“Siempre me gustó la ganadería y contaba los días para llegar a este lugar desde chica”, dice la joven que hace unos cinco años todavía dudaba si hacer de la producción animal y el campo, su carrera de estudio.
Finalmente, decidió tomar el camino de la creatividad con la idea de algún día vincular ambos mundos, y en 2021 se recibió de Licenciada en Diseño Publicitario.
Y ese día llegó para Belén —”Bela”— Sigmaringo, la joven de 26 años que en la Exposición Rural 2026 logró abocarse de lleno a la fotografía para Angus y algunas cabañas particulares. Ahora le resulta una locura pensarlo y se emociona con su presente.
Para ella, no solo es estar en la pista central; es conocer gente, hacer contactos, recibir cariño y sentir que, de alguna forma, está en el campo.
UNA FOTÓGRAFA Y CABAÑERA SUELTA EN PALERMO
“Ni en un sueño pensé que iba a estar dentro de una pista de Palermo, en la Jura de Otoño en la exposición de Angus o con otras razas, como Speckle Park”, confesó a Infocampo con un aire de sorpresa que no se le borraba de la cara, con la pista central del predio ferial de La Rural, vacía, en algún descanso de esa gran arena.
Y es que, detrás del sentimiento hay una historia que empieza mucho antes que su primera cámara. Belén es la quinta generación familiar de productores cabañeros, de una historia que empezó en 1922 cuando la familia Badaracco compró el primer campo; el bisabuelo de su abuela. Su papá, Eduardo Sigmaringo, lleva adelante las actividades que realizan en la Cabaña La Legua, en Coronel Pringles.
En La Legua hacen mejoramiento genético y organizan remates
Aunque la fotografía le gustaba desde chica, fue en la pandemia cuando se mudaron de Tigre a vivir al campo. En paralelo, empezaba a urgir la necesidad de digitalizar los remates de la cabaña. Y sin pensarlo demasiado, empezó a estar mucho más presente en las actividades vinculadas al negocio familiar. Claro, siempre con cámara en mano.
“Muchas personas se sentaron al lado mío y me dieron un consejo”, recordó sobre esos inicios sacando fotos en el campo. En ese momento, fue entender de fenotipos y virtudes del animal.
“Si bien yo ya lo sabía, no es lo mismo a la hora de sacar una foto”, explicó en relación a los “secretos” de la profesión para moverse. Se trata de captar en el momento justo y en una milésima de segundo, el retrato que va a ser parte de un cuento.
Desde entonces, cada día se convirtió en una oportunidad de practicar la fotografía. Hasta que en mayo del año pasado, sentada en las gradas de la Jura de Otoño con su cámara, le dijo a una amiga “che, ¿te imaginás estar ahí adentro? Yo quiero hacer eso”.
Al ver que el deseo crecía y esa actividad se volvía algo diario, su padre la sorprendió al tramitar el permiso de prensa para poder ingresar por primera vez a las pistas de Palermo. Todavía le parece impensado y sorpresivo, y se emociona cuando lo cuenta. Así, entró a las pistas de Palermo en la Exposición Rural 2025.
Aunque ya estaba comprometida —trabajaba ad honorem regalando muchas fotos— ese empujón la ayudó a despojarse de los miedos y a animarse a hacer de esa actividad su profesión. “Cuando empezaba en este mundo lloraba de miedo, después de un año lloro de agradecimiento”, expresó, mientras esboza una sonrisa.
Belén Sigmaringo junto a sus cuatro hermanos y sus papás, Eduardo y Silvina.
Detrás de esa entrega “gratuita” había pasión. “Sé lo que se siente ser criador o expositor y querer que tu mejor animal de la camada tenga esa foto del momento exacto en que se luce”, añadió Unos meses después la contactó la Asociación de Criadores Angus.
El resultado es que, este año, “Bela” formó parte de un plantel reducido de fotógrafos que ingresaron a la pista central del predio ferial de Palermo —un lugar con historia, cuyas tribunas oficiales, inauguradas en 1909, fueron de las primeras de este tipo construidas en el país.
DEL CAMPO A LOS “FLASHES”
En el corredor de entrada a la pista 2 del predio ferial —la del fondo, justo entre las gradas y el escenario—, Bela relató cómo es fotografiar animales y mencionó dos factores muy constitutivos del trabajo de campo que alcanzan el oficio: el clima y las distancias.
El primero afecta especialmente su trabajo al punto de condicionarlo. “Ojalá pudiera tener un control para que salga la luz o poner una nube”, bromeó sobre las condiciones climáticas, el gran factor externo que ni la empresa más tecnológica del campo puede controlar.
Aunque, cuando el tiempo apremia, uno tiene que seguir con la producción con heladas, con neblina o con una nube pasajera, comentó. Eso lo hace ajustando la luz de forma manual con la cámara frente a cada cambio en el ambiente.
Bovinos en medio de la neblina, un ejemplo del desafío que impone fotografiar a “cielo abierto”
Un detalle no menor son los cuerpos que fotografía, empezando porque es fotógrafa de seres vivos; con lo que eso conlleva.
En ese punto, es cuando más debe estar concentrada: “Es la milésima de segundo en que tenés que estar parada en el lugar exacto y preciso sin que pestañee el animal”, expresó.
Si bien se reconoce autoexigente, es consciente de esa cuota de control que queda librada al azar: la oreja que salió torcida, un animal que tapó a otro, un “piquecito”.
Aprendió a convivir con las distancias y, a veces, maneja sola para llegar de un campo a otro. El auto se convirtió, además, en estudio para “posproducción”, donde realiza la edición fina y el acabado profesional para la entrega del material a sus clientes.
Las órdenes de venta y catálogos le permiten manejar mejor el tiempo, en cambio, “las exposiciones y remates son trabajos para el mismo día”.
UN CUENTA EN CADA FOTO
Por otro lado, a través de sus fotografías, Belén busca transmitir un cuento. Lo hace generando ángulos que comuniquen la dimensión del lugar y que transmitan el entorno. En paralelo, resalta la importancia de saber moverse en pista para no arruinar el trabajo del otro, una lectura que —reconoce— para ella es intuitiva.
Ahora que llegó a una de las muestras más grandes de Argentina en lo que a ganadería se refiere, sueña con cubrir exposiciones internacionales, conocer otras culturas y pistas nuevas.
“Desde lo emocional y personal, puedo decir que más grande que esto, no hay”, confesó sobre la dimensión que le otorga a la Exposición de Palermo para fotografiar animales. “Lo hago con el corazón”, concluyó.
Agro & Campo
La milésima de segundo: “Bela”, la cabañera y fotógrafa que unió dos pasiones y las lució en Palermo
Fuente: InfoCampo