A examen: probamos el monitor gamer Odyssey G5 OLED de Samsung, que promete llevar la ventaja competitiva a otro nivel

El segmento de monitores gamer viene de un crecimiento sostenido en los últimos años, empujado por una demanda cada vez más exigente: jugadores que buscan fluidez, precisión de color y tiempos de respuesta que marquen la diferencia en cada partida. Dentro de ese universo, la tecnología OLED se había mantenido como una experiencia reservada a gamas altas, con precios que la volvían poco accesible para el jugador de a pie. Eso empieza a cambiar con la llegada de propuestas como el nuevo Odyssey G5 OLED de Samsung, un monitor de 27 pulgadas que busca acercar la calidad de imagen propia del panel OLED (negros profundos, colores intensos y contraste extremo) a un público gamer más amplio. Se trata de una pantalla QHD con una tasa de refresco a 180 Hz y un tiempo de respuesta de apenas 0,03 milisegundos, números que lo ubican entre las opciones más interesantes para quienes compiten online o simplemente buscan la mejor experiencia visual posible. Tuve la posibilidad de probarlo durante varios días, conectado a mi nueva PC de escritorio, y de ponerlo a prueba tanto en el uso cotidiano como en sesiones de juego intensas. El nuevo Odyssey G5 ya se puede comprar a un valor de $1.199.000 en la tienda oficial de Samsung Argentina. Unboxing y primeras impresiones La caja del monitor es robusta y, ni bien se abre, deja ver la pantalla protegida por espuma de alta densidad, un detalle que transmite cuidado en el packaging para un producto que, después de todo, es delicado. Dentro encontramos el panel, el pie de apoyo, el cable de alimentación y los cables de conexión necesarios para empezar a usarlo sin salir a comprar nada extra. El armado es sencillo: el pie se encastra sin necesidad de herramientas y, en pocos minutos, el monitor ya estaba de pie sobre el escritorio. El diseño es prolijo, con bordes finos y una base que no ocupa demasiado espacio, algo para agradecer en setups donde el lugar es un recurso escaso. La primera impresión, ni bien se enciende, es la que uno espera de un panel OLED: negros que realmente son negros, sin ese velo grisáceo típico de otras tecnologías, y colores que se sienten más vivos desde el primer segundo. La resolución QHD (2560 x 1440 pixeles) suma nitidez a esa base, y la pantalla no curva ayuda a mantener un uso versátil, tanto para jugar como para trabajar frente al monitor. En la parte trasera, el monitor ofrece las conexiones necesarias para sacarle el jugo a sus 180Hz de tasa de refresco, así que elegí conectarlo mediante DisplayPort (con el cable que trae incluido), la opción más conveniente cuando se busca aprovechar al máximo la frecuencia de actualización en alta resolución. Apenas encendida la PC, Windows 11 reconoció automáticamente el nuevo panel y ajustó la resolución sin necesidad de tocar ninguna configuración manual, algo que agiliza bastante la puesta a punto del setup. El diseño general, con líneas simples y un marco delgado, hace que el Odyssey G5 OLED se sienta como una pieza más pensada para integrarse a cualquier escritorio gamer que como un simple periférico. La base giratoria y la posibilidad de ajustar la inclinación permiten encontrar rápido el ángulo ideal, algo no menor para sesiones largas frente a la pantalla. Tecnología de punta puertas adentro Más allá de la calidad de imagen que ofrece cualquier panel OLED, este monitor suma una serie de tecnologías pensadas específicamente para el gaming competitivo. Como decía, la tasa de refresco de 180Hz garantiza transiciones suaves en escenas de movimiento rápido, mientras que el tiempo de respuesta de 0,03 milisegundos prácticamente elimina el ghosting, ese rastro fantasma que dejan los objetos en movimiento en pantallas más lentas. A eso se suma la compatibilidad con FreeSync, que sincroniza la frecuencia de la pantalla con la placa de video para evitar cortes y desincronizaciones de imagen, algo especialmente valioso en juegos de ritmo alto. El soporte HDR10 amplía el rango dinámico, permitiendo ver detalle tanto en las zonas más oscuras como en las más brillantes de una escena. Otro punto a destacar es la pantalla Glare Free, que reduce en un 54% los reflejos respecto de un panel antirreflejo convencional, algo que se agradece en ambientes con luz directa o muy iluminados, donde normalmente cuesta apreciar los negros profundos que promete un OLED. Y para quienes temen al desgaste propio de esta tecnología, el monitor incorpora un sistema de refrigeración dinámica con un tubo de calor pulsante (Pulsating Heat Pipe) pensado para prevenir el quemado de pantalla. Por último, la precisión de color está validada por Pantone, con más de 2100 colores y 110 tonos reproducidos con fidelidad gracias al panel QD-OLED, un dato que cobra relevancia tanto para gaming como para quienes editan fotos o videos desde el mismo equipo. A pura acción: así se comportó en los juegos Para las pruebas conecté el monitor a mi PC de escritorio recién armada, con un procesador AMD Ryzen 9 9950X3D2 (del que pronto voy a compartir la reseña completa), 64 GB de memoria RAM Kingston DDR5 a 6000 MHz y una placa de video Radeon 7900 GRE. Una combinación pensada para exigir al máximo lo que el panel puede ofrecer. El primer juego que probé fue Forza Horizon 6, ideal para lucir la fluidez que ofrece la tasa de refresco de 180Hz: las carreras a alta velocidad, con reflejos en el asfalto mojado y el detalle de cada auto, se vieron espectaculares gracias a la combinación entre la resolución QHD y los negros profundos del panel OLED. La sensación de velocidad se siente distinta cuando el movimiento es tan fluido y sin desenfoque. Después probé Halo Campaign Evolved, un título más pausado en su ritmo, pero exigente en escenas con mucho contraste, entre interiores oscuros y exteriores muy iluminados. Ahí el HDR10 y la calidad de los negros del OLED hicieron una diferencia notable, mostrando detalle en las sombras sin perder definición en las zonas más claras. El tiempo de respuesta de 0,03ms se sintió, sobre todo, en los combates más frenéticos, donde cada milisegundo de reacción cuenta. En ambos casos, la experiencia general fue muy positiva: la imagen se mantuvo nítida, fluida y con colores consistentes durante sesiones largas de juego, sin señales de fatiga visual ni sobrecalentamiento perceptible. La combinación con el hardware de la PC también jugó a favor: los 64 GB de RAM Kingston a 6000 MHz le dieron margen de sobra al sistema para mover texturas de alta resolución sin cuellos de botella, mientras que la Radeon 7900 GRE se encargó de mantener cuadros por segundo altos y estables en ambos títulos, permitiendo que el monitor mostrara su máximo potencial en materia de fluidez. El procesador Ryzen 9 9950X3D2, por su parte, respondió bien incluso en las escenas con más elementos en pantalla, algo que se nota especialmente en los tramos de mayor tráfico de autos de Forza Horizon 6. En conclusión El nuevo monitor Samsung Odyssey G5 OLED cumple con lo que promete: acercar la experiencia OLED a un segmento más amplio de jugadores, sin resignar las prestaciones que un gamer exigente busca en cuanto a fluidez y tiempo de respuesta. La combinación de 180Hz, 0,03ms, HDR10 y una pantalla Glare Free lo convierten en una opción sólida para quienes recién se suman a la tecnología OLED o buscan renovar su setup gamer. Para quienes están pensando en dar el salto al OLED sin resignar rendimiento competitivo, este monitor aparece como una de las alternativas más interesantes del momento.

Fuente: La Nación