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Thomas Sankara, el Che Guevara Africano: “Quien te alimenta, te controla”
La música y la revolución fueron las grandes pasiones del capitán Thomas Sankara, el hombre que gobernó durante tres años, en la década de los 80, Burkina Faso, país ubicado en el oeste de África. Como músico, este carismático líder fue un virtuoso guitarrista de jazz. Como revolucionario, encabezó un golpe de Estado que inició una serie de reformas de inspiración marxista en su patria, por las que con el tiempo recibió el apodo de “el Che Guevara africano”. Lo curioso fue que este líder antiimperialista y panafricanista tenía un aliado en la lucha revolucionaria que fue también compañero en sus grupos musicales. Era Blaise Compaoré. Este capitán, que cantaba en las bandas de Sankara, fue determinante en el derrocamiento de su amigo y promovió también su trágico final. Camaradas en el ejército y en la músicaBurkina Faso se llamaba Alto Volta y hacía 15 años que se había independizado de Francia cuando Sankara y Compaoré se conocieron. Ambos revistaban en el ejército de ese país y se cruzaron por primera vez en un conflicto fronterizo con la República de Mali en 1974. Más tarde, en un curso de ejercicios militares en Marruecos volvieron a encontrarse y se hicieron amigos. De ser camaradas ambos pasaron a compartir la música. Sankara creó el grupo Tout-à-Coup (De repente, en español), donde él tocaba la guitarra y Compaoré era vocalista. “Sankara era un músico de jazz talentoso, pero Compaoré simplemente cantaba”, le dijo al medio británico The Guardian Abdoulaye Cisse, jazzista burkinés y amigo de ambos. Recordó también que la banda ensayaba más de lo que tocaba en vivo, pero cuando ofrecían algún recital “cada actuación era mágica”. En 1978, durante un entrenamiento en la ciudad de Po, en el sur de Alto Volta, el entonces teniente Sankara nombró a Compaoré como su segundo al mando. Allí, ambos oficiales crearon un grupo para entretener a las tropas al que llamaron La banda de Misiles de Po.Pero detrás del ejército y de la música también latía en ambos el deseo de alcanzar el poder de su país. En Alto Volta, una de las naciones más pobres del planeta, la inestabilidad política era moneda corriente. Y los amigos jazzistas supieron aprovechar el momento indicado para ascender.“Tierra de hombres íntegros”Sankara fue primer ministro de la dictadura de Jean-Baptiste Ouédraogo, en el año 1983. Pero, aparentemente, por presión de Francia, debió dimitir y fue arrestado. Esto provocó un levantamiento popular, incentivado por Compaoré, que terminó llevando al guitarrista de jazz a asumir la presidencia, el 4 de agosto de 1983. El revolucionario llegaba al poder con un gran apoyo de su pueblo. Transmitía la imagen de un hombre sencillo, siempre con un uniforme militar —de campaña, no de gala— y una característica boina con una estrella, al mejor estilo Che Guevara. La austeridad que transmitía en su imagen la puso en práctica también en su gobierno. Ni bien asumió redujo cualquier tipo de ostentación por parte de sus funcionarios, bajó los sueldos de él y de sus ministros y se deshizo de posesiones onerosas. Según sus biógrafos, en su patrimonio apenas contaba con un auto, cuatro bicicletas, tres guitarras y una heladera. Como para dar una idea de lo que pretendía con su gobierno, él fue quien cambió el nombre de su nación. De Alto Volta pasó a llamarse Burkina Faso, que en lenguaje nativo significa algo así como “Tierra de hombres íntegros”. Además, como no podía desprenderse de su faceta de músico, también compuso, en 1984, un nuevo himno para su país. Lo tituló “Una sola noche”. Allí se rinde homenaje a la jornada en la que él dio su golpe de Estado: “Una sola noche ha reunido/ la historia de todo un pueblo./ Y una sola noche ha lanzado su marcha triunfal/ hacia el horizonte de la buena fortuna”.Además, Sankara, como gran melómano que admiraba desde Miriam Makeba a John Coltrane, consideraba a la música como una herramienta para el desarrollo cultural, un elemento que se podía usar para promover la revolución. Grandes reformasFueron muchos los cambios que realizó desde su liderazgo. Lo hizo siempre consecuentemente con sus ideas, que mixturaban el socialismo con el panafricanismo y el antiimperialismo. Desarrolló políticas de redistribución de las tierras con las que logró aplacar las hambrunas de la población. Según el periodista e investigador africano Olivier Ndenkop, para 1986 el país había alcanzado el objetivo de proveer diariamente dos comidas y diez litros de agua a cada habitante.Aumentó también la tasa de vacunación para el control de enfermedades como meningitis, fiebre amarilla o sarampión y se preocupó por realizar campañas de alfabetización en un país donde el 98% de sus habitantes no sabía leer ni escribir. Sankara se ocupó también de la situación desventajosa de la mujer de su país. Prohibió antiguas y bestiales prácticas como la mutilación genital, el matrimonio forzado y la poligamia. Nombró mujeres en cargos altos de su gobierno y obligó a que ellas participaran de los comités de las aldeas. Implantó además una política ecológica en su gobierno. Ordenó la plantación de millones de árboles para reducir la desertificación de su país. En materia internacional, el Che Guevara africano pensaba que lo mejor era aliarse con otros países del continente. Cuando su ministro de Economía le insistía para recibir asistencia económica del FMI, él respondía con una máxima: “Quien te alimenta, te controla”. Por supuesto que todas estas medidas le granjearon a Sankara una gran cantidad de enemigos. Mucho más cuando el líder africano prohibió la prensa privada y creó, para el control social, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Estos entes gestionaban desde la seguridad ciudadana hasta los presupuestos en los ministerios. También se crearon Tribunales Populares Revolucionarios, que enjuiciaban sumariamente a aquellos que consideraban “contrarrevolucionarios”. Hubo casos de torturas y de opositores encarcelados. Los que caían en estas prácticas represivas eran, en general, líderes sindicales y dueños de grandes extensiones de tierra. En 1984, siete funcionarios del antiguo régimen fueron acusados de traición y ejecutados. La traición del amigo músicoLa dictadura de Sankara continuó su sendero de cambios hasta que fue derrocado en 1987 por un golpe de Estado. Como si fuera una treta del destino, el ejecutor de esta movida contra el “Che africano” fue nada menos que su viejo amigo y colega en las lides musicales, Blaise Compaoré. El excantante de la banda de Sankara representaba aparentemente a los sectores más conservadores de Burkina Faso. Se dice también que el plan de desestabilización tuvo apoyo del gobierno de Costa de Marfil, férreo opositor al anticolonialismo del líder burkinés.Lo cierto es que el 15 de octubre de 1987, cuatro años después de haber asumido el poder, Sankara fue asaltado en su residencia de Uagadugú por un grupo de militares que estaban bajo el mando de su amigo Compaoré. Poco después, el guitarrista de jazz y revolucionario moría bajo los proyectiles de las Kalashnikov del pelotón de fusilamiento. Tenía 37 años. Su cuerpo fue desmembrado y enterrado en una tumba sin nombre. Acusado por sus enemigos de “traidor”, “renegado” y “autócrata”, el nuevo régimen de gobierno borró cualquier mención de Sankara de la vista pública. Tras ordenar el asesinato de su examigo, Compaoré se alzó con el gobierno de Burkina Faso. Una vez en el poder, comenzó una campaña para echar para atrás todos los cambios sociales que había realizado su excamarada de armas. Compaoré gobernó el país durante 27 años. En 2014, una sublevación popular acabó con su mandato. Michel Kafando, presidente interino del país, en su primer discurso mencionó y reivindicó a Sankara. En abril de 2022 y luego de un prolongado juicio, Compaoré fue condenado a cadena perpetua tras ser declarado culpable del asesinato de Sankara en 1987. Desde su destitución del poder, el excantante de Tout-à-Coup se encuentra exiliado en Costa de Marfil. Thomas Sankara solía decir que la música y la revolución debían tener una consigna en común: negarse a aceptar viejas fórmulas. Poco antes de morir, el dictador y músico había dejado por escrito su legado: “Si bien los revolucionarios como individuos pueden ser asesinados, las ideas no se asesinan”.
Fuente: La Nación