Al pie del cerro Santa Ana, en el sur de Misiones, Fanny (61) y Belén (25) De los Santos son protagonistas del establecimiento Los Abuelos, donde madre e hija honran el legado de quienes iniciaron la producción cañera en la zona y representan la segunda y tercera generación de una familia que hizo de la caña de azúcar el eje de su identidad productiva. Hoy elaboran rapadura, miel de caña, azúcar mascabo y la tradicional caña con ruda, promoviendo el agregado de valor y el turismo rural como una forma de proyectar el futuro de la chacra sin perder de vista sus raíces.
“Mis abuelos empezaron en 1938, en la misma ubicación donde nosotros nos encontramos actualmente, en el cerro Santa Ana. El trabajo que ellos comenzaron fue continuado por sus hijos y hoy me toca a mí, que soy la tercera generación de la familia vinculada a la producción de caña de azúcar”, cuenta Belén en diálogo con Bichos de Campo.
Con la caña elaboran miel, azúcar rubio o mascabo, garrapiñadas, masa de miel y, sobre todo, uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía misionera: la rapadura. Para quienes nunca la probaron, Belén la define como “un dulce artesanal y tradicional, muy popular en Misiones. Se trata de un bloque sólido a base de miel de caña con un sabor dulce o acaramelado”.
“Se consume habitualmente como golosina, sería la golosina de Misiones. La gente la consume de diferentes maneras: sola, con queso o incluso acompañando el mate u otras infusiones”, cuenta la productora.
En Los Abuelos producen cinco variedades de rapadura: clásica, con maní, con batata, con naranja y con leche. “Las que más salen son la clásica y la de leche. Con esta última, a la gente le da curiosidad y la asocia al dulce de leche por el sabor que se obtiene”, explica la joven.
Pero si hay un producto que cobra protagonismo cada invierno es la tradicional caña con ruda, cuya demanda crece en la previa del 1° de agosto. “La caña con ruda es una tradición que la gente mantiene más viva que nunca para cada inicio de agosto, para ahuyentar todos los males y atraer la prosperidad”, resume Belén.
La bebida también tiene una elaboración artesanal que distingue a esta familia. Fanny explica que “la fermentación se hace a partir de maíz colorado y miel de caña. Se agregan 20 litros de miel de caña y 80 litros de agua para fermentar junto al maíz. Una vez que se decanta, se pasa al alambique donde se trabaja con fuego y de ahí sale la caña blanca”.
Al utilizar miel de caña en el proceso, el resultado es una bebida más suave y dulce, que se completa con una ramita de ruda macho, sello distintivo de la elaboración. Se trata de una producción limitada que, año tras año, encuentra compradores que agotan el stock.
Ubicados apenas a 500 metros del Parque Temático de la Cruz, la familia también busca que el establecimiento se convierta en una parada obligada para quienes visitan la localidad de Santa Ana.
“Siempre estamos invitando al turista y buscando implementar nuevos productos. Queremos que la gente nos visite, que pueda pasar el día, recorrer la chacra y conocer el proceso de cosecha y elaboración con la caña de azúcar, todo lo que hace a nuestro trabajo diario”, señala Belén.
Como heredera de una historia iniciada por sus abuelos, Belén comparte su sueño y visión de futuro: “Hoy está creciendo la demanda de productos hechos a base de caña porque es un dulce natural, eso nos da mejores perspectivas. También, invitar a la gente a que nos conozca y nos visite, para poder seguir trabajando ahí y apostando a la chacra, que es donde yo nací y me crié”, concluye.
Agro & Campo
Rapadura, la golosina de Misiones tiene sus guardianas: madre e hija mantienen viva una tradición cañera que comenzó hace casi 90 años
Fuente: Bichos de Campo