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Ana Morales, experta en belleza: “La vida moderna cansa sin distinción de sexos, pero a las mujeres más”
El ¿y hoy qué me pongo? es una “tara” que las mujeres conocemos muy bien. ¿Pantalones o falda? ¿Casual o chic? ¿Liso o estampado?. Quién se sienta libre tire la primera piedra. Un agobio universal. Harta de este incordio, Ana Morales, 44 años, madre de tres adolescentes, periodista, docente y directora de belleza del Vogue español, se declaró en rebeldía. Rebeldía contra el deber ser, rebeldía contra sus propias creencias y rebeldía con las miradas de los otros. Su primer conato fue una columna que publicó donde confesaba que desde la pandemia se vestía todos los días con el mismo outfit -“o casi”- y que ese simple detalle le había quitado buena parte del estrés con el que empezaba el día.“Desde hace tres años –sí, coincide con la pandemia y con todos esos meses en los que no se salía de casa y la ropa comfy era el nuevo vestido negro– visto prácticamente igual -contaba a sus lectoras en esa declaración principios de 2023- Vestir ‘prácticamente igual’ no significa necesariamente repetir mucho, aunque es cierto que el consumo consciente y sostenible y el invertir en menos prendas pero de mejor calidad también está siendo otro mantra para mí. Me refiero a crear una especie de uniforme con prendas bastante parecidas en colores, tejidos y patrones que me ayude a aligerar lo que para mí estaba siendo una carga mental. (...) Por eso hace tiempo que me entregué a la compra de prendas básicas –soy de las que se hace con una misma prenda en varios colores y usa muchos vestidos para simplificar aún más–. Con ellas sé que voy a sentirme bien sin quebraderos de cabeza cada mañana a la hora de elegir”.¿Qué es el tai chi walking? El ejercicio que mejora el equilibrio y desplaza al entrenamientoTanto ruido hicieron estas treinta y tantas líneas que germinó rápido la idea de Estado civil: cansada, un libro que salió en enero pasado y en el cual Morales va un paso más allá de aquel “grito” liberador que significó simplificar un gesto tan cotidiano como vestirse cada mañana para ir a la oficina. Se mete con las causas y los efectos devastadores del agotamiento crónico y general en las mujeres, estado que ella misma sufría y empezaba a afectar su vida familiar, como confesó en la entrevista que concedió a LA NACION. Del “yo puedo con todo” al “elijo cuidarme” declara en el antetítulo de esta guía muy práctica y fundamentada en un año de investigación donde consultó a todo tipo de expertos, desde psiquiatras hasta coaches y esteticistas. A manera de una Marie Kondo para la mujer que trabaja, detalla una serie de ideas para cambiar hábitos que por separado pueden parecer tonterías, pero sumados integran un index altamente estresante. Desde elegir el mismo “uniforme” para salir cada día hasta momentos de restricción digital, pasando por respiración consciente, trucos de belleza y estrategias para un descanso efectivo.-Dice en el libro que las mujeres sufren más el cansancio que los hombres…-La vida moderna cansa sin distinción de sexos, es verdad, pero a las mujeres nos afecta más por los cambios hormonales, la tendencia a los pensamientos rumiantes, o incluso por la baja autoestima que nos ha hecho llegar al mercado laboral con el convencimiento de que podíamos con todo y con una alta autoexigencia de perfección. Y querer hacer las cosas bien es una cosa y otra muy distinta, y dañina, es exigirnos diez en todo. De hecho ahora se habla mucho de que la nueva ambición o la nueva rebeldía es descansar, justamente lo que no hacemos. Ya se está hablando de quedarse en el punto medio, de que no tenemos por qué invertir toda nuestra energía en todos los aspectos de nuestra vida, que a lo mejor quedarte en el 50 o en el 60 % en ciertas cosas, pues está bien, y es como un síntoma de flexibilidad emocional. A decir: bueno, no todo tiene que ser perfecto.-¿Qué la hizo hacer este click?-Sentir que el agotamiento me invadía e invadía mi vida privada. Ya estaba dejando de disfrutar de muchas cosas, las relaciones sociales también se complican porque una está más irascible. La mochila pesaba mucho y no se aligeraba con un fin de semana o unas vacaciones. Y no era solo algo personal, era una conversación que compartía con muchas compañeras, con amigas. Es normal que hoy uno pregunta qué tal, cómo estás, la respuesta es “cansada”, o cansado. Un tema recurrente.-Bueno, un trabajo como el suyo, más tres hijas adolescentes y llevar una casa, no lo hacen fácil…-Sí, pero el tema no es solo de las madres sino en general de las mujeres, y esto lo he tenido en cuenta al escribir el libro. Hay una conversación bastante fuerte de mujeres que no son madres y que han sentido su cansancio invalidado al decir que estaban cansadas por el hecho de no tener hijos. Como si no tuvieran derecho a estar cansadas. Y luego el cansancio femenino es multifactorial.-¿Cuál es el factor más importante?-No es uno, son muchos. Uno de ellos es que el tema físico y hormonal pesa mucho. El baile hormonal que tenemos desde que somos prácticamente niñas hasta la menopausia condiciona mucho los niveles de energía. Se sabe que en la menopausia hay insomnio, sueño más fragmentado que el de los hombres, más cansancio y también situaciones emocionales propias de esa etapa. Un estudio hecho por el Centro de la Investigación del Sueño de la Universidad de Loughborough (Inglaterra) dice que las mujeres necesitamos veinte minutos más de sueño que los hombres.-¿Y a qué se debe?-Parecería que la plasticidad verbal femenina nos provee de una aptitud multitasking de la que tanto hemos presumido hasta que se ha vuelto en contra. La neurocientífica Ana Ibañez me confirmó esta característica pero me aclaró que hay un gasto de energía adicional al saltar de una tarea a otra constantemente, esto produce agotamiento y requiere más descanso y un poco más de sueño. La multitarea, el multitasking es un gran engaño y una fuente de cansancio. Creemos que hacer varias cosas a la vez es eficiencia, pero ahora se sabe que es más eficiente hacer una cosa a la vez.-Pero eso no le gusta a la autoexigencia…-Así es. Tenemos tendencia a pensar y repensar las cosas porque creemos que así las tenemos bajo control. Nos exigimos mucho a nosotras mismas, nos perdonamos poco el fallo, y nos flojea la autoestima si no hacemos todo perfecto, o casi. Ha calado mucho el mensaje de que podemos llegar a todo, y quizá sea cierto, pero creo que debemos decidir que no es necesario. El costo es demasiado alto. Suficiente está bien. No pasa nada si dejamos algo sin hacer o lo hacemos no tan perfecto como queríamos. Los expertos, psicólogos, psiquiatras, están reivindicando la mediocridad. -Nos atrapa el FOMO y perdimos… -Sí, vivimos en estado de alerta, un estado de hipervigilancia, como si nos persiguiera un león por la selva y tuviéramos que defendernos de algo. Agobiante. Una de las especialistas que entrevisté me explicaba que aunque tú estés sentada en la mesa de tu oficina, cuando vives en ese estado de alerta es prácticamente como si hubieras corrido dos horas cuesta arriba, y eso siempre pasa factura. Una se contractura, la respiración se altera. Y por si esto fuera poco, está el tema de la conectividad y de las redes sociales. El hecho de estar siempre conectados, pendientes de notificaciones y de móviles que al final nos generan una dopamina rápida, pero nos desconectan muchísimo de los demás.-Pero esto afecta a todos, hombres y mujeres…-Sí, eso es cierto, es común a los dos géneros. Hay muchos factores, uno también es el de lo que se llama positividad tóxica, que se convierte en un imperativo al que sentimos que tenemos que responder. Pero en el caso de la mujer hay ciertas particularidades. Por ejemplo, el cerebro femenino tiene más actividad en el sistema límbico, que es responsable de las emociones, lo que podría explicar por qué sentimos todo con más intensidad y somos más sensibles al estrés. Pero ese contexto emocional y psicológico está aumentado, potenciado, por el contexto social.-¿Creés que nuestras madres y abuelas lo pasaban mejor?-No sé si lo pasaban mejor o peor, pero sí te puedo decir que hoy estamos más cansadas que ellas, aún con todo lo que ellas hacían. Pero era otro tipo de estrés. La casa, los chicos, el machismo quizá… Mucha carga también. Lo que pasa hoy es que la hiperconectividad, las redes sociales y la autoexigencia, como decíamos, agrava todo. El estrés altera el ritmo normal de secreción del cortisol y de otras hormonas del bienestar, y esto afecta la salud, el sistema intestinal, que es clave en la absorción de todos los nutrientes. Son los inconvenientes de la vida moderna. Creo que deberíamos analizar seriamente la posibilidad de volver, aunque sea de a ratos, a lo analógico, a la vida de antes, donde a lo mejor no tenías tantos estímulos pero tampoco tantas exigencias y auto exigencias.-Nos las imponen o nos las imponemos, aceptándolas…-Creo que son las dos cosas. Contexto social, contexto educacional, contexto económico. Estamos bombardeados por información, demasiada, mensajes, redes, mensajes de cómo deben hacerse las cosas perfectas, en un mundo altamente competitivo. Pero soy consciente de que nosotras nos cargamos de más y somos proclives a autoexigirnos sin piedad. Los hombres se permiten fallar, nosotras no. Como me dijo una psicóloga: “nos autoexigimos mucho y nos perdonamos poco”.-Una sobredosis de amor a la “perfección”, como si fuera algo posible.-Queremos ser perfectas en todos los ámbitos de nuestra vida. El efecto Instagram, del que hablo en el libro, juega en nuestra contra. Nos hace al final también aspirar a una perfección que no es real y eso es incompatible con la vida real. Necesitamos más conversaciones reales, más imágenes reales, para un poco conciliarnos con la realidad de la vida, que es otra totalmente.-¿Qué aprendió haciendo este libro?-Que quedarse en la media está bien, que no todo tiene que ser excepcional. Suficiente es una buena nota. Suelo decir que imprimiría camisetas con el slogan Suficiente está bien. Me ha servido mucho para intentar cambiar ciertos
Fuente: La Nación