Lo nuevo de The Strokes: con auto-tune, pero bien renovado y sostenido por su característico estilo

Álbum: Reality Awaits. Artista: The Strokes. Canciones: “Psycho Shit”, “Dine N’Dash”, “Lonely In The Future”, “Falling out of Love”, “Going to Babble On”, “Going Shopping”, “Liar’s Remorse”, “The Fruits of Conquest”, “Tyrants of the Mellow Moon”. Edición: Sony Music. Nuestra opinión: Muy bueno.Si siempre fue una banda abanderada de su propio sonido (del indie al mainstream; a veces low-fi, a veces más sofisticado), ¿por qué un auto-tune como mascarón de proa del adelanto de su nueva producción discográfica?Así las cosas, The Strokes tiene nuevo álbum –a seis años de su último disco con temas de estreno- y se llama Reality Awaits. Antes del estreno metió dos cortes de difusión en plataformas digitales: “Going Shopping” y ese “Falling Out Of Love” que hizo bastante ruido en los oídos de los más dogmáticos del indie por el procesamiento que trae la voz de su cantante, Julian Casablancas (aunque, nada nuevo, ya usó recursos así, como solista o en colaboraciones muchas otras veces). Quizás el ruido sea porque hasta aquí, los matices vocales estaban justamente en la propia garganta de Casablancas o en distorsiones más analógicas. Solo por citar dos, entre “Reptilia” y “Selfless” (con sus sobreagudos) podía haber un abismo de interpretación sin dejar de sonar The Strokes.Por supuesto que algunas cosas pueden (deben) cambiar para que no quede todo en aquel grito finisecular neoyorquino de sus inicios. Pero, a no asustarse, las primeras señales no son las que terminan marcando la tendencia absoluta de un disco conciso, de nueve tracks, que mantiene cuestiones esenciales del grupo y que, quizá, si se puede asumir la fuerza centrípeta de su vocalista, también se pueda ver en la entrelínea, alguna injerencia de Voidz, otro de sus proyectos.Aunque muchos grupos volvieron a apostar por producciones de más largo aliento, The Strokes resuelve todo su asunto en apenas un puñado de canciones (nueve), y le imprime diversas sensaciones que van desde lo divertido y anodino a lo filoso, con algún tiro por elevación y referencias con nombres propios.La apertura, “Psycho Shit”, no es justamente una explosión de sabores y colores. Todo lo contrario. Es un crescendo que va de la melancolía descriptiva a la exaltación, con todos los matices vocales que pueden estar atravesados por el cantante. De lo lacónico al grito, de un arpegio introductorio, limpio, que parece interminable y sin rumbo fijo, a frases que no parecen solo dichas al pasar, antes de tomar impulso hacia su propia desmesura, aunque sin perder el control.“We learned to harvest bombs from lead, we learn to die to learn to live (”Aprendimos a cosechar bombas de plomo, aprendemos a morir para aprender a vivir”). Y más tarde: “You kill your prey from your nest, From behind a desk, psycho shit. You have no honor or no balls (”Matas a tu presa desde tu nido, detrás de un escritorio, mierda psicópata. No tienes honor ni valor"). “Dine and Dash” es de esas canciones de batería símil secuenciada, y con el mismo destino del primer track, recrudece hacia el final. “Lonely in the future” avanza entre el aporreo estéreo de guitarras y una resolución low-fi que muchas veces ha caracterizado a la banda, además de tirar una bolea a un crítico musical. “Going to Bubble On” y “Going Shopping” le ponen al curso de este álbum un toque un poco más luminoso, aunque sus versos no son entusiastas. Incluso, hasta se puede leer allí con ironía la corrección política del anticonsumo. Y sus consecuentes contradicciones. “Liar’s remorse” destila su barroquismo en la conducción de voces y termina sumergido en un videojuego. “The Fruits of Conquest” tiene el arrogante anacronismo de poder navegar en olas de la tercera década del siglo XXI con las herramientas más rudimentarias (toda una declaración estética, por supuesto, que refiere al propio sonido de la banda). En cambio, el último track, “Tyrants of the Mellow Moon”, tiene la virtud de la canción clásica, su raíz, pop, como mucho de lo relacionado al grupo. Pero termina por corte abrupto, no se va en fade. Según dicen desde su producción, Reality Awaits, fue grabado en Costa Rica con el productor Rick Rubin y finalizado en “diferentes partes del mundo”. Al haber sido producido por quien también se encargó del álbum anterior, The New Abnormal, se podría decir que todo quedó en familia. Pero también se deberá agregar que el binomio banda-productor ha evolucionado en este flamante Reality Awaits. Los fans lo disfrutarán. Y, como el público se renueva, muchos otros que todavía no lo son, quizá también. 4 stars

Fuente: La Nación