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Capital cerebral: qué es este activo y por qué los argentinos están jaqueados por malos hábitos
¿Cómo es el capital cerebral de los argentinos? ¿Cuáles son nuestras capacidades cognitivas? Una encuesta indagó sobre la autopercepción de los argentinos y los resultados indicaron que consideramos ser un país donde la capacidad para aprender rápido y la inteligencia son características nacionales. Esa fue la respuesta de siete de cada diez argentinos consultados: confían en su capacidad cerebral. Y eso, dicen los autores del informe, es una buena noticia. Sin embargo, paradójicamente, en la población argentina, los hábitos que sostienen el funcionamiento cerebral, como la actividad física, el sueño y la alimentación, están lejos de los mínimos recomendados. Así lo reveló una encuesta realizada por el Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, que realizó la primera aproximación exploratoria a indicadores vinculados con el capital cerebral de los argentinos. El concepto de capital cerebral, desarrollado en el campo de la neurociencia y la economía del comportamiento, es bastante nuevo y propone tratar las capacidades cerebrales de una población como un activo estratégico: algo en lo que se puede invertir desde políticas públicas y del que se obtiene retorno en forma de bienestar, productividad e innovación. De hecho, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) definen la salud cerebral de una población como uno de los ejes de desarrollo.El relevamiento se realizó a partir de una encuesta telefónica con un método de selección de la muestra probabilístico, aleatorio y sistemático. Se entrevistó a 1050 hombres y mujeres de entre los 18 y los 70 años, residentes de la Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán.“El capital cerebral se organiza en tres pilares: las habilidades cerebrales, como la capacidad de aprender, concentrarse y adaptarse; la salud cerebral, que incluye el bienestar emocional y la salud mental; y los factores impulsores, entre los que se encuentran los hábitos de vida, el nivel educativo y el socioeconómico”, señala el informe. Este último pilar es el que el informe identifica como el más débil entre los argentinos, y también el que expone una de las tensiones centrales del diagnóstico: los argentinos muestran una autopercepción alta de sus propias capacidades, pero los hábitos que deberían sostenerlas y potenciarlas están por debajo de los mínimos recomendados. “Esa tensión entre una autopercepción positiva de las propias capacidades y la dificultad para sostener hábitos que las protejan constituye, a la vez, el principal desafío y la mayor oportunidad del capital cerebral argentino”, dice el informe entre sus conclusiones.Apenas el 24% de los encuestados indicó realizar los 150 minutos semanales de actividad física moderada recomendados por la OMS, mientras que el 47% duerme menos de las siete horas por noche que la organización sugiere como mínimo para los adultos, y solo el 29% incorpora frutas y verduras a su dieta de manera diaria, pese a que la recomendación del organismo internacional es ingerir un mínimo de 400 gramos diarios, medida preventiva considerada clave para prevenir enfermedades. El dato llamativo es que este déficit convive con una autopercepción alta de las propias capacidades: el 70% confía en su capacidad de aprender cosas nuevas, el 65% en su capacidad para concentrarse y el 56% en su capacidad para adaptarse a los cambios. “Los hábitos de vida son, paradójicamente, el componente más débil del capital cerebral argentino y, al mismo tiempo, el más accionable. A diferencia de la salud mental o del acceso a oportunidades, son conductas modificables: pequeñas mejoras sostenidas en actividad física, sueño y alimentación pueden traducirse en ganancias concretas para la cognición, el ánimo y la productividad de las personas”, explica Fátima González Palau, directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21. Las brechas en la autopercepción de habilidades cerebrales se profundizan según el nivel socioeconómico y educativo, explica el relevamiento. Por ejemplo, el 70% de los encuestados de nivel socioeconómico y educativo medio-alto consideró tener acceso a oportunidades de aprendizaje continuo, mientras que solo el 49% de los del nivel bajo contestaron de esta manera. Lo mismo ocurrió con el segundo pilar: la salud cerebral: el 38% de los relevados pertenecientes a estratos bajos tuvo una percepción de salud mental buena, contra el 58% en sectores medios-altos. En cuanto al apoyo social pleno, la diferencia fue del 55% contra el 73%, respectivamente. El nivel educativo impactó sobre los tres pilares: las habilidades cerebrales, la salud cerebral y los buenos hábitos. Entre quienes alcanzaron estudios secundarios y quienes completaron estudios universitarios, las brechas fueron mayores: 17% de quienes completaron el secundario o menos realiza el mínimo de actividad física recomendado, comparado con el 29% de los universitarios. El consumo diario de frutas y verduras también mostró disparidades: el 15% contra el 37%, respectivamente. Aquí, los investigadores marcaron una diferencia: mientras que el nivel educativo impacta en el tipo de hábitos, el nivel de ingresos no marca diferencia: el déficit de actividad física, sueño y alimentación es transversal a todos los niveles socioeconómicos analizados. Por el contrario, quienes tienen estudios universitarios comen mejor y hacen más ejercicio que quienes tienen estudios secundarios. El sueño, por su parte, es insuficiente en todos los grupos por igual, independientemente del nivel educativo. “Los resultados muestran que las personas con mayor nivel educativo tienden a presentar hábitos de alimentación y actividad física más saludables. Esto refuerza la importancia de la educación como un factor que puede facilitar el acceso a conocimientos, herramientas y habilidades para incorporar y sostener conductas beneficiosas para la salud cerebral”, analiza González Palau. Por su parte, la confianza en las propias capacidades, tales como aprender, concentrarse y adaptarse a los cambios, se mantiene alta y pareja en todos los niveles socioeconómicos, educativos y etarios, sin que se observen brechas significativas entre grupos.
Fuente: La Nación