“Hay que disfrutarlo porque la vida se te pasa volando”: Carlos Curone dedicó su vida al trabajo en cabañas que, aunque sacrificado, le regaló grandes satisfacciones

“Hay que disfrutarlo porque la vida se te pasa volando”, dice Carlos Curone, que este año cumplió sus bodas de oro en la pista de Palermo. Basta con compartir unos minutos de charla para saber que ese hombre, que dedicó su vida al trabajo en distintas cabañas bovinas, mantiene la humildad de los grandes.
“Tengo como 5 grandes campeones en esa pista, tanto con Hereford como con Angus; varios reservado gran campeón, y hasta la suerte de sacar ‘Cabaña del Año’ por tres años seguidos”, cuenta Curone. Al tiempo que aclara que no viene de una familia ligada al sector, sino de “un matrimonio trabajador” que lo dejaba pasar tiempo al aire libre. Aunque es oriundo de Necochea, su crianza transcurrió en Benito Juárez.

“Mi papá trabajaba en Vialidad provincial y cuando los trasladan a Benito Juárez empecé a criarme en el campo. A los 12 ya cuidaba las vacas de unos vecinos, les abría los molinos y ahí creció esta pasión. A los 16 ya era ayudante de inseminación, algo que en esa época no se hacía a tiempo fijo sino durante los meses de octubre y diciembre”, recuerda el hombre.
Fue allí donde se le abrieron las verdaderas tranqueras. “El dueño de ese campo me preguntó si no quería trabajar en la cabaña y yo no dudé. Aprendí muchas cosas y debo decir que siempre tuve la suerte de tener gente que me fue indicando el camino. No en todos lados y te dan la posibilidad de crecer y yo he sido un afortunado”, destaca Curone.

¿Pero qué se hace dentro de una cabaña? El hombre lo resume como todas las tareas que llevan a que un animal llegue a una exposición. “Vos les das las mismas posibilidades pero no todos llegan, y ahí es que vas aprendiendo a mirar. Les enseñas a caminas, a pararse, los bañas, los peluqueas”, marca Curone.
“Yo tuve la suerte venir a Palermo en época en que había muchos americanos y ellos son unos profesionales en la preparación de animales. Menos inglés fui aprendiendo todo”, añade entre risas.





Lo que se entrena, asegura el conocedor, es el “golpe de ojo”, eso que permite observar de la mejor forma a un animal. Y con tantos años de compartir con ellos, Curone asegura que “pasan a ser parte de tu familia”.
Es toda esa trayectoria y capacitación la que lo llevó a ponerse el traje de jurado años después en la mismísima Palermo. “Yo nunca había querido jurar. Lo veía como una tarea ingrata porque yo sé bien lo que cuesta llegar con un animal a la pista. Pero un día me animé y por recomendación de un amigo me eligieron en Hereford y Angus”, recuerda. “La verdad que lo disfruté mucho, esto es el mundial de la ganadería”, agrega.




Aunque ya está oficialmente jubilado, Curone dice que todavía “no se fue del todo” y que se mantiene “al pie del cañón”.
“Lo importante de hacer esto es que te guste. Sin pasión no se puede, porque son años de despertarse a ver si las vacas están bien, de atender partos, etc. Por eso otro pilar fundamental es la familia, que tiene que acompañar porque vos muchas veces dejás cosas de lado”, reflexiona.
Y concluye: “Esto se pasó como una luz rápida pero lo bueno es que pasó y lo puedo contar”.
Foto de portada: Narvagro

Fuente: Bichos de Campo