Andropausia: qué cambios atraviesan los hombres después de los 50 y cuándo conviene consultar

No sucede de un día para otro. Tampoco les ocurre a todos los hombres. Pero para algunos, el paso del tiempo trae una transformación silenciosa que puede afectar la energía, el deseo sexual, el sueño, el estado de ánimo y hasta la autoestima.Aunque durante años estos cambios quedaron opacados por la conversación sobre la menopausia femenina, hoy los especialistas coinciden en que también merecen ser comprendidos y abordados. Mientras la menopausia logró instalarse en la agenda pública y dejó de ser un tema del que se hablaba en voz baja, el envejecimiento hormonal masculino permaneció durante décadas casi fuera de la conversación. Sin un hito biológico tan claro como el que atraviesan las mujeres, muchos hombres transitan estos cambios en silencio, atribuyéndolos a las exigencias cotidianas, al exceso de trabajo o simplemente al paso del tiempo.El cansancio persistente, la pérdida del deseo sexual, la disminución de la masa muscular, las alteraciones del sueño o los cambios en el estado de ánimo suelen atribuirse al estrés, al exceso de trabajo o simplemente a la edad. Sin embargo, en algunos casos pueden estar relacionados con una disminución de la testosterona, la principal hormona sexual masculina.Aunque popularmente se habla de “andropausia” o incluso de “menopausia masculina”, los especialistas coinciden en que esa comparación resulta imprecisa y puede generar falsas expectativas. A diferencia de lo que ocurre en las mujeres, los hombres no atraviesan un corte abrupto de su función reproductiva ni una caída repentina de sus hormonas. Se trata de un proceso mucho más lento, gradual y variable, que no afecta a todos por igual.“El término correcto es hipogonadismo de inicio tardío o déficit androgénico asociado a la edad. No es apropiado hablar de menopausia masculina porque la menopausia es un evento universal y repentino, mientras que en los hombres el descenso hormonal ocurre de forma progresiva y solo una parte desarrolla síntomas clínicos”, explica el doctor Nicolás Villasante, jefe de la Sección Andrología, Cirugía Reconstructiva y HPB del Hospital Alemán.Tiene 91 años y recorre el Sendero de los Apalaches, de 3524 kilómetros, por segunda vezEn la misma línea, el urólogo y andrólogo Matías Bollea Gaspa, del Centro Médico de Boreal Salud, señala que el término “andropausia” se mantiene por su difusión popular, aunque desde el punto de vista médico describe una realidad diferente. “La menopausia implica el cese definitivo de la ovulación. En el hombre no existe un corte brusco de la función reproductiva, sino una disminución progresiva de la producción de testosterona con el paso de los años”, resume.Mucho más que la edadA partir de los 30 o 40 años, los niveles de testosterona comienzan a disminuir lentamente, en promedio alrededor de un 1% anual, aunque los síntomas suelen hacerse más evidentes recién después de los 50 o 60 años. Ese proceso no ocurre de la misma manera en todos los hombres: la genética, la actividad física, la alimentación, el descanso, el peso corporal y la presencia de enfermedades metabólicas o cardiovasculares influyen en la intensidad de los cambios.Lejos de tratarse únicamente de una cuestión hormonal, el envejecimiento masculino responde a un entramado de factores biológicos, psicológicos y ambientales que interactúan entre sí. La obesidad, por ejemplo, favorece la disminución de testosterona; el estrés crónico eleva el cortisol, una hormona que también interfiere con su producción; y dormir menos de seis o siete horas por noche altera uno de los principales momentos en los que el organismo sintetiza esta hormona.Comprender esa complejidad también ayuda a desterrar uno de los mitos más frecuentes: no todos los hombres necesitan reemplazo hormonal ni todos los cambios que aparecen con la edad obedecen a un déficit de testosterona. Antes de pensar en un tratamiento, el primer paso siempre es realizar una evaluación médica completa, identificar las causas de los síntomas y determinar si realmente existe un hipogonadismo de inicio tardío.Las señalesLa clave está en distinguir entre los cambios esperables de la edad y aquellos que comienzan a afectar la calidad de vida. Las manifestaciones suelen aparecer de forma progresiva y abarcar distintas áreas de la salud. Entre las más características se encuentran la disminución del deseo sexual, la menor frecuencia de las erecciones espontáneas —especialmente las matutinas— y la disfunción eréctil. A estos síntomas pueden sumarse pérdida de masa muscular y fuerza, aumento de la grasa abdominal, menor densidad ósea, fatiga persistente, alteraciones del sueño, dificultades para concentrarse, irritabilidad y cambios en el estado de ánimo.“Lo importante es no resignarse a pensar que todo forma parte de la edad”, señala Nicolás Villasante. “Cuando estos síntomas persisten, afectan las relaciones, el trabajo o el bienestar general, merecen una evaluación médica”.Bollea Gaspa coincide en que muchos hombres llegan tarde a la consulta porque durante años atribuyen cambios como la irritabilidad, el cansancio y la disminución de la libido al ritmo de vida.Además, los especialistas recuerdan que el hipogonadismo de inicio tardío representa solo una parte del problema. Enfermedades cardiovasculares, metabólicas o endocrinológicas también pueden provocar síntomas similares y requieren una evaluación médica para arribar al diagnóstico correcto.No todo es testosteronaReducir todos estos cambios a una cuestión hormonal sería simplificar demasiado un proceso mucho más complejo. La evidencia muestra que el deseo sexual, la vitalidad y el bienestar emocional dependen de múltiples factores que interactúan entre sí.“Las hormonas son solo una parte de la explicación”, afirma Rolando Salinas, profesor de Psicología de la Salud de la UCA. “También influyen el estrés, la calidad del sueño, la depresión, la ansiedad, las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, algunos medicamentos, la calidad de la relación de pareja y las preocupaciones cotidianas. Por eso, es importante evitar el diagnóstico simplista de que ‘es la testosterona’. Cada caso merece una evaluación completa”.Ese enfoque integral también explica por qué dos hombres de la misma edad pueden atravesar experiencias completamente diferentes. Mientras algunos mantienen una vida activa y apenas perciben modificaciones, otros experimentan síntomas más intensos favorecidos por factores como la obesidad, el sedentarismo, el síndrome metabólico o el estrés crónico, todos capaces de influir sobre la producción y la acción de la testosterona.El endocrinólogo y profesor de Fisiología de la UBA, Osvaldo Ponzo, coincide en que no siempre el origen del problema está en un déficit hormonal. “Hay que diferenciar si el cansancio, la falta de energía o la disminución del deseo sexual responden a una caída de la testosterona o a un aumento del cortisol como consecuencia del estrés crónico. Incluso, el exceso sostenido de cortisol puede terminar inhibiendo la producción de testosterona”.En este contexto, los hábitos cotidianos adquieren un protagonismo inesperado. Dormir menos de siete horas por noche altera la producción hormonal; una alimentación rica en ultraprocesados favorece el aumento de la grasa abdominal y la resistencia a la insulina; el exceso de estrés sostenido repercute sobre el equilibrio hormonal; y la falta de actividad física acelera la pérdida de masa muscular que acompaña al envejecimiento. “No existe un tratamiento que pueda reemplazar el impacto de un estilo de vida saludable”, resume Bollea Gaspa. La actividad física, una buena alimentación, el descanso adecuado y el cuidado de la vida social y de pareja forman parte del abordaje tanto como cualquier medicación.Hablar también es cuidarReconocer estos cambios no siempre resulta sencillo. Durante mucho tiempo, la cultura asoció la masculinidad con la fortaleza física, el rendimiento permanente y la capacidad de siempre de poder resolver. Cuando aparecen dificultades relacionadas con la energía, la sexualidad o el propio cuerpo, muchos hombres viven esos cambios como un cuestionamiento a su identidad.“Muchos crecieron con la idea de que un hombre debe poder con todo, no mostrar fragilidad y resolver sus problemas en silencio. Esa forma de entender la masculinidad hace que consulten tarde o, directamente, eviten hablar del tema. Sin embargo, compartir estas preocupaciones con la pareja o con un profesional suele ser el primer paso para disminuir la ansiedad y encontrar soluciones”, aclara Salinas.Esa resistencia también ayuda a explicar por qué tantas consultas llegan después de meses —o incluso años— de síntomas persistentes. Para el especialista, envejecer no implica perder la identidad masculina, sino redefinirla. La experiencia, la capacidad de cuidar, de sostener vínculos y de construir una intimidad más profunda terminan siendo mucho más importantes que la idea de un rendimiento permanente.Una mirada similar aporta la psicóloga Beatriz Goldberg, miembro de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y autora del libro Cómo convivir con un andropáusico. Según señala, el descenso de testosterona puede acompañarse de irritabilidad, cambios de humor y una sensación de menor vitalidad que muchos hombres prefieren ocultar por vergüenza o porque sienten que deberían atravesar esta etapa sin dificultades. En ese contexto, el diálogo y el acompañamiento de la pareja son herramientas fundamentales para evitar el aislamiento y transitar los cambios con mayor naturalidad.Los síntomas pueden parecer evidentes, pero llegar al diagnóstico no siempre es sencillo. Antes de pensar en un tratamiento, los especialistas insisten en la importancia de una evaluación clínica completa que permita diferenciar este cuadro de otras enfermedades frecuentes.El diagnóstico del hipogonadismo de inicio tardío requiere algo más que un análisis de sangre. “No alcanza con medir únicamente la testosterona total”, explica Ponzo. “También deben evaluarse distintas fracciones

Fuente: La Nación