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Muerte y misterio en Coghlan: “A partir de esta historia no sé quién es”, declaró un amigo de Cristian Graf, el principal sospechoso del caso
Miguel Riños declaró como testigo ante el fiscal Martín López Perrando, a cargo de la investigación del hallazgo de los restos de Diego Fernández Lima, desaparecido en 1984
Miguel Riños es amigo de Cristian Graf, el hombre que quedó bajo sospecha después de que en mayo del año pasado, por mera casualidad, fueran encontrados en el jardín de su casa de Coghlan los restos de Diego Fernández Lima, un adolescente que había desaparecido en 1984 y que había sido compañero suyo de la secundaria. Bajo juramento de decir la verdad, Riños declaró como testigo en el caso. Y si bien no aportó pistas para avanzar en una línea investigativa que permita saber quién mató a Fernández Lima, y por qué, dejó dos afirmaciones que no pasaron por alto.“A partir de esta historia no sé quién es Cristian Graf” y “esto sacudió la imagen que tenía de él”, sostuvo Riños, según pudo reconstruir LA NACION de fuentes que participaron de la audiencia testimonial, realizada ante el fiscal nacional en lo criminal y correccional Martín López Perrando. De la diligencia también participó el abogado Tomás Brady, quien junto con su colega Hugo Wortman Jofré representa a la familia de la víctima.Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció, la tarde del 26 de julio de 1984. Había sido compañero de Graf, quien ahora tiene 58, en segundo año de una escuela secundaria del barrio porteño de Villa Ortúzar.Riños afirmó en su declaración que conoció a Graf en 1985, es decir, después de la desaparición de Diego. Hubo un punto álgido en su testimonial, según pudo reconstruir LA NACION: fue cuando le preguntaron si, a partir de la notoriedad de la noticia del hallazgo de los restos óseos en el jardín de la casa de su amigo, habían hablado del tema. “Nunca hablamos del tema”, afirmó. Aunque poco después recordó que “después de terminado el asunto” Graf los convocó a él y otros amigos a un encuentro en febrero pasado. Entonces, reconoció, Graf les dijo: “No sé qué fue lo que sucedió” para que los huesos aparecieran enterrados en el fondo de su casa. El testigo dijo no recordar qué amigos estuvieron en la reunión convocada por el imputado en el caso Fernández Lima. Los investigadores esperan reconstruir los momentos previos y posteriores al encuentro a partir de los mensajes de WhatsApp que aportaron Riños y otro testigo que declaró anteayer, Carlos Elizari.Graf y los dos testigos se conocieron y se hicieron amigos en un grupo de scouts. La amistad perduró. Los nombres de los testigos fueron aportados por la exmujer y madre de los hijos mayores de Graf, Daniela Barreiro, a fines de febrero pasado, cuando declaró como testigo. También habían sido nombrados en su indagatoria por el sospechoso como sus amigos, pero cuando la Sala V de la Cámara del Crimen, integrada por Ignacio Rodríguez Varela, Hernán López y Julio Lucini, revocó el sobreseimiento de Graf (dictado por el juez Alejandro Litvack), se declaró nula la declaración indagatoria del imputado. El tribunal de alzada ordenó reabrir la investigación.Elizari, de 59 años, fue el segundo testigo en declarar. Como reveló Clarín, el acto tuvo una curiosidad: descubrieron que Elizari estaba grabando su declaración testimonial, algo que no está permitido.“Se descubrió cuando se le solicitó su teléfono celular para hacer la migración de los chats de WhatsApp que había intercambiado como Graf al correo del Ministerio Público Fiscal”, dijo a LA NACION una calificada fuente que conoció en detalle lo que pasó en la audiencia.Elizari no pudo precisar cuándo conoció a Graf. Le preguntaron si fue durante la última dictadura cívico-militar o cuando en el país ya había retornado la democracia, pero dijo que no lo recordaba.Ahora los investigadores del caso esperan hallar pistas en los chats entre el sospechoso y sus amigos y en el resultado del análisis del jardín de la familia Graf que la Gendarmería hizo la semana pasada con un georadar.Arqueología de un crimenEl caso quedó bajo la lupa judicial cuando personal de la Policía de la Ciudad fue alertado de que obreros que trabajaban en una obra en construcción en un lote situado en la avenida Congreso 3748 encontraron restos óseos cuando hacían una excavación para fundar cimientos. En ese lugar había un chalet donde, a principios de este siglo, vivió el músico Gustavo Cerati, que se lo había alquilado a la artista plástica Marina Olmi, hermana del actor Boy Olmi.La propiedad fue demolida para la construcción de un edificio. En el momento del hallazgo, los albañiles trabajaban sobre la medianera que da al fondo del inmueble situado en Congreso 3742.Tras el hallazgo de los huesos se inició una investigación que quedó a cargo del fiscal López Perrando, que, dadas las particularidades del caso –se trataba de un cuerpo que, evidentemente, llevaba muchos años enterrado, lo que requería de métodos especiales de análisis–, convocó a especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Ellos fueron los encargados de la“intervención arqueológica” en la escena donde aparecieron los restos óseos, el 29 de mayo pasado.“Fuimos convocados por la fiscalía de López Perrando para realizar una ‘intervención arqueológica’ para aportar una mirada y una interpretación del contexto en que se produjo el hallazgo. Ingresamos por la avenida Congreso 3748, donde se encuentra el obrador. El lugar del hallazgo fue en la medianera con la propiedad de la avenida Congreso 3742. No se trataba de una medianera de concreto: era una medianera ‘verde’, un ligustro frondoso. Buscamos indicios para determinar la fosa original donde fue enterrado el cuerpo”, explicó oportunamente a LA NACION la directora para la Argentina del EAAF, Mariella Fumagalli.La mayoría de los 150 fragmentos óseos fueron levantados por peritos de la Unidad Criminalística Móvil (UCM) de la Policía de la Ciudad, que trabajó en la escena el día del hallazgo de los huesos.Los especialistas del EAAF recolectaron una serie de “elementos asociados”: una etiqueta de una prenda que podía corresponder a una campera o a un pantalón de jean marca UFO, una media y cuero que podría haber sido parte de un par de botas. El personal de la Policía de la Ciudad ya había secuestrado el reloj y la corbata azul.A partir de la “lectura y limpieza arqueológica”, los peritos del EAAF estimaron que el foso donde fue enterrado Fernández Lima tenía 60 centímetros de profundidad, 1,20 metros de largo y aproximadamente 60 centímetros de ancho, explicó Fumagalli.“La evidencia nos permitió inferir que el foso está situado en el lote de la avenida Congreso 3742. Que el hallazgo se haya producido en el lote de al lado, sumado al hecho de que en esa casa vivió Cerati, fue un factor clave para la difusión del caso y una señal de alarma para la familia de Diego, porque seguían la información que salía en los medios de comunicación y todo les hacía ‘ruido’”, explicó la directora para la Argentina del EAAF.Los peritos del EAAF estuvieron a cargo de hacer un perfil biológico de los fragmentos óseos hallados en el jardín de Coghlan. Se trata de un estudio que permite determinar el sexo, la edad estimada en el momento de la muerte, la estatura y posibles lesiones que presentara el cuerpo, entre otras cuestiones.De pronto hubo un giro en el caso: la familia de Diego se comunicó con la fiscalía de López Perrando y con el EAAF. A partir de la información que se publicaba en la prensa relativa a los huesos hallados en la casa de al lado de la que había alquilado Cerati, las primeras sospechas de los Fernández Lima se convirtieron en señales de alarma.Entonces se le tomó una muestra de sangre a la madre de Diego, Bernabella Lima, que hoy tiene 87 años. Hubo “match”: el adolescente desaparecido en julio de 1984 había sido asesinado y enterrado en el jardín de una casa de Coghlan.