Crisis en la FIFA: Gianni Infantino pierde apoyos, sus aliados se rebelan y convoca a una reunión de urgencia en Marruecos

La delicada estabilidad de Gianni Infantino al frente de la FIFA se resquebraja día a día tras el fracaso de su proyecto de privatización de la Copa del Mundo. En este contexto de máxima tensión institucional, el príncipe jordano Ali Bin Al Hussein, quien fuera su rival en las elecciones de 2016, lanzó una acusación contundente contra el dirigente suizo. A través de su cuenta de X, denunció una serie de prácticas coercitivas: “Durante el Mundial me comunicaron verbalmente que si apoyaba a Infantino, contribuiría a ayudar a nuestra federación. Esto constituye un chantaje y nos negamos a ceder”.Al Hussein, máximo dirigente del fútbol jordano, continuó: “Somos un país pequeño con un presupuesto mínimo y tuvimos que superar obstáculos enormes, como problemas con los visados estadounidenses y la imposición de impuestos por parte del gobierno, canalizados a través de la FIFA, a pesar de que el dinero debería destinarse a los jugadores”. There is no shortage of issues regarding FIFA. Let me start by clarifying what some of these are from an FA perspective, in particular that of Jordan going into a World Cup for the first time. We are a small country with a minimal budget for our FA and had to deal with enormous…— Ali Al Hussein (@AliBinAlHussein) August 4, 2026El descontento escaló hasta niveles inéditos, obligando a Infantino a convocar para este miércoles a una reunión de emergencia en Rabat, Marruecos, según reportaron primero medios ingleses como Sky Sports y The Times y luego confirmó LA NACION. El máximo dirigente del fútbol mundial busca refugio en suelo africano, donde mantiene vínculos estrechos con federaciones locales que aún le brindan respaldo, a diferencia del bloque europeo, que lidera la ofensiva para forzar su renuncia. Mientras tanto, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), presidida por el paraguayo Alejandro Domínguez, programó un encuentro virtual para el jueves en el que definirá una estrategia común ante la parálisis del proyecto privatizador. Domínguez busca mantener la unidad de las diez naciones sudamericanas, apostando por consensos que permitan navegar la crisis sin perder peso específico en el escenario global.La Concacaf, por su parte, se suma al clima de revuelta. Según fuentes citadas por The Guardian, la confederación que agrupa a América del Norte, Central y el Caribe celebró un encuentro de emergencia el pasado viernes en la que varios miembros se habrían comprometido a retirar su apoyo a Infantino, alineándose con la postura de la UEFA. El periódico británico sostiene que algunos países ya habrían formalizado este retiro de confianza de manera privada, profundizando el aislamiento del presidente de la FIFA, quien enfrenta una rebelión que ya no se limita al Viejo Continente.El frente europeo ha sido el más agresivo en su ruptura. Naciones como Inglaterra, Gales, Serbia y Suecia han confirmado que no brindarán su voto a Infantino en las elecciones del próximo año. Esta posición, que podría extenderse a la mayoría de las 55 asociaciones miembro de la UEFA refuerza la posibilidad de convocar un Congreso Extraordinario si se logra reunir la firma de una quinta parte de los miembros totales (43 sobre los 211). La estrategia de la oposición a Infantino contempla dos caminos claros: presionar mediante el Consejo de la FIFA para activar el cónclave o presentar un candidato alternativo competitivo antes del 18 de noviembre, entre cuyos nombres suenan el canadiense Víctor Montagliani, titular de Concacaf, y la noruega Lise Klaveness.Dentro de la propia estructura de la FIFA, el malestar es palpable. El francés Arsene Wenger, director de desarrollo y exentrenador del Arsenal inglés, se desmarcó públicamente de la iniciativa de Infantino: “No participé en este plan estratégico y me enteré a través de los medios. La decisión de retirarlo fue absolutamente necesaria, porque creo en una FIFA independiente y transparente”. Sus palabras resuenan como una estocada interna, mientras el secretario general Mattias Grafstrom intentó contener el caos enviando notas al personal administrativo, instándolos a mantener el enfoque en la operatividad tras el éxito organizativo del Mundial 2026, aunque sin éxito en mitigar el clima de inestabilidad política.“Quisiera reconocer y destacar el fantástico trabajo realizado por todos ustedes, que trabajaron incansablemente tanto presencialmente como a distancia para garantizar que la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Canadá, México y Estados Unidos fuera un éxito rotundo, un evento disfrutado por miles de millones de personas en todo el mundo con una pasión compartida por el fútbol”, escribió Grafstrom en un correo electrónico dirigido a los empleados de la FIFA. E hizo autocrítica: “Una serie de acontecimientos tristes y reprochables, que afortunadamente concluyeron con el proyecto FFE (la sigla de FIFA Forward Enterprise) abandonado definitivamente, por mucho que nos sintamos consternados por ellos, no deberían eclipsar esta realidad”. Grafstrom y Wenger se suman a otros dos ejecutivos de estrecha relación con Infantino que habían exteriorizado su enojo el lunes: el asesor estadounidense Carlos Cordeiro y el jefe de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour.En contrapartida, las federaciones africanas han manifestado su lealtad al actual presidente. Dirigentes de Marruecos, Egipto, Níger y Mauritania defienden la continuidad de Infantino bajo la premisa de la supervivencia económica. “Nuestro problema es cómo conseguir dinero. La mayoría de los países europeos no tienen estos problemas de infraestructura”, sentenció Saïd Ali Athouman, presidente de la Federación de Comoras. La visión en el continente africano es pragmática: necesitan estadios y suministros básicos, una ayuda que la actual gestión de la FIFA, a través de sus programas de desarrollo, ha facilitado como principal eje de fidelización.El estatuto de la FIFA otorga tres meses de plazo desde la solicitud formal para que el Consejo convoque a un Congreso Extraordinario, un escenario que parece cada vez más probable ante el avance de las potencias europeas. La situación se ha vuelto más compleja tras la denuncia de “chantaje” del príncipe Ali, sumada a la desobediencia de figuras internas y la migración de apoyos en confederaciones que hasta hace poco se consideraban aliadas incondicionales de la administración de Infantino. La pregunta que circula en los pasillos de Zúrich es si el presidente podrá mantener el control de la estructura ante la pérdida de legitimidad política y el boicot que la UEFA, Concacaf y parte de Asia han impuesto, rechazando trabajar en los comités internos. Una FIFA virtualmente paralizada.

Fuente: La Nación Deportes