Mar del Plata vivió un fin de semana bajo violencia e inseguridad: cansados, los vecinos decidieron manifestarse

MAR DEL PLATA.- Si el cierre de julio fue estremecedor y de híper exposición mediática para esta ciudad por la trascendencia que tomaron las agresiones de un enfermero sobre dos abuelas a las que atendía en un geriátrico, el tránsito hacia este inicio de mes desbordó de tragedia con dos homicidios y un femicidio en apenas 24 horas. El cadáver de Johana Mailén Antonich, hallado en un complejo de cabañas inmediato a los balnearios de Punta Mogotes con heridas de arma blanca e indicios de tentativa de abuso, estremeció a la comunidad y marcó el pico de una escalada de delitos y violencia que se palpitaba hace semanas, con protestas de vecinos de distintos barrios para reclamar mayor presencia y acción policial frente al incremento de robos, tanto en vía pública como en domicilios. Hay por el momento un gran silencio de las autoridades, tanto provinciales como locales, sobre el extremo al que llegó en un distrito que acumula en lo que va del año casi 30 crímenes. Mayoría de ellos en un contexto de riñas o de ajustes de cuentas. El clima social empieza a tensarse poco a poco. Para este miércoles se ha convocado a una concentración en pleno centro de la ciudad que buscará aunar los reclamos aislados desde distintos puntos del distrito. La convocatoria es para el mediodía, sin pancartas políticas y, según se anticipó, con un recorrido que pasará por el palacio de gobierno municipal y llegaría a la Jefatura Departamental de Policía, expresión directa del control del delito en las calles y también de la provincia de Buenos Aires, responsable de la fuerza y el servicio de seguridad a los vecinos. El femicidio de Antonich se conoció en las primeras horas del domingo. La tarde anterior se había confirmado el asesinato de Héctor Ruiz, un ferretero baleado por dos motochorros en un intento de robo, durante la tarde y en su local de zona noroeste de la ciudad. Era el segundo caso en un mismo día que había arrancado con la muerte de Alberto Rodríguez, de 58 años, supuestamente golpeado y atacado a tiros luego de sustraerle el automóvil con el que realizaba viajes para una plataforma digital de transporte de pasajeros.Entre ayer y las primeras horas de la tarde de hoy se despidieron los restos de las tres víctimas. Los familiares de Antonich se enteraron en la casa velatoria que el fiscal Carlos Russo, que investiga los tres crímenes, dispuso secreto de sumario por un plazo de 48 horas. Los acusados son José Luis Aquino y Agustín Díaz Bartolomé, detenidos en el parador Punta Cantera, con bungalows pero todavía sin inaugurar por problemas de habilitación. Se negaron a declarar cuando fueron indagados por el homicidio de la joven.Ambos, o por lo menos uno de ellos, oficiaban como serenos. Se los acusa de golpear, apuñalar y matar a la joven de 24 años, madre de dos niñas de 1 y 6 años, que tenía un empleo informal y de turno nocturno en un local y andaba en busca de un ingreso adicional, según confirmaron sus familiares. “Cuando fuimos a buscarla seguro todavía la tenían escondida, no sé si con vida”, dijo uno de los cuatro hermanos de Antonich, que se pusieron a la cabeza de la búsqueda cuando la policía –según cuentan- les demoraba la recepción de la denuncia por averiguación de paradero.La víctima había llegado hasta allí por una supuesta oportunidad laboral. Así lo comentó un remisero que la trasladó hasta allí y con el que, según trascendió, estaba iniciando una relación. Declaró en la causa y dijo que la dejó en el acceso a ese parador el viernes pasado, a media tarde. Que la fue a buscar a la noche pero como no apareció, pensó que ya se había ido. Algunos familiares de Antonich lo señalan también como un posible sospechoso. “Vive en el mismo barrio que uno de los detenidos”, apuntan. Para la justicia por ahora es un testigo. Walter Antonich, hermano de la víctima, y Luis, un tío de la joven, se presentaron en el parador dos veces, interrogaron a los serenos y en la segunda vez ya los advirtieron sospechosos. Sobre todo, cuando notaron que uno de ellos tenía rasguños en la cara. Escaparon y minutos después los atrapó la policía, sobre ese mismo frente de playa, próximo al parador Waikiki.“Nos fuimos y cuando volvimos estaban quemando un colchón”, contó uno de los hermanos de Antonich. Luego se confirmaría que también habían arrojado a ese mismo fuego las prendas de la joven. Secreto de sumario“Si no volvíamos a mi hermana no la encontrábamos más”, afirmó, convencido de que así como hacían cenizas la evidencia iban a intentar descartar el cadáver. Si bien hay secreto de sumario, se sabe que el fiscal Russo ya tiene archivos de cámaras de seguridad del complejo más registros de otros equipos de monitoreo públicos y privados de la zona. Se verá allí si se confirma la intervención de los hoy detenidos y, muy en particular, si tiene respaldo la declaración del chofer que llevó a la joven hasta ese lugar, donde la mataron.La autopsia, que por ahora tiene informe preliminar, confirma una muerte por herida de arma blanca a la altura de las cervicales. El cuerpo presentaba otros cortes varios, magullones y también lesiones compatibles con acciones de defensa. No se constató violación o abuso sexual con acceso carnal, aunque no se descarta que el crimen se haya cometido en pleno intento de abuso. La acusación es por femicidio y sería el segundo que se comete este año en esta ciudad. Los dos asesinatos previos fueron ambos en ocasión de robo. Al menos así se han interpretado desde las respectivas investigaciones que, como se advirtió, están a cargo del fiscal Russo, que estuvo de turno en esta última semana. En orden cronológico, el primero fue el de Rodríguez. Vecinos lo encontraron a media mañana, sin vida, tirado en la vía pública. Presentaba lesiones en el rostro y una herida sangrante en una pierna. Luego se confirmaría que fue por una bala que le perforó un vaso sanguíneo y le provocó una hemorragia fatal. El caso ocurrió en una zona conocida como La Palangana, con un entorno de conflictividad. Por ahora no hay detenidos en esta causa. Mejor suerte tuvo la pesquisa tras el asesinato de Ruiz, que estaba al frente de una ferretería en Avenida Libertad al 7700. Dos delincuentes que se movían en una moto quisieron asaltarlo en su comercio y le dispararon ante el mínimo gesto de resistencia. Escaparon, pero a pocas cuadras fueron detenidos. Incluso se les secuestró la supuesta arma homicida. Se confirmó que ambos son jóvenes y tienen amplios antecedentes delictivos. Vecinos de la víctima realizaron este lunes una manifestación con pedido de seguridad, justo frente al local donde se cometió el homicidio, y horas después un rezo compartido, a cargo del párroco de la jurisdicción. Esta sucesión de muertes violentas le bajó el precio a la escalofriante entrada en escena que habían tenido las imágenes logradas del circuito cerrado de Residencia Geriátrica David. La grabación permite ver a Nicolás Cichero, empleado del lugar, cuando castiga a una abuela de 82 años con una cuchara y le provoca cortes en la boca y pérdida de dos piezas dentarias. Todo porque se resistía a comer. “Por qué no te morís, vieja hija de puta”, le repetía antes de acostarla, también con sacudones. El acusado está detenido, imputado por lesiones graves, coacción y amenazas, en este último caso contra una compañera de trabajo que lo expuso ante superiores. El último asesinato ocurrido en Mar del Plata se había dado el pasado 27 de julio. La víctima fue Raúl Diego Coliguante. Lo mataron de 18 puñaladas entre tres vecinos, todos primos suyos, en el marco de una discusión por ruidos molestos con el escape de la moto de la víctima. Ese caso quebró una racha de más de dos meses sin homicidios en la jurisdicción. Ese mismo período fue de resurgimiento de las protestas vecinales por incremento de delitos, en particular con entraderas con violencia –varias de esas víctimas son adultos mayores-, asaltos y robo de vehículos al voleo. Ese reclamo común se intentó unificar el pasado jueves con la propuesta de un “cacerolazo contra la inseguridad”, a partir de las 21. La respuesta fue escasa. Lo reflejó una vecina a la que le preguntaron si la protesta se había sentido entre sus vecinos más próximos, de barrios La Herradura y Autódromo, en la zona oeste: “No sé, por mi casa lo único que se escuchan siempre son tiros”, respondió.

Fuente: La Nación