagonia para desarrollar un polo tecnológico que tomaría recursos naturales, como el agua y la energía, una gran inversión pero que generaría pocos empleos. Thiel sostiene una postura ideológica, reflejada en proyectos tecnológicos, que plantea muchas dudas sobre la soberanía de los datos, los derechos civiles y el modelo de Estado representativo, porque no se trata solo de un inversor exitoso, es el arquitecto de un entramado de vigilancia masiva que ha sido utilizado por las agencias de inteligencia más poderosas del mundo y es un ideólogo de vocación reaccionaria que ha cuestionado abiertamente la compatibilidad entre la libertad y la democracia. Dueño de una fortuna cercana a los 30 mil millones de dólares, Thiel se define como un “libertario anarcocapitalista” -Milei se formó también leyendo sus escritos- y como un entusiasta a la hora de transformar a la Argentina en un “tubo de ensayo” de un modelo donde, afirmado por el propio Thiel, la “democracia no es compatible con la libertad”, porque según sus ideas, publicadas en distintos libros, es necesario generar una mayor influencia de las empresas tecnológicas y de emprendedores en la sociedad, priorizando la eficacia corporativa sobre la política tradicional del voto popular como herramienta para que cada pueblo elija su destino. No hay que separar a Thiel del proyecto de “extranjerización de tierras”, al contrario, sus intenciones fueron las que definieron el espíritu de esa iniciativa. En una semana complicada para el gobierno, donde finalmente Brasil, principal socio comercial de la Argentina junto a China, decidió retirar definitivamente su embajador de Buenos Aires luego de los agravios de Milei hacia Lula, rebajando la relación diplomática a solo un “encargado de negocios”, comenzaron a aparecer dudas en las expectativas de comercio internacional en el Mercosur. Vaya casualidad, el mismo día el gobierno de Donald Trump le revocó la visa a la embajadora de Lula da Silva en Washington. Las piezas se van acomodando para dar forma a una política regional, que ya se extiende fuera de nuestras fronteras. Cuando se produjo el retorno a la democracia, en 1983, Raúl Alfonsín decía que “quien no conoce la diferencia entre democracia y dictadura, no conoce la diferencia entre la vida y la muerte”. Vale recordar y darle sentido a esas palabras cuando estamos conociendo el “país piloto” que nos propone Milei, que avanza hacia un modelo social y económico que va más allá de un equilibrio fiscal necesario con baja inflacionaria, que pocos discuten, porque el modelo también es, precisamente, un cambio cultural, que necesita al parecer también de expresiones violentas para la convivencia social que, con total desprecio, suelen emitir las espadas comunicacionales libertarias. Como las repudiables declaraciones del abogado e influencer Alejandro Sarubbi Benítez realizadas en el streaming oficialista Carajo. El abogado, identificado en la militancia libertaria como hombre del asesor presidencial Santiago Caputo, propuso una “limpieza étnica” sobre los bonaerenses que habitan el conurbano, construir “un muro de 15 metros con francotiradores” que divida a la provincia de la Capital y “tirar napalm al conurbano todas las mañanas desde aviones” a la población civil. Esta barbaridad no fue repudiada por ningún referente libertario y hasta puede congeniar con los dichos del propio Milei, que señaló este domingo en una entrevista: “Se generó que existan terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores”, haciendo una curiosa y mal intencionada interpretación del legado del pensador italiano Antonio Gramsci, pero también, utilizando las mismas palabras con las que el Proceso de Reorganización Nacional justificó parte de la represión ilegal en los 70. La distancia entre Alfonsín y Milei es abismal, pero ambos fueron elegidos por la mayoría de los ciudadanos. Las diferencias ideológicas y discursivas que existen entre aquellas palabras de Alfonsín y las que se escuchan hoy nos deben permitir reflexionar sobre el contraste entre una democracia liberal y republicana, obtenida y cuidada por las mayorías, y el “autoritarismo corporativo” como una fuerza superadora de la voluntad popular, cuyo contendido estaba, del algún modo, explicitado en el fracasado proyecto de extranjerización de tierras.

Fuente: La Nación