El megaexitoso sistema de pagos que conquistó Brasil y desató una batalla con Trump

BRASILIA.- Para los miles de argentinos que disfrutan de las playas de Florianópolis o piden un agua de coco a la orilla del mar en Copacabana, la dinámica se volvió cotidiana: el papel moneda es un recuerdo del pasado y las tarjetas de plástico pierden terreno aceleradamente. Basta con apuntar la cámara del teléfono hacia un código QR. El Pix, el sistema de pagos instantáneos desarrollado por el Banco Central brasileño, no solo reconfiguró el consumo diario, sino que terminó por convertir al país en una economía prácticamente sin efectivo.Sin embargo, lo que para 170 millones de personas -cerca del 80% de la población brasileña- y miles de turistas extranjeros representa una comodidad cotidiana sin costo, para la administración del presidente estadounidense Donald Trump pasó a ser calificado como una “práctica comercial desleal”. De hecho, el sistema público de pagos quedó explícitamente en el centro de la controversia diplomática al ser citado por Washington como uno de los motivos centrales para justificar la entrada en vigor, desde este miércoles, del tarifazo del 25% impuesto por la Casa Blanca a productos brasileños bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio.El éxito del Pix reside en su propia naturaleza: es una herramienta que permite transferencias monetarias inmediatas, disponible las 24 horas del día los siete días de la semana, completamente gratuita para personas y con costos mínimos para las empresas.Su escala explica la tirantez con Washington: solo en mayo de este año, el sistema registró más de 7000 millones de transacciones, movilizando un volumen equivalente a casi tres PBI mensuales del país. La masividad alcanzó su pico histórico el pasado 5 de diciembre, cuando en un solo día se procesaron 313,3 millones de operaciones.“El Pix representa probablemente el futuro del dinero”, llegó a definir el Premio Nobel de Economía Paul Krugman al analizar la disrupción del modelo brasileño, fascinado por cómo una herramienta estatal logró democratizar el flujo financiero y desplazar al efectivo a costo cero para los usuarios.Pese a que suele asociarse a gestiones recientes, el Pix no surgió de forma repentina. Su diseño comenzó a discutirse en 2014, dentro de los equipos técnicos del Banco Central (BC) para abaratar las transferencias financieras. En 2018, bajo el gobierno del expresidente Michel Temer, la autoridad monetaria formalizó el Grupo de Trabajo de Pagos Instantáneos con la participación de 130 instituciones bancarias, fintechs y firmas tecnológicas. El desarrollo informático continuó durante la gestión del exmandatario Jair Bolsonaro, hasta la presentación formal de la marca en febrero de 2020 y su apertura masiva a la población en noviembre de ese mismo año.Posteriormente, y a caballo de semejante éxito, la política local desató su propia batalla por la “paternidad” del proyecto. Mientras el presidente Luiz Inacio Lula da Silva suele exhibir carteles con la proclama “El Pix es de Brasil”, la oposición encabezada por el senador Flavio Bolsonaro defiende que “El Pix es de Bolsonaro” por haber sido inaugurado bajo la gestión de su padre.Paradójicamente, ese tironeo terminó fortaleciendo la herramienta ante la opinión pública. “Tanto por la propaganda gubernamental como por la disputa de la oposición por atribuirse su paternidad, el Pix se transformó en un símbolo de orgullo nacional. En un momento de tanta división, los brasileños compraron una idea única: que el Pix es algo avanzado y que debe defenderse”, explicó a LA NACION Leandro Consentino, politólogo y profesor del instituto Insper de San Pablo.Esa cruzada interna por el control del símbolo saltó las fronteras cuando el Representante Comercial de la Casa Blanca (USTR) incluyó al Pix en su investigación bajo la premisa de la “intervención estatal”. Según Washington, las reglas del Banco Central favorecen de manera inequitativa a la plataforma pública en desmedro de competidores privados norteamericanos como Visa, Mastercard, Apple Pay o Google Pay.La arremetida de la Casa Blanca generó el rechazo de destacados analistas internacionales. En su más reciente columna, Krugman fue categórico al calificar la medida norteamericana como un intento de castigar una innovación exitosa para proteger los intereses de las tarjetas de crédito y del sector cripto.“¿Por qué es desleal que una nación ofrezca a sus propios ciudadanos una forma mejor de hacer compras y pagar facturas?”, cuestionó el economista, para luego sentenciar: “El gobierno de Trump ha declarado la guerra al futuro”.En la misma línea, para Mónica de Bolle, investigadora senior del Peterson Institute for International Economics (PIIE) y profesora de la Universidad de Georgetown, la acusación carece de sustento técnico.“No existe ningún fundamento económico ni jurídico. El Pix es la excusa que la administración Trump está usando para recomponer el esquema tarifario que la Corte Suprema le derrumbó en febrero. Como la Sección 301 permite listar casi cualquier cosa como ‘práctica desleal’, pusieron al Pix ahí adentro”, analizó De Bolle, en diálogo con LA NACION.Según la economista basada en Washington, el lobby corporativo estadounidense responde al pánico de un contagio global: “Estas empresas no están reclamando por el mercado brasileño en sí, sino porque temen que la Unión Europea clone el modelo del Pix. Buscan sentar un precedente coercitivo para evitar que una infraestructura pública similar se replique en Europa”.De Bolle remarca además la superioridad del modelo público frente a alternativas privadas estadounidenses como Zelle o Venmo: “El sistema de pagos es, en su esencia, un servicio público comparable a la red de energía eléctrica. El Banco Central de Brasil creó una infraestructura única, gratuita e inclusiva”.Desde Brasilia, la respuesta institucional buscó evidenciar lo insólito del reclamo norteamericano. El presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, ironizó asegurando que el Pix no buscó destruir a las tarjetas privadas: “Decir que el Pix perjudica al mercado es como argumentar que construir una red de agua potable perjudica el negocio de quienes venden agua en camiones cisterna”.A medida que el conflicto comercial escala, el Pix dejó de ser un expediente técnico para convertirse también en un combustible político y electoral en Brasil. Para el gobierno de Lula, la medida de Washington le permite agitar la bandera de la soberanía nacional frente a lo que califica como una presión injustificada de la Casa Blanca.Respecto a la posibilidad de destrabar el conflicto en el corto plazo, los analistas coinciden en el pesimismo. Para De Bolle, “las tarifas le sirven a Washington como presión geopolítica, comercial y como caja fiscal. Quienes esperan que la Casa Blanca se siente a negociar, se equivocan”. Consentino coincide: “El margen de maniobra diplomático es muy reducido. No habrá una gran negociación sobre puntos tan sensibles antes de las elecciones”.Mientras los despachos oficiales se cruzan acusaciones, en las calles de Río de Janeiro, San Pablo o en las playas del sur la herramienta sigue operando con normalidad.Para la sociedad brasileña y para los miles de argentinos que cruzan la frontera, la infraestructura digital dejó de ser una novedad tecnológica para convertirse en un derecho adquirido que se ejerce a diario, al ritmo de un escaneo de pantalla que nadie está dispuesto a resignar.

Fuente: La Nación