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Es hora de revisar la ESI
Hace veinte años, luego de una caldeada controversia, se implementó la ley sobre la Educación Sexual Integral (ESI), estableciendo el derecho de los estudiantes de los tres niveles a recibir información “actualizada y científicamente validada” acerca de sexualidad, dirigida a evitar abusos y embarazos no deseados, además de a cuidar el cuerpo.A pesar de la fuerte resistencia de sectores religiosos y conservadores, las currículas incorporaron obligatoriamente desde entonces contenidos -que no requieren autorización de adultos responsables- sobre biología y anatomía, como así también referidos al respeto a la diversidad sexual y a la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS). A partir de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, empujada por movimientos feministas y aprobada en 2018, se sumaron la perspectiva de género, los derechos sexuales reproductivos y los cuestionamientos a los estereotipos de género, entre otros temas, incorporando nuevos lineamientos que no habían sido incluidos inicialmente y que para muchos “obligan a los niños a hacerse preguntas antes de tiempo”, muchas de las cuales deberían darse en el ámbito familiar. Desde la asociación Padres Unidos Argentina, se inició una campaña “contra la ideología de género en la escuela”. Se cuestiona que estos conceptos lleguen tempranamente, sin respetar los tiempos de los chicos y sin una mirada integral desprovista de contenido ideológico.No por esto se pueden descartar aportes que viene haciendo la ESI, y que tanto Unicef como el Ministerio Público Tutelar de la ciudad de Buenos Aires le atribuyen, tales como la capacidad adquirida por niños y adolescentes para detectar situaciones de abuso o de violencia, además de la reducción de tasas de embarazo adolescente, que cayeron un 49% entre 2014 y 2020.Semanas atrás, en una sesión que presidía en la Legislatura, la vicejefa de Gobierno porteño, Clara Muzzio, calificó a la ESI de “trampa mortal” que “destruye la cabeza de los niños” a partir de la incorporación de la “ideología de género” y cuestionó los contenidos actuales del programa educativo. El planteo sorprendió a muchos, por cuanto funcionarios y legisladores de su propio espacio político no estarían de acuerdo. Invitada a retractarse, incluso ante la posibilidad de una disparatada denuncia penal por supuesto incumplimiento de deberes de funcionario público y discriminación, ella defendió sus dichos: “No dije nada fuera de lugar, solo que hay dos sexos, como establece la biología. Sin embargo, la magnitud y la ira de las reacciones dejan ver que esa definición tiene para ellos un enorme significado político que no están dispuestos a permitir que sea desafiado”.Debe reconocerse que, con el tiempo, buena parte de la ESI se ha ido cargando de adoctrinamiento ideológico por encima de la necesaria educación sexual. Educar nunca debe equivaler a imponer una mirada única. Favorecer la expresión de concepciones diversas en un clima de libertad y sin que esto sea traumático es bueno para la sociedad. La formación de niños y jóvenes debe priorizar el conocimiento del cuerpo humano, el respeto por la vida, el valor de la maternidad, la paternidad y la familia. Se trata de una responsabilidad compartida que, de ninguna manera, puede dejar fuera a los padres para reemplazarlos por el Estado en la crianza de sus hijos.
Fuente: La Nación