Por qué Milei insulta a Lula

Las relaciones internacionales, clásicamente, fueron relaciones entre Estados. Los presidentes se expresaban, al hablar y en la toma de decisiones, en representación de toda una nación. En los últimos tiempos, en Occidente, América Latina y la Argentina, esos vínculos internacionales ya no se rigen por el interés general de cada país. Más bien, nacen de facciones dentro de cada nación, que se asocian, contradicen o discuten con otras similares o distintas del otro país. Se constituyen “familias de partidos” que se convierten en el agente de aquellas relaciones exteriores. Dicha lógica, que domina el vínculo entre la Argentina y Brasil desde hace tiempo, reaparece en el conflicto entre Javier Milei y Lula da Silva. El enfrentamiento cuenta con una superficie muy estridente, con base en los insultos de Milei hacia Lula. No es la primera vez que el mandatario argentino caracteriza de manera tan sombría a su colega brasileño. Debajo del “show” del conflicto, subyace un ajedrez muy relevante, que se juega a nivel regional y mundial. Milei y Lula, ambos son piezas de un juego mucho más amplio y global.Milei asistió al acto de lanzamiento de la candidatura de Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente que hoy está preso, que se celebró en el estadio Pacaembú de San Pablo. Flavio lleva adelante una carrera un poco accidentada, producto de varios escándalos de corrupción, como grabaciones que lo vinculan con un banquero complicado judicialmente y quien le estaría financiando la campaña. La participación de Milei en ese lanzamiento ocurre tras su intento por visitar a Jair Bolsonaro en la cárcel. Se vio impedido de hacerlo luego de que un juez del Superior Tribunal Federal de Brasil impusiera mayores restricciones al exjefe de Estado. Sin embargo, Milei lo interpretó como una limitación personal. En consecuencia, durante la ceremonia, Milei calificó a Lula de corrupto y ladrón. Lo trató también de presidiario y cerró con un comentario contra Alexandre de Moraes, magistrado que había impedido su visita a Bolsonaro: lo llamó “basura calva”.El discurso del Presidente encendió una polémica de suma importancia con las autoridades brasileñas. Formularon dos respuestas. La primera fue del presidente del Superior Tribunal Federal, quien rechaza un agravio contra la Justicia local. La segunda, una determinación del propio Lula Da Silva a través de su canciller Mauro Vieira: llamó en consulta al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli. Es un paso previo a la ruptura de relaciones.No es la primera vez que ocurre un hecho de esa naturaleza. Había sucedido con otro país relevante para la Argentina, con un gobierno del mismo signo político que el de Brasil: España. Milei había viajado a Madrid para asistir a un acto en apoyo a los candidatos de Vox. En esa tarea, se refirió al presidente Pedro Sánchez y su mujer, ambos vinculados a cuestiones de corrupción, como corruptos. A raíz de ello, la embajada española en Buenos Aires quedó vacante por un largo período de tiempo. Como Lula, Sánchez llamó a su embajadora en consulta. Pero ordenó que no regresara.En Brasil no tienen intención de escalar el conflicto. Existe una hipersensibilidad respecto de los problemas con la Argentina. Desde siempre, los presidentes y los cancilleres brasileños privilegian aquel vínculo por la importancia que reviste para los intereses del propio país. La sede diplomática en Buenos Aires probablemente sea para Brasil la segunda más significativa en el mundo, después de Washington. A esto se suma que tanto el canciller Vieira como Bitelli son históricamente amigos de la Argentina. Vieira fue embajador en Buenos Aires antes de desempeñarse como embajador en los Estados Unidos, la ONU y como canciller brasileño. Bitelli, actual embajador en Buenos Aires, va por su tercera misión en territorio argentino. Conocen muy bien al país, lo que podría representar un inconveniente para Milei.La historia comienza con un entrevero de ambos lados. En su momento, Lula da Silva visitó a Joe Biden en la Casa Blanca, cuando Milei se candidateaba a la presidencia. En esa ocasión, Lula le dijo a Biden, a propósito de la irrupción de La Libertad Avanza en el escenario electoral, que en la Argentina peligraba la democracia. A ello se agrega que, cuando la campaña de Sergio Massa naufragaba, apareció al lado del exministro de Economía un equipo profesional y agresivo que había asesorado a Lula también durante los comicios. Milei interpretó que esa jugada había sido orquestada por el mismo brasileño. El Gobierno de Brasil sostuvo siempre que fue Massa quien contrató a aquel grupo de personas después de evaluar lo que hicieron durante la campaña de Lula. Lo que sí es cierto es que el jefe de Estado brasileño recibió a Massa en Brasilia como un amigo al que quería destacar. En ambos países existe la tendencia de que los mandatarios jueguen un partido en la polémica política del otro.Un dato que hay que recordar. Durante los gobiernos de Milei y Lula, Brasil se hizo cargo de los intereses de nuestro país en Venezuela, cuando Nicolás Maduro perseguía a los diplomáticos argentinos en Caracas. En ese entonces, Lula olvidó los agravios de Milei y repitió la misma conducta de Brasil respecto de la Argentina en un escenario mucho más dramático: durante la Guerra de Malvinas, Brasil se convirtió también en el representante de los intereses argentinos en Londres. Hoy Lula está lanzado a la reelección. Compite, según las encuestas, con ventaja respecto de Flavio Bolsonaro -48% contra 43%, respectivamente-. Todos los sondeos de la región presentan sin embargo un problema: menosprecian o no logran fehacientemente capturar el verdadero caudal de votos de la derecha. De ganar Lula, el conflicto se mantendrá. La discusión, en todo caso, pasa por determinar si esta riña es conveniente o no para los intereses de la Argentina. Actualmente, con independencia del resultado, medio país, la Argentina de Milei, está peleada con otro medio país, el Brasil de Lula. La película es mucho más amplia. En principio, hay un juego de Milei en la región, que nació de la cabeza del “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo: convertir al Presidente en un agente de una política favorable a Trump dentro de América Latina. Esta postura fue adoptada por Cancillería, y tiene por objeto formar una liga pro-Trump en la que debería estar una decena de países. Entre ellos, El Salvador, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador, ahora Colombia y la Argentina. Dichas naciones servirían de apoyo al presidente de Estados Unidos en su doctrina “Donroe”, réplica de la doctrina Monroe de la década del ‘20 del siglo XIX, que consistía en el siguiente axioma: “América para los americanos”. Milei sirve a esta idea en su intento por conformar esta liga, en clara contradicción con China. Aquel armado sufre tres restricciones. La idea “América para los americanos” no cuenta con la adhesión de Brasil, México -con Claudia Shenibaum- y Canadá -con Mark Carney-. Son tres límites claros en los tres países más importantes del continente. Es esta la razón por la que el resultado electoral de octubre en Brasil es crucial en este juego. Si Donald Trump quiere tener una plataforma de respaldo a su política en contra de China, nación que ha mostrado grandes avances en América Latina, debe lograr que cambie el signo político del gobierno brasileño. En función de esa estrategia el mandatario estadounidense recibió en el Salón Oval al mismo Flavio Bolsonaro. Falta ver si los insultos de Milei a Lula lo perjudican en un país muy celoso de su autonomía, o lo beneficia. Carney en Canadá, por ejemplo, ganó después de venir perdiendo en las encuestas gracias a los ataques de Donald Trump.Es de tal dimensión la jugada que resultó en un fenómeno de extrema rareza. En la mañana del lunes, China intervino en el conflicto. La agencia oficial de noticias china informó sobre un pronunciamiento de Xi Jinping sobre el conflicto entre Milei y Lula, en el que reivindicó el derecho de Brasil a no tener injerencias externas en su política. Alentó además una mayor coordinación bilateral y multilateral con Brasil. Por último, felicitó a Brasil por su papel en función de la seguridad y estabilidad internacional “en un momento de volatilidad”, que refiere a la inestabilidad que introduce Trump con guerras como la de Irán.China acaba de pronunciarse sobre el conflicto en el Mercosur. Lo que está diciendo es: sabemos que no es Milei contra Lula, sino Trump contra nosotros; que el escenario brasileño es un campo de batalla global que los involucra porque quieren ser un actor global con intereses en América Latina.El gobierno brasileño denuncia que, en su adhesión a Trump, Bolsonaro ya está prometiendo negocios vinculados con la tensión internacional entre EE.UU. y China. Entre otras cosas, le ofrece tierras raras, que son objeto de disputa minera porque constituyen un insumo principal de la industria tecnológica. También propone algo importantísimo y muy dañino para Brasil si se concretara: arancel cero para el etanol. La industria del etanol alimenta todo el mercado automotor brasileño, por lo que esa medida representaría un gran desafío para la economía de ese país. Además, Bolsonaro ofrece a Trump algo que también propone la Argentina: un sesgo muy antichino en su política comercial y, en general, en su política exterior. No hay que olvidar que Brasil integra el grupo Brics junto con Rusia, la India y Sudáfrica, entre otros, y que ese grupo es liderado por China. Quiere decir que hay un juego geopolítico en el que el conflicto entre China y Estados Unidos se proyecta sobre Sudamérica y tiene como interlocutores enfrentados a Lula y Milei. Milei está jugando ese partido. Esto permite entender mejor por qué actúa así. No se debe sólo a razones temperamentales. Hay una lógica detrás de esa decisión, vinculada con cierta fragilidad que experimenta el Gobierno ante la opinión pública. Esa fragilidad conecta con lo financiero y, a su vez, lo financiero conecta con Trump.El índice de

Fuente: La Nación