Economía
La Argentina cayó 18 lugares en un ranking global que mide la calidad de las élites y es una de las más bajas de la región
La Universidad de St. Gallen sostiene que los sectores más poderosos a nivel local conservan influencia política y económica, pero no logran traducir ese poder en bienestar ni crecimiento sostenido
La élite argentina se sigue deteriorando al compararla con el resto del mundo. Mientras que en otros países los sectores más poderosos se dedican a crear valor para la sociedad, a nivel local lo “extraen” en su propio beneficio. Se trata de una problemática que tiene varios condimentos, que incluyen desde los vaivenes de la macroeconomía hasta la “fuga de cerebros” y el deterioro de la educación, lo que explica por qué la Argentina perdió lugar a nivel global y le pone una barrera a la “prosperidad a largo plazo”.A esa conclusión llegó la séptima edición del Índice de Calidad de Élites (EQx, por sus siglas en inglés), en el cual la Argentina cayó 18 lugares este año y se ubicó en el puesto 104° de las 151° economías evaluadas, en un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de St. Gallen de Suiza. No es una tendencia nueva: en 2024 el país se ubicaba en el puesto 70°, en 2025 retrocedió al 86° y este año se acercó aún más al final de la tabla.El crédito no arranca: bajan las tasas para los ahorristas, pero no para los consumidoresPara definir una “elite saludable”, el estudio tiene en cuenta dos grandes áreas: la de influencia política y la creación de valor. En el caso argentino, hay una desconexión entre el poder acumulado y la generación de riqueza real. El país mantiene niveles de influencia relativamente altos, situándose en el puesto 39° en poder político y en el 60° en poder económico, lo que demuestra que las élites argentinas “no carecen de peso específico”. Sin embargo, esa capacidad de mando no logra traducirse en bienestar, ya que en la variable de Valor Económico el país se desploma hasta el puesto 128°, reflejando una incapacidad sistémica para convertir la influencia en resultados duraderos.“La cuestión estratégica no se refiere a ‘quién gana’ en el corto plazo, sino a ‘qué modelo de incentivos hace que el éxito dependa de la creación de valor’. Cuando se da esa situación, las coaliciones de élite de Argentina dejarán de dedicarse a la búsqueda de rentas y se producirá el crecimiento. La estabilidad dejará de ser una aspiración para convertirse en un marco de referencia. Y el país dejará de gestionar crisis y comenzará a planificar con serenidad su futuro", reflexionó Pablo San Martín, presidente de SMS Latinoamérica y chair SMS North América, quien se encargó de analizar el capítulo argentino en la presentación del estudio global.Para tomar dimensión, la punta de la tabla está liderada por Singapur (1°), Estados Unidos (2°) y Japón (3°). Mientras que, al poner el foco en América Latina, el mejor rankeado es Chile en el puesto número 37°, seguido por Perú (50°), Costa Rica (51°), Brasil (54°) y México (55°). En la Argentina, no hay una única razón por la cual el país está tan atrás en la tabla. Algunos de los indicadores que le dan peor y tiran el valor para abajo es la inflación (puesto número 130°), incluso tras la desaceleración que tuvo en los últimos años. También pesa el deflactor de PBI (146°), la formación bruta de capital (126°), el porcentaje de importaciones afectadas por medidas proteccionistas (134°) o la globalización económica (111°), incluso a pesar de la apertura de los últimos tres años.Después de cuatro años, Grimoldi reportó pérdidas en su balance financiero“La política del Gobierno puso el foco en la disciplina fiscal y la Argentina también llevó adelante uno de los mayores ajustes del gasto público del mundo. Sin embargo, con frecuencia se confunde gasto público con inversión pública: en algunos casos, los recortes alcanzan partidas que, antes de ser eliminadas, generaban valor económico y social", advirtió San Martín.La educación, por ejemplo, presenta una paradoja. Aunque la Argentina invierte grandes recursos en la educación superior (puesto 22°), los resultados no se ven reflejados en la calidad educativa. Las pruebas PISA muestran un desempeño modesto (puesto 59°) y esa brecha entre la inversión y el resultado se termina saldando con una “fuga de cerebros” hacia otros países (23°). También hay un desencanto en las nuevas generaciones, al tener en cuenta que el desempleo juvenil es uno de los más altos del mundo (114°).“La cuestión fundamental —y quizá el tema más útil para un debate público— es que, cuando el capital destruye valor, el país pierde futuro. Esto se debe a que es en el ámbito del capital donde una sociedad decide si financia la producción y la innovación o si destina recursos a mantener un equilibrio frágil y la depredación. La Argentina no carece de talento y la competencia dentro de las élites debería limitar el poder y, por lo tanto, permitir que surjan élites capaces de generar valor. Sin embargo, el sistema no logra, por alguna razón, traducir esa energía y ese potencial en inversión, productividad y competencia real", sumó el analista. Para eso, el informe destacó que sería necesario llevar a cabo algunas reformas clave en el país, entre las que se incluye el sistema tributario (la tasa de impuestos para sociedades ocupa el puesto 132°). También menciona la mejora de incentivos para modelos de negocios competitivos y productivos, inversión en infraestructura y una mejora adicional de la calidad educativa. El gráfico de una universidad argentina que muestra el silencioso “proceso de transformación” de la economíaPara San Martín, como la creación de valor institucional no cumple con las expectativas, en la Argentina muchas veces la esperanza colectiva se traslada al fútbol. Se trata de un sentimiento que aparece cada cuatro años, un fervor que vuelve a aparecer ahora, a menos de un mes de que se dé inicio a un nuevo Mundial de Fútbol. “La discusión no pasa por si el país tiene recursos —porque los tiene—, sino por si será capaz de transformar poder en valor antes de que se agote el tiempo. Todos acá sentimos que el tiempo se acaba. Si ese es el desafío, entonces ya no se trata solo de un diagnóstico, sino de un buen momento para repensar la Argentina", cerró.