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Abogados que desprestigian su profesión
Tras la lamentable actuación de la jueza Julieta Makintach que condujo a la nulidad del juicio oral por la muerte de Diego Maradona y a la renuncia de la magistrada en mayo del año pasado, el debate oral en el reiniciado proceso ya cumple tres meses.Siete son los profesionales de la salud acusados de homicidio por negligencia. Pruebas, testimonios y peritajes vuelven a presentarse en los tribunales de San Isidro, con enfrentamientos entre todos los imputados y entre sus abogados.La escandalosa pelea que entablaron Fernando Burlando, abogado de Dalma y Gianinna Maradona, y Francisco Oneto, defensor de Leopoldo Luque, el neurocirujano señalado como uno de los responsables de la muerte del futbolista, obligó recientemente a suspender una audiencia. Fue preciso que intervinieran policías, fiscales y hasta los mismísimos jueces. Ocurrió en ocasión de las nuevas declaraciones de Julio César Soria, uno de los custodios, que confirmó que Maradona estuvo 72 horas sin atención médica pero que sobre otras cuestiones fundamentales simplemente planteó evasivas o adujo “no recordarlas”.Fue entonces cuando el mediático Burlando se dirigió a los jueces para pedirles que le recordaran al testigo las penas con las que se castiga el falso testimonio. Oneto lo interpretó como una intimidación de Burlando al custodio y la discusión escaló en segundos, con gritos, insultos y descalificaciones que obligaron a que los jueces ordenaran un cuarto intermedio. Oneto acusó a Burlando de “irrespetuoso” y lo retó a seguirla fuera de la sala.La discusión continuó con los abogados frente a frente y a punto de irse a las manos, rodeados por los integrantes de sus equipos y periodistas en una explosiva jornada. “Sos un payaso, andá al Bailando. Payaso de m...”, desafió Oneto. Burlando respondió: “Acá estoy, chiquito. Sos un gil. Me invitaste y acá estoy”. El agresivo intercambio prosiguió.El presidente del tribunal, Alberto Gaig, luego de que los separaran, los convocó y mantuvo con ellos una conversación privada. Les comunicó que habían sido apercibidos y que, de repetirse esas conductas, serían expulsados del recinto.Correspondería que los colegios de abogados les impusieran sanciones ejemplificadoras. Dejar pasar estas graves inconductas es seguir atentando contra la dignidad de la profesión. No se debiera permitir que unos pocos irresponsables maleducados mancillen la imagen y el valioso trabajo de tantísimos colegas que se desempeñan a diario con sobriedad y decoro.Los abogados, que deben con su ejemplo defender la solución de los conflictos por las vías legales, ofrecen un espectáculo bochornoso al comportarse de manera violenta, tanto frente a sus clientes como a los jueces y al resto de la sociedad.
Fuente: La Nación