A 20 años de la Ley de ESI en la Argentina: el balance y qué planea hacer el Gobierno

Entre el 70% y el 80% de niñas, niños y adolescentes pudieron identificar situaciones de abuso gracias a contenidos trabajados en la escuela. La tasa de embarazo adolescente cayó un 49% entre 2014 y 2020 y la mitad de los estudiantes afirmó haber podido reconocer situaciones de violencia entre pares. Esos son algunos de los principales resultados que distintos informes de Unicef y del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires atribuyen a la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en la Argentina.A veinte años de la sanción de la Ley 26.150, y en medio de nuevos cuestionamientos impulsados por dirigentes libertarios y funcionarios como la vicejefa de Gobierno porteño, Clara Muzzio, este es el balance de una de las políticas educativas que más debates generó desde su creación.La Ley Nacional de Educación Sexual Integral es una norma que establece el derecho de todos los estudiantes de los tres niveles de escolaridad a recibir información “actualizada y científicamente validada” acerca de la sexualidad. Los contenidos —que abarcan desde aspectos biológicos, como la anatomía humana y el cuidado propio, hasta la prevención de enfermedades de transmisión sexual y el respeto a la diversidad en orientaciones sexuales y tipos de cuerpos— son básicos, comunes y de carácter obligatorio de acuerdo con la franja etaria de los alumnos.También obliga a docentes y directivos de escuelas a garantizar su cumplimiento, mientras que su implementación no requiere la autorización de los adultos responsables. RecorridoLa Ley 26.150 tuvo dos momentos centrales desde su aprobación. El primero ocurrió en 2006, cuando se sancionó durante la presidencia de Néstor Kirchner, en medio de fuertes resistencias de sectores religiosos y conservadores. La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) publicó entonces un comunicado en rechazo a la normativa; el arzobispo emérito de La Plata, monseñor Héctor Aguer, comparó la ESI con la corrupción de menores; y la Federación de Asociaciones Educativas Religiosas de la República Argentina (Faera) consideró que forma parte de un enfoque “monopólico y uniformador”, entre otras acciones.El segundo punto de inflexión llegó, sobre todo, a partir de 2018. En el contexto del debate por la legalización del aborto y de los reclamos del movimiento feminista, la implementación de la ESI comenzó a incorporar de manera más explícita contenidos vinculados con perspectiva de género, diversidad sexual, consentimiento, derechos sexuales y reproductivos, y cuestionamiento de estereotipos de género, es decir, los prejuicios generalizados que existen sobre las características y roles que se espera que tengan hombres y mujeres.Así, la ESI aprobada en 2006 no es exactamente la misma que hoy se aplica en las escuelas. Aunque el texto de la ley se mantuvo prácticamente sin modificaciones, durante los años siguientes su implementación fue incorporando nuevos lineamientos curriculares y quedó articulada con otras normas de ampliación de derechos vinculadas a género, diversidad e identidad. Y es que, desde su sanción, se aprobaron distintas leyes que ampliaron el marco normativo relacionado con igualdad de género y diversidad: el agravante por Violencia de Género en el Código Penal, que incorporó la figura de femicidio, cuando un hombre mata a una mujer por el hecho de ser mujer y mediando violencia de género; la Ley de Paridad de Género, que estableció que las listas de candidatos para cargos legislativos nacionales sean un 50% mujeres y 50% varones; la Ley Micaela, que estableció la capacitación obligatoria en perspectiva y violencia de género para trabajadores del Estado; el Cupo Laboral Travesti-Trans, que obligó al Estado a reservar un 1% de sus puestos de trabajo para personas travestis, transexuales y transgénero; y la Ley de Identidad de Género (26.743), sancionada en 2012.Esta última fue una de las más relevantes y, a su vez, de las más divisivas, ya que garantizó el derecho a que todas las personas sean tratadas y reconocidas según el género por el que quieran identificarse. Su implementación permitió la ejecución de otras medidas, como el DNI no binario, el cambio de género en el documento —es decir, la posibilidad de modificar el sexo, nombre de pila y fotografía—; los tratamientos hormonales de adecuación corporal; y las intervenciones quirúrgicas de cambio de género. El impacto de la ESI y los cuestionamientosPara especialistas en educación, la principal transformación de la ESI fue el cambio de paradigma que produjo dentro del sistema educativo.Según Graciela Morgade, doctora en Educación y especialista en ESI, la implementación tuvo un gran impacto en el pensamiento educativo y pedagógico. “No es la misma desde su concepción. Cuando empezó se pensaba que solo necesitaban ESI las personas adolescentes que se iniciaban en la pubertad y la vida sexual”, expresó y diferenció: “Ahora tiene perspectiva integral para toda la vida y un alcance mucho mayor”. En la misma línea, Alejandra Doretti, psiquiatra infantil miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), coincidió y marcó la necesidad de que los menores hablen con un adulto sobre estos asuntos. “Muchas veces la primera vez que los padres tocan el tema es cerca de la adolescencia y sólo para hablar de cómo evitar el embarazo o el contagio de enfermedades sexuales”, expresó.“Ahora escuchamos a los niños decir que no deben callarse ni aceptar ningún contacto que les resulte inadecuado con un adulto. Lo valioso es que este tema haya podido visibilizarse en estos últimos años y que los chicos tengan herramientas para defenderse”, resaltó Doretti.Entre sus detractores, uno de los principales cuestionamientos es que la ESI incorporó contenidos vinculados con la identidad de género y la diversidad sexual que, según sostienen, exceden el objetivo original de la ley y “obligan a los niños a hacerse preguntas antes de tiempo” que deberían producirse en el ámbito familiar.“El problema no es solo la venta de la ideología de género como un viaje a Disney en el que si no te gusta quién sos, lo cambiás, sino que además es la sexualización de los chicos en la clase”, dijo a LA NACION Graciela Spinelli, presidenta de la organización “Padres Unidos contra la ideología de género en la escuela”.Según la dirigente, los contenidos actuales “legitiman un diálogo que los chicos deberían tener en las casas para que puedan tener una distinción entre lo público y lo privado”. “Llegó el momento de cuestionar a la ESI como el marketing de la disforia de género. Es el caldo de cultivo para decir que el sexo es una construcción social: el género no existe, menos a esa edad”, reforzó. Los detractores rechazan la definición oficial que refiere que el sexo viene determinado por la naturaleza y es con lo que una persona nace: masculino, femenino o intersexual (cuando nacen con características sexuales que no encajan con el binomio tradicional); mientras que el género es una construcción social y cultural aprendida que abarca los roles y expectativas que se consideran apropiados para hombres y mujeres según la época y el lugar. Frente a esos planteos, especialistas que trabajan en salud sexual y educación sostienen que la evidencia muestra efectos positivos de la política pública.La médica pediatra Jimena Le Bellot, que dicta talleres sobre ESI para familias y divulga contenidos de crianza en redes sociales bajo el usuario @soymamaypediatra, opinó: “Piensan que les va a dar ideas, a sexualizarlos, que van a tener relaciones antes. Y, en realidad, es darles información que si no van a buscar por otro lado: van a ir con un compañero que les va a decir cualquier cosa o van a caer en la pornografía”. View this post on Instagram La especialista también destacó el papel preventivo de la educación sexual. “Es un tema tabú, pero es clave para la prevención de abusos. Los adultos no tenemos mucha información ni idea; es un tema poco hablado y hay miedo”, remarcó.Entre los críticos de la ESI aparece un planteo recurrente: que, pese a los veinte años de implementación, continúan creciendo algunas enfermedades de transmisión sexual. "¿Qué pasó que aumentaron los abusos y las enfermedades de tipo sexual? Si tenemos 20 años de ESI y estos números aumentan, ¿qué estamos haciendo?¿Queremos mirar para otro lado?”, lanzó Spinelli.Los datos oficiales muestran un escenario mixto.De acuerdo con el Boletín N.º 42 de Respuesta al VIH y las ITS publicado por el Gobierno en diciembre de 2025, se notificaron 3134 casos de gonorrea, una cifra levemente inferior a la del año previo; 3101 casos de clamidia, también en descenso; en tanto, hubo 36.917 casos de sífilis, que volvió a aumentar respecto de 2023. En cuanto al virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), hubo 6900 casos notificados entre 2023 y 2024, apenas por encima del período anterior. Desde Fundación Huésped advirtieron que esos indicadores se atribuyen, por un lado, a los recortes económicos aplicados en el último tiempo, pero que, si embargo, el problema “tiene muchas dimensiones”. “Sólo el 30% de las personas sexualmente activas usaron profiláctico en las relaciones sexuales y un 20% de los adultos mayores (a partir de los 50 años). Esto muestra que no es un problema de las juventudes sino algo que trasciende los grupos etarios", indicó a LA NACION Leandro Cahn, director ejecutivo de la organización, y marcó: “Quieren ponerle a la ESI una responsabilidad como si fuera un factor unicausal cuando es muchísimo más complejo”.Según estudios realizados por Fundación Huésped, el 74% de los estudiantes secundarios considera que los contenidos que más se trabajan en la escuela son los vinculados con anatomía, aparato reproductor, prevención de infecciones de transmisión sexual y métodos anticonceptivos. “Esto muestra que los chicos dicen tener la información, pero no necesariamente se traslada a prácticas de cuidado”, analizó Cahn. Al respecto del crecimiento de las enfe

Fuente: La Nación