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Nueve cóndores andinos aparecieron en la costa del Nahuel Huapi: la principal hipótesis de los especialistas
SAN CARLOS DE BARILOCHE.― La aparición de un grupo de cóndores andinos en las orillas del lago Nahuel Huapi generó asombro y motivó un operativo especial de monitoreo por parte del Parque Nacional Nahuel Huapi y la Dirección Regional Patagonia Norte. El fenómeno, calificado por especialistas como un hecho poco habitual, ocurrió tras el intenso temporal de nieve que azotó a la región en los últimos días.El aviso inicial fue dado ayer por vecinos de Bariloche, quienes detectaron tres ejemplares en el barrio Costa del Este, mientras que otros seis fueron vistos poco después en la costa de Dina Huapi, a unos 15 km del centro de esta ciudad. Ante la situación, guardaparques y técnicos mantuvieron una vigilancia constante a una distancia de entre 50 y 100 metros para garantizar la seguridad de las aves y evitar que el estrés dificultara su recuperación.Los especialistas que siguieron el caso barajan diversas explicaciones para este comportamiento. La principal hipótesis apunta a las condiciones meteorológicas adversas: la falta de viento y corrientes térmicas ascendentes, esenciales para que estas aves —las más pesadas del mundo— puedan planear, hicieron que el despegue se volviera extremadamente difícil. A su vez, explican, debido a la intensa nevada, las aves tenían las plumas mojadas, lo que incrementaba su peso y les impedía emprender el vuelo de manera efectiva.Una de las expertas que se ocupó del caso fue Jorgelina Guido, doctora en biología de la Dirección Regional Patagonia Norte de la administración de Parques Nacionales. “Estamos terminando el monitoreo. Ya volaron los tres animales que quedaban en la playa de Dina Huapi. Pudieron volar por sus propios medios. Estamos monitoreando para asegurarnos de que no bajen en ningún otro sitio”, explicó Guido hoy a LA NACION.Y agregó: “Suponemos que bajaron por una cuestión climática. Ayer hubo una tormenta muy fuerte; no había nada de viento. Y estas son aves que dependen principalmente de las corrientes ascendentes térmicas y dinámicas para poder volar. Ayer no había térmicas por el frío que hacía y tampoco había dinámicas. No tenían cómo poder volar. Se veía en los videos que estaban batiendo mucho las alas y, en general, ellos presentan un vuelo planeado. Ese batido les genera muchísimo gasto energético”. La experta señaló que esta tarde salieron los tres ejemplares que quedaban en la playa –un macho y dos hembras adultas– volando por sus propios medios luego de estar un tiempo exponiendo sus alas al viento para secarlas: “Tardaron porque no había viento, tuvieron que aletear mucho, pero pudieron salir bien todos”.En tanto, no se descarta que el grupo de cóndores haya bajado para alimentarse de alguna carroña en la zona y que, tras comer en abundancia, tuviera dificultades para retomar el vuelo bajo las condiciones climáticas reinantes. Asimismo, la escasa visibilidad provocada por el temporal de nieve podría haber descolocado a los ejemplares, llevándolos a buscar refugio en la costa.AntecedentesA mediados de mayo de 2024, una hembra de cóndor apareció en la costa del lago Nahuel Huapi, a menos de un kilómetro del Centro Cívico de Bariloche. Luego de casi 24 horas en ese lugar, encontró el momento oportuno para elevarse y alejarse volando de la zona urbana.En ese momento, la bióloga Susana Seijas había señalado: “Los descensos a lugares que resultan potencialmente riesgosos para la especie se pueden deber a muchos factores que los obligan a tomar decisiones para sobrellevarlos, por ejemplo, condiciones climáticas adversas y disturbios humanos. Como nos pasa a nosotros, ellos también pueden tomar decisiones equivocadas, más aún si son muy jóvenes, por la falta de experiencia”.Y sumó: “Una vez que aterrizan, los cóndores no levantan vuelo fácilmente, como otras aves. Necesitan un desnivel del terreno y una corriente de aire óptima que les permita subir, como le sucede a los parapentes”. El cóndor (Vultur gryphus) es el ave planeadora más grande del mundo, y puede hacer más de 170 kilómetros durante cinco horas sin aletear.
Fuente: La Nación