El periplo sudamericano de Milei: viajes simbólicos y tributos a Trump, sin un proyecto común ni lazos profundos

El presidente Javier Milei comenzó el viernes, en Brasil, un periplo por Sudamérica que incluirá escalas en Perú, Ecuador y Colombia. Pero el recorrido no consolidará lazos profundos con los líderes de derecha de la región, protagonistas de los viajes que emprenderá: son visitas breves, atadas en su mayoría a asuntos puntuales: un lanzamiento de candidatura y dos asunciones.La gira, novedosa por tratarse de la primera de este tipo, acumulará gestos simbólicos sin un proyecto concreto detrás, más allá de la exhibición de la afinidad ideológica y el tributo al estadounidense Donald Trump. Será más una escenificación que el germen de una alianza real.El Presidente tuvo ayer su actividad central en San Pablo: el apoyo al candidato Flavio Bolsonaro de cara a las elecciones del 4 de octubre, en las que el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (a quien Milei no pudo visitar en su prisión domiciliaria) disputará la presidencia a Lula da Silva, con quien el argentino mantiene importantes diferencias. Fue un viaje exprés: ayer regresó a Buenos Aires.Este martes llegará a Lima para la ceremonia de asunción de Keiko Fujimori, donde tendría una agenda acotada a un almuerzo y un saludo con la flamante presidenta. El 6 de agosto desembarcará en Quito, donde lo esperará el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, para firmar acuerdos comerciales y convenios en materia de energía y ciberdefensa. Al día siguiente se desplazará a Bogotá, para la jura del colombiano Abelardo De La Espriella.No obstante, al margen del naufragado bloque regional de derecha que el mandatario anunció públicamente a inicios de año (y del cual no hubo más novedades), Milei no ha mostrado un plan para agrupar a los presidentes de su mismo signo político en una asociación formal. Tampoco expresa gran interés en alcanzar este objetivo, pese a ser una suerte de líder simbólico, tanto por haber sido uno de los primeros exponentes de la derecha en llegar al poder en la región, como por haberse ganado el beneplácito de Trump.“Javier quiere ser el líder de un proyecto [regional] liberal”, confió a LA NACION un exfuncionario que supo seguir de cerca sus movimientos en política exterior. No obstante, señaló que el líder libertario no trabaja para eso: “No me parece que sea su prioridad”, agregó.De hecho, el Presidente, cuando anunció su aventura sudamericana, dijo que se trata de la agenda “de un presidente dispuesto a abrirse al mundo, que está buscando triplicar el tamaño del comercio”. No hizo alusiones a una integración de tinte político.Además, Milei muestra un cierto desinterés en América Latina: su principio rector en política exterior es el alineamiento con Estados Unidos –principalmente– e Israel, algo que dice sin tapujos y que se condice con sus movimientos.La fuente consultada reveló que “a Javier no le interesaba” invertir tiempo en fortalecer los vínculos con líderes de su mismo signo político en el mapa latinoamericano: en esta materia cumple con lo justo y necesario, y el resto lo delega en sus equipos técnicos.El analista político Andrés Malamud remarcó, en diálogo con LA NACION, que Milei es un líder regional en la medida en que otros lo citan y lo emulan, pero no lo es en el sentido de que ningún país le concede ventajas o preferencias a la Argentina a cambio. A su vez, subrayó: “Los viajes oficiales de Milei son una relativa novedad: habitualmente los realiza para reunirse con líderes opositores afines, no con jefes de Estado”.Esto se refleja en su discurso: la arenga de Milei suele centrarse en “parar la basura socialista”, como sostuvo este sábado durante su participación en la convención del Partido Liberal, y no en la construcción de una mancomunidad de naciones derechistas en la región.Gerardo Munck, académico especialista en América Latina e investigador de la Universidad de Southern California, sostuvo que la gira tiene “pocas implicancias”, aunque evaluó que es positivo que los líderes se conozcan personalmente. “Pero, aparte de presentarse como un aliado casi incondicional de Estados Unidos, no se ve la articulación de una política regional dentro del gobierno de Milei. No creo que esta sea una prioridad”, indicó a LA NACION.A su vez, afirmó que el mandatario no es líder ni coordinador de este grupo de presidentes: “Se ha mostrado más interesado en viajar a Estados Unidos y verse con gente cerca de Trump y con grandes empresarios como [Elon] Musk que en construir alianzas con otros presidentes en la región”.El Presidente concretó, durante su mandato, 17 viajes a Estados Unidos, contra la docena que realizó en América Latina. Fueron cuatro a Brasil, tres a Paraguay, dos a Chile y uno a Bolivia, Uruguay y El Salvador. De hecho, con esta aventura sudamericana irá por primera vez en su gestión a Perú, Ecuador y Colombia.Las visitas que hizo a Bolivia y El Salvador, y una de las de Chile, tuvieron como actividad central la asistencia a las juras de presidentes de derecha. Otras varias fueron por cumbres del Mercosur, organismo al que Milei ha llamado un “escollo” y una “prisión”.Además, ninguno de estos viajes por la región se extendió por más de dos noches y, en la mayoría de los casos, Milei fue y volvió incluso en el mismo día, sin una agenda oficial intensa. Tampoco suele moverse con una gran comitiva que complemente su trabajo.La relación con sus pares afines en Sudamérica no parece ir más allá de intercambios en redes sociales, llamados de felicitación por triunfos electorales o encuentros fugaces y esporádicos que, por lo demás, funcionan como exhibiciones de alineamiento con Estados Unidos, dirigidas al electorado libertario local, pero también al propio Trump.Profundizar estos vínculos no asoma como una de sus prioridades, ni siquiera tras las sucesivas victorias que destronaron gobiernos que Milei tilda de “socialistas”. Los Bolsonaro, a quienes Milei llama “amigos”, emergen como la excepción a la regla.Desde las postrimerías de 2025, el mapa sudamericano se llenó de triunfos de la derecha que pusieron fin a mandatos izquierdistas: en Bolivia, Rodrigo Paz desplazó a Luis Arce, quien supo ser –previo a enfrentarlo– aliado de Evo Morales; el chileno José Antonio Kast sucedió a Gabriel Boric; Abelardo De La Espriella (Colombia) se impuso sobre Iván Cepeda, delfín de Gustavo Petro, uno de los adversarios del libertario; y Keiko Fujimori triunfó por un estrecho margen sobre el postulante Roberto Sánchez. Ahora, Milei espera que Flavio Bolsonaro desplace a Lula da Silva, a quien este sábado llamó “zurdo”, “ladrón” y “presidiario”.La región cuenta además con los gobiernos derechistas de Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Nasry Asfura (Honduras), Luis Abinader (República Dominicana) y Raúl Mulino (Panamá).Los adversarios ideológicos de Milei, en cambio, están ubicados en la frontera este de la Argentina: Yamandú Orsi (Uruguay) y Lula da Silva (Brasil). Delcy Rodríguez, la sucesora de Nicolás Maduro, constituye por su naturaleza –chavista, pero colaboradora de Trump– una realidad incómoda para el Presidente.El exfuncionario de Relaciones Exteriores consultado por este medio subrayó que emprender un proyecto para liderar la región era una tarea más sencilla cuando Milei era prácticamente el único exponente de este signo político en Sudamérica. Hoy, con más líderes de derecha, podría tornarse una aventura mucho más compleja.Por eso, para Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, el más importante de los viajes que emprende Milei estos días es el de Brasil: las elecciones presidenciales del 4 de octubre definirán si casi toda Sudamérica –salvo Uruguay– queda alineada con Estados Unidos. “Quizás el Presidente no captó que si Flavio Bolsonaro llegase a triunfar, la figura de Milei irá apagándose. Para Estados Unidos, la Unión Europea, China, Rusia y el Sur Global, Brasil es mucho más gravitante que la Argentina”, sostuvo en diálogo con LA NACION.

Fuente: La Nación