El peaje de la vida

Todos los prejuicios pueden quedar cortos. Toda la ficción puede ser escasa. Lo que se ve y se escucha es difícil de creer. Casi imposible de digerir. Y en tiempos de inteligencia artificial generativa, capaz de generar las falsedades más realistas, conviene dudar. Chequear su veracidad. Las imágenes parecen salidas de una parodia. Bien ácida. Corrosiva. Una caricatura ideada por enemigos dispuestos a todo para hundir a sus adversarios. Pero es la realidad. Sin editar.Una joven grita y corre, con poca vestimenta y menos equilibrio (de todo tipo), por la avenida de un barrio más que acomodado. Acaba de salir de una torre de departamentos de lujo. La corre un hombre. Vestido. Pero no más equilibrado. Llega la policía. Y más rápido que los corredores de la madrugada corre la noticia. Aparecen videos y detalles. Drogas. Alcohol. Excesos. Ella, voluptuosa influencer. Él, voluptuoso sindicalista, hijo y hermano de gremialistas. Exhibicionista de conquistas personales., Más que de conquistas laborales. Nunca ajeno al esçándalo. Como sus familiares. Hasta ahora sin mayor costo. Y mucho lujo disfrutado. No está solo en ese y otros ambientes donde abunda el poder y el dinero, escasean virtudes y sobran otras carencias. Pero al final, la vida cobra peaje. Precisamente.

Fuente: La Nación