De la fábrica de ladrillos a los granos: La historia de “Pipa” Rossi, el productor que aprendió a los golpes que en el campo para sobrevivir también hay que saber de números

Hay historias que muestran cómo el campo argentino se fue transformando junto con las familias que lo sostienen. La de Mario “Pipa” Rossi, productor de Franck, en el centro de Santa Fe, es una de ellas.
La empresa que hoy conduce junto a sus hermanos nació de un pequeño tambo, sobrevivió a una inundación que obligó a cambiar el rumbo, dejó atrás la ganadería cuando los números ya no cerraban, y terminó convirtiéndose en una firma agrícola con fuerte apuesta por la tecnología y hasta una empresa de transporte con quince camiones.
“Es una empresa familiar. Hoy la conformamos mis hermanos Mónica, Ángel y yo. Todo arrancó con mi papá”, resume Rossi al reconstruir una historia que comenzó a principios de los años ochenta.

Por entonces, el padre de la familia combinaba un pequeño tambo con la fabricación de ladrillos. Pero una gran inundación cambió el destino del emprendimiento. “Las napas levantaron tanto que ya no se pudo seguir fabricando ladrillos. Entonces empezó a buscar alternativas: probó con arveja, colza y finalmente con soja”, recuerda.
Fue una decisión adelantada para la época. En 1986 sembraron los primeros lotes de soja y apenas cuatro años después compraron una sembradora de siembra directa, cuando esa tecnología todavía daba sus primeros pasos en la Argentina.
La empresa siguió siendo mixta durante algunos años, combinando agricultura con ganadería. Pero en 1998 la actividad vacuna quedó atrás. “La rentabilidad era insostenible y tomamos la decisión de salir”, explica Rossi.

También influyeron los sueños de la segunda generación. Su hermano Ángel quería dedicarse al transporte y convenció a su padre de comprar un camión. Con el tiempo aquel primer vehículo se transformó en una empresa con quince unidades que hoy complementa la actividad agrícola. Su hermana Mónica se recibió de ingeniera agrónoma y aportó el perfil técnico, mientras que Mario decidió quedarse en el campo.
“Cuando terminé la secundaria mi papá insistía para que estudiara, pero yo quería trabajar con él. No me arrepiento de la decisión porque fue mi vida, aunque hoy entiendo que estudiar abre muchas puertas”, reconoce.
Quizás por esa experiencia intenta transmitirle otro mensaje a sus hijos. “Al mayor le gustan mucho los fierros, salió al padre. Pero trato de bajarle un poco la intensidad y convencerlo de que estudie. Después verá si quiere seguir en el campo, pero creo que hoy es necesario tener formación”.

Con el correr de los años la empresa fue incorporando nuevas tecnologías y adaptando los planteos productivos. La rotación incluye trigo, soja y maíz, mientras que desde hace más de seis campañas sumaron cultivos de servicio como vicia y centeno.
“Nos dieron muy buenos resultados. Mejoramos el control de malezas y la materia orgánica del suelo. Es una inversión pensando en el largo plazo más que en la rentabilidad inmediata”, explica.
La vicia, además, les permite aportar nitrógeno de manera natural antes del maíz, reduciendo parte de uno de los costos más importantes del cultivo.
Rossi asegura que hoy producir ya no alcanza. El productor debe transformarse también en un administrador y un estratega comercial.

“Antes alcanzaba con saber sembrar y cosechar. Hoy tenés que ser eficiente en producción, en comercialización y en la parte contable. Si no hacés bien las tres cosas, el negocio te puede dejar afuera”, sostiene.
Por eso utilizan herramientas comerciales como futuros, puts y calls para cubrir precios y trabajan junto a corredores especializados según cada cultivo. “Hay muchas herramientas para minimizar riesgos. Uno puede equivocarse, porque el mercado siempre tiene imprevistos, pero hay que usarlas”, afirma.
A su juicio, las nuevas generaciones se animan más a incorporar esas estrategias que los productores mayores, muchas veces marcados por experiencias negativas del pasado.
“La gente joven es un poco más arriesgada. Antes el productor era mucho más conservador. Hoy el que no se especializa y no mejora permanentemente termina desapareciendo”, resume.
“El Chaco fue siempre del algodón y se va a seguir sembrando algodón”, afirma Carlos Víctor Talalay, productor de Tres Isletas que incorporó nuevos cultivos a sus rotaciones pero mantiene su corazoncito en el textil

Respecto del presente del agro, Rossi considera que la campaña pasada dejó muy buenos resultados en su región gracias a los elevados rindes obtenidos en trigo, maíz y soja. También observa con optimismo el rumbo económico del Gobierno, aunque reconoce que la transición no resulta sencilla.
“El productor lo único que quiere es producir. Si tiene condiciones para hacerlo y para comercializar, reinvierte todo. Cambia maquinaria, incorpora tecnología y sigue apostando”, afirma.
Sin embargo, admite que la actividad se vuelve cada vez más exigente y concentrada. “Eso no empezó ahora. Hace tiempo que el productor tiene que ser cada vez más eficiente. El que no mejora en producción, en comercialización y en administración corre el riesgo de quedar afuera del sistema”.

Fuente: Bichos de Campo