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Milei no logra ordenar sus prioridades y le da aire a una fragmentada oposición
El Presidente está empecinado en demostrarle al país que tiene razón, aunque eso profundice los problemas existentes y debilite a un gobierno que desperdicia el año más importante de su administración, el tercero
Florentino Pérez parece haberse contagiado de Javier Milei: atacó a la prensa por lo que consideró “noticias falsas” tanto sobre su continuidad al frente del Real Madrid como sobre su estado de salud. Cuando los resultados no son los esperados y los aplausos se convierten en silbidos (y hasta en abucheos), algunos líderes tienden a confundir al mensajero con el mensaje. Durante la gestión de Pérez, también titular de ACS, una constructora de enorme envergadura, el club consiguió múltiples logros y agrandó su legendario historial. En una conferencia de prensa con una impresionante cobertura mediática, Florentino no hizo honor a su nombre y se mostró ofuscado y con muy poca paciencia. Pero, al menos, se dignó a someterse a las preguntas del periodismo. Milei, por el contrario, no pudo hasta ahora cumplir con sus principales promesas electorales, fundamentalmente eliminar los privilegios de “la casta” y controlar la inflación, que volvió a los niveles “históricos”, anteriores al episodio hiperinflacionario del final del gobierno anterior. Y a pesar del crecimiento económico, la gran mayoría de la sociedad sufre una caída en sus ingresos. Además, el escándalo Adorni y otros episodios de presunta corrupción le impiden alcanzar algún grado de credibilidad en su supuesta cruzada por poner a “la moral como política de Estado”. Y desde que llegó al poder no dio una sola conferencia ni brindó reportajes, excepto a periodistas que considera amigos personales y afines a sus políticas.Para salir de la crisis derivada de la temprana eliminación de la Champions, la derrota frente al Barcelona (que aseguró un nuevo título al conjunto catalán) y las muestras de indisciplina en su plantel, Pérez sorprendió adelantando las elecciones para buscar una nueva legitimidad de origen. Ratificó que se presentará acompañado por la misma junta directiva. En la Casa Rosada siempre hay menos libertad de acción que en la Casa Blanca, en este caso la del fútbol: Milei debe ceñirse a lo dispuesto por el artículo 95 de la Constitución, que establece que la elección se efectúa dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio, vale decir, no antes del 10 de octubre de 2027 (que justo cae domingo). Tampoco se conoce quién sería su candidato a vice. Pero lo más importante es que no puede romper con la inercia autodestructiva que debilitó su autoridad y erosionó su imagen. “Tiene una emocionalidad importante”, declaró Patricia Bullrich. “Está furioso”, dijo Guillermo Francos en el Rotary Club de Buenos Aires. “El que se enoja pierde” es un dicho popular que advierte cómo la ira descontrolada lleva a perder amistades, salud, dinero, relaciones y oportunidades. En un conflicto, cuando están ausentes la calma, el control de uno mismo y la capacidad de actuar racionalmente, se beneficia a la otra parte.El Presidente está empecinado en demostrarle al país que tiene razón, aunque eso profundice los problemas existentes y debilite a un gobierno que ya desperdició casi el 40% del año más importante de su administración, el tercero. La curiosa definición en torno a su jefe de Gabinete (“no lo voy a entregar por una elección”) expone un (des)orden de prioridades intrigante. Milei se había propuesto poco menos que reinventar la Argentina e insiste con que las transformaciones estructurales que impulsa modificarán para siempre un país que pretende, a su vez, colocar como vanguardia de los valores de Occidente. Pero se abrazó al jabonoso mástil que le ofrecen los Adorni, aun cuando implique una derrota electoral y el derrumbe de su ambicioso proyecto. Una contradicción terminante para el “bilardismo” que proclamaba como ideología. Doblar la apuesta a pesar de costos y consecuencias, esa práctica tan kirchnerista que los libertarios hicieron propia, facilita el camino político y electoral a una oposición que da tibias señales de vitalidad, aunque aún carece del financiamiento, la organización, la narrativa y los candidatos para competir en condiciones de forzar una alternancia.Por eso hay tanto interés en desentrañar los sutiles reacomodamientos del “círculo rojo”. Las recientes elecciones en Hungría ratificaron el viejo dicho: “No hay peor astilla que la del mismo palo”. Que Mauricio Macri se muestre tan activo y busque convertirse en “el próximo paso” corrector de este potencialmente extraviado proceso de cambio ratifica las peores sospechas de Karina Milei y su entorno. Por su parte, Patricia Bullrich mantiene un capital político propio que le permite gozar, como ningún otro integrante del oficialismo, de márgenes de maniobra frente a los hermanos Milei.Con el Gobierno incapaz de romper esta inercia negativa, se reaviva el debate respecto del financiamiento universitario. Tal como ocurre con la nube tóxica que emana de la Jefatura de Gabinete, le regala a una fragmentada oposición la posibilidad de converger detrás de una cuestión que disimula las enormes diferencias que existen no solo entre los distintos partidos y espacios, sino al interior de cada uno. Pero, además, el tema cuenta con un enorme respaldo de la sociedad (incluida una buena parte del votante libertario). El gobierno nacional vuelve a reclamar, como al principio de su gestión, la realización de auditorías, que en rigor la mayoría de las casas de altos estudios hace regularmente. Si lo que pretendía era discutir su contenido, tuvo 30 meses para hacerlo. Al menos dos altos funcionarios son muy escépticos respecto del eventual fallo de la Corte Suprema sobre la ley vigente a partir del recurso presentado por los rectores. Cabe recordar que Milei decidió ignorarla aunque el Congreso rechazó el veto, un hecho inusual en nuestra historia institucional. Asimismo, deslegitimar el reclamo universitario y minimizar la masiva participación en las marchas del pasado martes en las principales ciudades del país con el absurdo argumento de que se trata de una cuestión política constituye una actitud infantil y un error conceptual: toda manifestación pública es un hecho político. El debate sobre las prioridades del gasto público también lo es. La universidad pública, desde la reforma de 1918, fue un ámbito donde se formaron líderes de las más distintas ideologías y en el que repercutieron los principales debates de interés social. Otro sería el cantar si se tratara de una cuestión partidaria, pero dicha crítica queda abortada dado el pluralismo que en ese aspecto siempre caracterizó a nuestra educación superior.En el ínterin, la sociedad argentina pierde la oportunidad de reflexionar sin prejuicios ni ataduras ideológicas respecto del sistema universitario que necesita. El financiamiento es relevante, pero el debate no debe limitarse a esa dimensión. Como en toda política pública, el interrogante fundamental es su calidad, alcance e impacto en términos de desarrollo y equidad. En este caso, tratándose nada más y nada menos que de la formación de capital humano y de buena parte de la producción intelectual y científica del país, resulta imperioso indagar en la lógica y pertinencia de la asignación de los recursos. ¿Estamos formando el talento que necesitamos para desarrollar el país? ¿Pueden identificarse áreas de conocimiento donde no contamos con profesionales suficientes? ¿Existen los instrumentos de política (como becas y subsidios) para definir incentivos selectivos que apunten a cubrir la demanda insatisfecha? Esto requeriría la existencia de un Estado inteligente que defina prioridades estratégicas y pueda coordinar políticas educativas con provincias, empresas y casas de altos estudios. Lamentablemente, nada de esto está siendo debatido. Curioso que un presidente economista se obsesione con congelar el gasto sin preguntarse qué es lo que está comprando.