General
Crece el malestar en el Gobierno por los traspiés de Ravier como vocero, pero Milei no le pedirá la renuncia
Exactamente hace un mes, Adrián Ravier se convirtió en el segundo vocero de la administración mileista. Su llegada fue en medio del caos comunicacional que abrió el escándalo de su antecesor en el cargo, Manuel Adorni, quien quedó envuelto en una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, por la que terminó renunciando también a la jefatura de Gabinete. Su arribo fue leído internamente como una bocanada de aire fresco después de meses difíciles, pero rápidamente empezaron a haber dudas sobre su performance, que en las últimas horas trocaron en un fuerte malestar en la propia Casa Rosada, donde todo el equipo del gabinete admite que sus errores complican mucho la gestión, aunque reconocen que Javier Milei no lo va a echar ahora.La situación se agravó cuando anoche en el streaming ultra oficialista Carajo, dijo que: “es una posibilidad” que el dólar llegue a $1700 o $1800 dentro de unos meses.Los adjetivos que le atribuían este viernes por la mañana los funcionarios a Ravier no eran los más elogiosos. El malestar era amplio en Balcarce 50, en donde incluso se dedicaron a monitorear si había alguna resonancia en la cotización del dólar. Según pudo reconstruir LA NACION, fuentes cercanas al vocero consideraban que “se sacó de contexto lo que él dijo. Él se refirió a que no había posibilidad de ningún escenario disruptivo”. Y agregaban: “no va a aclarar nada porque él no dijo lo que dicen”. En esa misma línea insistían en descartaban cualquier escenario de malestar contra él y consideraban el episodio de Carajo, “como completamente olvidado”. “No hay nada para estar enojado con él”, trascendía cuando promedia el viernes desde allí. Economista y amigo personal de Milei, Ravier fue presentado cuatro semanas atrás como vocero económico de la gestión y desde entonces retomó las conferencias de prensa, que habían quedado desactivadas en el último tramo de Adorni.De entrada se mostró con un estilo completamente diferente al de su antecesor, que estaba marcado por la soberbia y chicanas al periodismo. Ravier se mostró sobrio, y de buenas formas. Incluso asumió con elogios al periodismo profesional.Ese cambio de nombre y estilo fue celebrado internamente, pero rápidamente surgieron las primeras luces de alerta internas: pifies en las conferencias y falta de respuestas, fueron algunas de ellas. Por ejemplo este martes, leyó respuestas a las preguntas de los periodistas, e incluso se equivocó de contestación en un caso. Además, varias veces dijo no tener la información correspondiente. Pero sus dichos en las últimas horas en Carajo sobre la cotización del dólar ya fue de otro tenor.“No parece terminar de entender que es el vocero del gobierno, del presidente y que lo que dice no es su palabra como economista, es la palabra del Gobierno”, consideró una importante voz del oficialismo. “Una cosa es ser analista y otra es ser vocero”, distinguían este viernes en el oficialismo en medio del "profundo malestar" que admitían luego del episodio en Carajo. “Si hablando en territorio ‘amigo’ como es con los chicos de Carajo la pifia, qué queda para una conferencia o en otro medio”, se preguntaban. Más aún, apuntaban, el impacto del error en un tema como el del dólar, con la sensibilidad que implica en la economía argentina. Ravier venía esta semana, en su conferencia de los martes, de aclarar un tuit suyo en el que habló de “país bananero”. “Es insólito un vocero que tiene que salir a aclarar lo que dijo. O que dice que no dice lo que dijo”, era otro de los puntos que se mencionaban. Pese a esa malestar y la suma de desatinos, nadie imagina que deje de salir en los medios o de dar conferencias de prensa. “Qué hace si no habla en medios? Si su trabajo es hablar en medio? Lo único que tiene que hacer es hablar en público”, mascullaban en el corazón del oficialismo.La misma ecuación aplicaba a las conferencias de prensa. “Sería peor si las interrumpe”, consideraron.Solo en la última, el pasado martes, Ravier sumó entredichos con periodistas acreditados, se confundió de respuesta y prometió averiguarlo para más adelante.Frente a una consulta sobre la exploración extranjera en Malvinas, comenzó a leer una respuesta que hacía referencia a la presentación de una nota de protesta a la embajada del Reino Unido, y reculó: “Perdón, está mal la respuesta. Era una respuesta a otra pregunta. Un segundo que chequeo esto. Esta es”, lamentó. Y leyó los nuevos papeles, en los que expresó su rechazo a la decisión de inversión de las “ilegítimas” licenciatarias británica e israelí para el desarrollo de yacimientos en Malvinas sin contar con los permisos de la Argentina.Ante una repregunta, respondió: “Esto es lo que sé en este momento sobre este tema, tendríamos que profundizar con Cancillería. En este momento no tengo más información. Es un tema muy específico que en este momento no puedo responder”. Y así finalizó la conferencia.Previo a eso también debió aclarar sus dichos sobre la bandera que mostraron los jugadores de la selección argentina en apoyo al reclamo por las Malvinas después del triunfo sobre Inglaterra en el Mundial.“En relación con mis afirmaciones, niego contundentemente haber dicho alguna vez que la Argentina era un país bananero. Yo nunca dije eso. Es una interpretación de muy mala fe de algunos periodistas y algunos titulares en algunos diarios que incluso me ponen entre comillas una frase que yo nunca dije”, puntualizó. El tuit al que hacía referencia empezaba hablando de “país bananero”.Ravier también sumó errores este jueves cuando al pasar por otro streaming, en El Cronista, habló de la situación de los acreditados en la Sala de Prensa de Casa Rosada, que atraviesan desde mayo pasado restricciones que no registran antecedentes desde 1942. “Al pedo explayarse. Le preguntaron por la libertad de expresión en el país y en lugar de ejemplificar con, por ejemplo, que él mismo estaba ahí hablando y contestando, se metió en eso. Para qué?“, se lamentaron sobre otro de los episodios.Pese a las molestias, nadie planteaba en estas horas la posibilidad de que Ravier sea corrido del cargo. “En primer lugar, Javier (por Milei) no es de hacer esas cosas”, sostuvieron. Además, apuntaron que “no sería el momento” para hacerlo. “Cambiarlo no porque lo eligió el presidente. Además es alguien querido y de la causa. Es valioso”, dijeron.Completaron también que, pese al malestar que viene generando con sus distintos desatinos, “Adrián es un tipo inteligente y preparado”, y que “viene reuniéndose con los ministros para interiorizarse de las actividades”. Lo que sí resaltaban casi como una necesidad imperiosa era que tiene que seguir con el coaching que lleva adelante desde que empezó en el cargo. Y que según explicaban en Gobierno, está en manos del equipo del asesor, Santiago Caputo. Cerca de los celestiales confirmaban que “están colaborando con Ravier”. Eran más piadosos y aseguraban que “no cometió ningún error gravísimo”.“Hay que trabajar más en la preparación”, se resignó uno de los consultados. “Se va a tener que hacer cargo de que no puede fallar más”, agregaron.
Fuente: La Nación