Luisana Lopilato reveló lo complejo que es organizar su vida familiar junto a Michael Bublé: “Es difícil”

Luisana Lopilato y Michael Bublé representan una de las uniones más sólidas del ambiente artístico internacional. Desde aquel flechazo en noviembre de 2008 en el Gran Rex —donde el cantante canadiense quedó deslumbrado por la actriz en medio de uno de sus shows—, la pareja desafió la distancia y las fronteras para permanecer unidos. Hoy, con casi dos décadas juntos, la ex Rebelde Way reveló la compleja ingeniería detrás de su organización familiar entre Argentina y Canadá. En una charla con Guido Kaczka para su ciclo radial Nada está todo dicho (La 100), la actriz desglosó el engranaje que mantiene en pie su hogar. “Hace 19 años que lo venimos haciendo y sigue funcionando, pero es difícil”, admitió. Para el matrimonio, el concepto de hogar no es estático, sino un constante ejercicio de equilibrio geográfico. Con una vida repartida entre sets de filmación y estadios internacionales, la educación de sus cuatro hijos —Noah, Elías, Vida y Cielo— se convirtió en un desafío de alto impacto.En ese sentido, Lopilato describió su rutina como una batalla permanente contra el calendario; una logística tan exigente que la obliga a planificar con una antelación inusual. “En diciembre ya estoy resolviendo agosto del año que viene”, explicó.Pero la clave del éxito no solo reside en la agenda de Luisana, sino en un acuerdo mutuo de prioridades. La estructura familiar se apoya en un sistema donde el bienestar de los niños siempre es prioridad, incluso si eso implica sacrificar compromisos profesionales. “A él también le toca reprogramar un show porque yo tengo que filmar. Es la única forma de que todo funcione”, detalló la actriz al dejar en claro el rol equitativo y activo del canadiense en la crianza.Finalmente, Luisana subrayó que su mayor reto es proteger la estabilidad de sus hijos frente al cambio constante. Su estrategia es clara: reducir las ausencias y trasladar la estructura familiar a cualquier rincón del planeta. “Busco que el tiempo fuera de casa no supere las tres semanas, pero siempre viajo con una maestra para que los chicos mantengan su ritmo escolar y su rutina habitual”, concluyó.
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