La bandera de la selección nacional con el reclamo de soberanía llegó a una obra de arte

Inspirado en la bandera que la selección argentina exhibió tras derrotar al equipo inglés en la semifinales del Mundial de Fútbol, a mediados de julio, el arquitecto y artista Javier De Aubeyzon (Buenos Aires, 1964), reconocido por sus obras sobre la Guerra de Malvinas, pintó un óleo y lápiz sobre tela en donde se ve la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” y al capitán Lionel Messi, arrodillado y de espaldas, en un campo de batalla, en medio de cascos de soldados. La obra mide 1,50 por 1,30 metros.Conspiraciones: noticias falsas y justicia revolucionaria en el origen de la Argentina“El fondo es el estrecho de San Carlos y el agua está roja por la sangre derramada en el desembarco”, puntualiza el artista en diálogo con LA NACION. La bandera de la selección dio lugar a réplicas y recreaciones; incluso, el diseñador argentino Juan Manuel Pelillo forjó la tipografía “Malvinas Sans”.“Gestas de guerreros y héroes, así en el campo de batalla como en el juego, se libran de distinta forma pero con igual intensidad –sostiene–. Su espíritu de lucha nos inspira en la vida cotidiana, tanto en la victoria como en la derrota”. “Se dice que deporte y política no deben mezclarse, aunque la historia enseña lo contrario –observa De Aubeyzon–. Las Olimpíadas nacieron en Grecia como un pacto de paz, un modo de transformar la fuerza de los guerreros en competencia sin destrucción, donde se sublima la misma con la guerra. La épica, la mística y el sacrificio se apoderan de quienes defienden a su país en la gesta deportiva, y tanto jugadores como público viven cada partido como un enfrentamiento simbólico, donde se juega o se lucha por la propia identidad”. La obra está en La Lucila, en el taller del artista que, hasta el 10 de septiembre, expone una serie de pinturas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur (Santiago Calzadilla 1301). “Es parte de una producción que intenta mantener vivo el homenaje y el reclamo –destaca–. El arte es una poderosa arma pacífica, en una causa que está en lo más profundo de la sociedad”.“Mientras el mundo discutía la final, quedó suspendida una sensación de misterio –reflexiona De Aubeyzon–. El partido se jugó con un rendimiento inusualmente irregular respecto de los enfrentamientos anteriores. Y aun así, pese a la desventaja de un hombre menos, el equipo rozó la hazaña: estuvo cerca de empatar y forzar los penales, donde la historia pudo haber tomado otro rumbo. Lo ocurrido es ya irreversible, pero las dudas permanecerán en el imaginario colectivo”.“Si un simple trapo costó una Copa del Mundo, fue el precio de la dignidad… La gloria deportiva es efímera; las Malvinas son eternas”, concluye.

Fuente: La Nación