Economía
La CAF analiza financiar data centers en la Argentina: “El país está en condiciones de dar un salto tecnológico”
Mientras la inteligencia artificial acelera una carrera global por atraer inversiones en infraestructura digital, la Argentina reúne condiciones para convertirse en uno de los protagonistas de ese proceso en América Latina. Así lo sostuvo Pablo Bello, gerente de Transformación Digital de CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe-, quien aseguró que el organismo analiza alternativas para financiar proyectos vinculados a centros de datos y otras iniciativas de infraestructura tecnológica, tanto del sector público como privado.“La Argentina tiene una infraestructura de conectividad robusta, redes de fibra óptica desarrolladas, talento, capacidad de innovación y recursos energéticos que son fundamentales para la nueva economía digital. Está en condiciones de dar un salto tecnológico”, afirmó Bello en una entrevista con LA NACION tras el encuentro “Crecimiento económico, productividad y transformación digital”, organizado por CAF en la Ciudad de México.Especialista en políticas públicas digitales, Bello fue viceministro de Telecomunicaciones de Chile entre 2006 y 2010, dirigió la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones (Asiet), trabajó en Meta para América Latina en temas de regulación y políticas públicas y asesoró al Ministerio de Hacienda de Brasil. Desde CAF conduce la agenda regional de infraestructura digital, modernización del Estado y transformación productiva, con foco en financiamiento y asistencia técnica para los países de la región.Aunque evitó referirse a proyectos específicos, confirmó que el organismo mantiene conversaciones con el Gobierno argentino sobre nuevas iniciativas. “Estamos trabajando con la Nación y con distintas provincias en proyectos de transformación digital. Hay conversaciones que todavía no corresponde hacer públicas, pero esperamos tener noticias positivas”, señaló.Consultado sobre la posibilidad de financiar grandes centros de datos —infraestructura considerada estratégica para el desarrollo de la inteligencia artificial—, respondió que CAF cuenta con herramientas para hacerlo.“¿Por qué no? Si el Gobierno lo requiere o si existen proyectos privados, podemos participar. En inversiones de gran escala podemos estructurar créditos sindicados junto con otros bancos multilaterales y entidades financieras internacionales”, explicó.La expansión de los data centers se convirtió en uno de los ejes de la competencia global por captar inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. Además de grandes volúmenes de capital, estos proyectos demandan disponibilidad de energía, acceso al agua, conectividad internacional y estabilidad regulatoria. En ese escenario, la Argentina aparece con ventajas comparativas por el desarrollo de Vaca Muerta, el potencial de las energías renovables y una red de telecomunicaciones consolidada.El debate sobre la política industrialDurante la entrevista, Bello también dejó una definición que busca correr la discusión sobre el rol del Estado del terreno ideológico hacia uno más pragmático. “El mercado no va a corregir las brechas de desigualdad. Para eso se requieren políticas activas”, afirmó al ser consultado sobre cómo evitar que la inteligencia artificial profundice las diferencias entre empresas y regiones.Sin embargo, enseguida relativizó la discusión clásica sobre la existencia o no de una política industrial en el Gobierno de Javier Milei. “Incluso no tener política industrial también es una política industrial”, sostuvo. Y agregó: “No hay que quedarse solamente en la retórica. Cuando un gobierno genera condiciones para atraer inversiones en infraestructura digital, para desarrollar data centers o favorecer determinadas capacidades tecnológicas, también está haciendo política industrial”.A su juicio, los países pueden optar por modelos diferentes —con mayor protagonismo estatal o apoyándose principalmente en la inversión privada—, pero todos terminan diseñando políticas para orientar sectores considerados estratégicos. “Uno puede decidir que sea el Estado quien invierta directamente o generar incentivos para que lo haga el sector privado. Son caminos distintos, pero ambos son decisiones de política pública”, resumió.Productividad antes que tecnologíaLas definiciones de Bello estuvieron en línea con el diagnóstico que predominó durante el encuentro organizado por CAF, que reunió en el Museo Nacional de Energía y Tecnología (Munet), en la Ciudad de México, a ministros, funcionarios, empresarios y especialistas para debatir cómo acelerar la transformación digital de América Latina en un contexto marcado por el avance de la inteligencia artificial y el estancamiento de la productividad regional. Entre los participantes estuvieron el ministro de Economía y Finanzas de Paraguay, Óscar Lovera; el ministro de Hacienda de El Salvador, Jerson Posada; autoridades del Gobierno mexicano y representantes del sector tecnológico y de infraestructura digital.Durante la apertura, la vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilización de CAF, Alicia Montalvo, sostuvo que “la transformación digital es uno de los principales terrenos de disputa del nuevo orden económico” y advirtió que América Latina no puede limitarse a ser una “adoptante pasiva” de tecnologías desarrolladas en otras regiones. “Necesita una estrategia para reforzar su autonomía digital. La transformación digital es un multiplicador de fuerzas de todas las demás políticas de desarrollo”, afirmó.A lo largo de la jornada, los panelistas coincidieron en que la región necesita fortalecer la infraestructura digital, ampliar la capacidad de cómputo, desarrollar talento especializado y aprovechar ventajas comparativas como la disponibilidad de energías renovables y recursos naturales para atraer inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. Para Bello, sin embargo, el desafío ya no pasa únicamente por mejorar la conectividad.“Todos los países de América Latina están bien posicionados para aprovechar las oportunidades de la inteligencia artificial. El problema es si tendremos la audacia y la capacidad para implementar agendas ambiciosas de transformación”, concluyó.
Fuente: La Nación