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Anastasia: un musical de Broadway con aires de realeza que llegó a la avenida Corrientes
Minerva Casero, en un correcto debut teatral, interpreta a la duquesa zarista que se convirtió en leyenda
Autores: Terrence McNally (libro), Stephen Flaherty (música) y Lynn Ahrens (letras). Dirección general: Marcelo Rosa. Dirección musical: Néstor Tedesco. Elenco: Minerva Casero, Iñaki Aldao, Pichu Stranco, Agustín Iannone, Andrea Mango, Carolina Mainero, Tomán Vila y otros. Coreografías: Alejandro Ibarra. Escenografía: Carlos Cifani. Diseño de proyecciones: Aaron Rhyne y Broadway Media. Iluminación: Martín Fernández Paponi y Claudio Del Bianco. Vestuario: Stella Maris Müller. Sala: Teatro Astral (avda. Corrientes 1639). Funciones: miércoles a las 20, sábados, a las 15.30 y domingos, a las 16. Duración: 135 minutos (con intervalo). Nuestra opinión: Bueno.Este es el año de Broadway en la avenida Corrientes. Y para ratificarlo acaba de estrenarse Anastasia en el Teatro Astral. Uno de los musicales que brilló en la temporada 2017 de la gran vía teatral de Nueva York y que luego hizo su recorrido por otras grandes capitales teatrales del mundo, como Madrid (en 2018) y Ciudad de México (en 2023). De todos modos, hay que aclararlo, Anastasia no es un producto original de Broadway, sino una adaptación del film animado norteamericano de 1997, que dirigieron Don Bluth y Gary Goldman y que produjo 20th Century Fox. La historia es la misma: la leyenda de la duquesa Anastasia Nikoláyevna de Rusia quien supuestamente escapó de la ejecución de su familia a manos del ejército bolchevique, en 1917. Pero tiene varias diferencias: la más importante es la ausencia del malvado Rasputín (un personaje inspirado en el místico Grigori Rasputín, recordado por su ascendencia negativa sobre la zarina Alejandra, madre de Anastasia), que le otorgaba un halo de fantasía maquiavélica a gran parte de la trama (y que por eso pasó a formar parte del panteón de los grandes villanos del cine de animación). En la traslación escénica, en cambio, el rol de villano lo lleva adelante un personaje más mundano (y creíble): el comisario Gleb.En la obra (como en la película) la acción comienza en 1906, en el palacio real de San Petersburgo, en pleno reinado zarista. Cuando la emperatriz María Fiódorovna le entrega a su nieta Anastasia una caja de música a manera de regalo de despedida antes de su partida a París. Este es un momento importante porque irrumpe por primera vez el leit motiv del musical: la bellísima canción “Una vez en diciembre” (a cargo de la exquisita Andrea Mango, quien interpreta a la abuela zarista). Luego, la acción salta a un baile de etiqueta, en 1917, cuando los bolcheviques irrumpen en el palacio y, a manera de primera medida del nuevo régimen de gobierno comunista, asesinan a toda la familia Romanov. En realidad a “casi” todo el grupo familiar, porque el cuerpo de Anastasia no se encuentra y es entonces cuando nace la leyenda en torno a su figura. ¿Habrá muerto en realidad o podría permanecer amnésica o escondida en algún lugar?Luego, la historia que –hay que decirlo- para un público familiar podría ser en principio un tanto truculenta y violenta, transcurre por momentos más sosegados y divertidos. La mayoría de ellos gracias a la participación de Carolina Mainero y Fernando “Pichu” Straneo, como la pizpireta condesa Lily y el farsante de poca monta Vlad. Los dos se destacan notablemente del resto (tanto en el canto como en el baile y la actuación) y Straneo sorprende aún más por tratarse de su debut en el género. Cada uno es protagonista de dos números brillantes: ella de “La tierra del ayer” y él de “París tiene la llave (de tu corazón)”. En contraposición, el cuadro más dramático (y más complejo del musical), muy bien resuelto e interpretado, es “Cuarteto en el ballet”, que incluye en escena un fragmento de El lago de los cisnes y en los palcos la participación de todos los protagonistas de la trama. La versión local de Anastasia es visualmente atractiva, pero se ha abusado mucho del uso de las pantallas. Salvo por la aparición de un carro en escena, que hace las veces de vagón de tren, la escenografía casi brilla por su ausencia. El vestuario, en cambio, está a tono con el nivel de producción que requiere el espectáculo. Lo mismo que el sonido, que es impecable, y el diseño de las luces. Mención aparte para el creativo trabajo de Alejandro Ibarra, que no se ha restringido a repetir las coreografías originales de Broadway. Lo que a esta versión de Anastasia aún le falta, y seguramente el esforzado director Marcelo Rosa lo va a conseguir, es más emoción. Porque ese es el quid de este musical, no otro. Un punto a fortalecer, por ejemplo, es la relación entre Anastasia y su abuela a lo largo de toda la historia. Y también la de Anastasia con el joven Dimitri (muy bien Iñaki Aldao, en otro paso adelante en su carrera luego de su protagónico en El curioso incidente del perro a medianoche). Como Anastasia, en su debut teatral, Minerva Casero está correcta. Canta bien y actúa mejor. Y seguramente con el correr de las funciones logrará una interpretación más acabada y profunda de su criatura. A su favor, debe reconocérsele su potente y sentida rendición de “Un viaje al pasado”, otro de los hits del musical.3 stars