Tuvo un infarto en el trabajo, lo trasladaron en un remis y la Justicia ordenó una indemnización de $351 millones

“Si les tengo que pedir algo a los jueces que todavía deben intervenir, es que no lo vuelvan a abandonar”, dice Alejandra Gabriela Mir. Habla despacio, pero no duda. Por momentos, las lágrimas le caen mientras reconstruye los últimos casi cinco años de su vida. Habla de César Gustavo Fernández, su pareja, pero también habla por él: desde el 24 de noviembre de 2021, cuando sufrió un infarto durante su jornada laboral en una fábrica de componentes plásticos de La Plata, quedó con severas secuelas motrices y neurológicas y ya no puede contar por sí mismo lo que le ocurrió.Fernández tenía 49 años cuando se descompensó dentro de la planta de Albano Cozzuol S.A., donde trabajaba desde 2009. Hoy tiene 54, se moviliza en silla de ruedas y depende de la asistencia permanente de otras personas. Según determinó el Tribunal de Trabajo N° 3 de La Plata, la respuesta que recibió dentro de la empresa incidió en la magnitud del daño: la enfermería estaba cerrada, no había un profesional que pudiera evaluarlo y, pese a que pidió una ambulancia, fue trasladado en un remís.Por esas circunstancias, la Justicia bonaerense condenó a Federación Patronal Seguros, la aseguradora de riesgos del trabajo, a pagarle una indemnización de $351 millones y a garantizarle asistencia médica de por vida. La sentencia fue recurrida y permanece en etapa de revisión judicial.La discusión del expediente no estuvo centrada exclusivamente en determinar si las tareas que realizaba Fernández habían provocado su enfermedad coronaria. El eje fue otro: qué ocurrió desde que el trabajador advirtió que estaba atravesando una emergencia, quiénes tenían la obligación de asistirlo y en qué medida la demora y las condiciones del traslado agravaron sus consecuencias.Aquel miércoles, Fernández había ingresado a la fábrica para cumplir su horario habitual, de 6 a 14. Durante la jornada, comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho y sudoración en las manos. De acuerdo con la reconstrucción incorporada a la causa, comprendió la gravedad de los síntomas, pidió ayuda y solicitó que llamaran a una ambulancia.La enfermería del establecimiento estaba cerrada porque el enfermero se encontraba de vacaciones y no había sido reemplazado. En lugar de activar un servicio de emergencias médicas, la empresa dispuso que Fernández fuera trasladado en un remís, acompañado por otro trabajador y sin personal sanitario, oxígeno, desfibrilador ni elementos para estabilizarlo en caso de que sufriera una descompensación durante el recorrido.

Fuente: La Nación